Manuel, diocesano en Hong Kong (Región Administrativa Especial de China): «Algunas prácticas religiosas me sorprendieron. Echo de menos cómo se cuida la liturgia en España»

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Manuel Augusto Alcaide Cabrera es diocesano de Alcalá de Henares. Su carrera profesional -piloto de avión- le ha llevado a volar de un lugar a otro desde que comenzó sus estudios en 1989 en la Academia General del Aire, en San Javier (Murcia). Allí vivió la vida militar y aprendió una destreza que, tras más de 15 años en el Ejército del Aire, desempeñaría en aviones de pasajeros y en aviación ejecutiva. Desde mayo de 2024 vive en Hong Kong, Región Administrativa Especial de China, está casado y tiene tres hijos. De la ciudad destaca su arquitectura y naturaleza; además de las lluvias torrenciales y su clima tropical. Al ser un lugar con influencia anglosajona -fue territorio británico hasta 1997- los coches conducen con el volante en la derecha, hay autobuses de dos pisos y hay un importante número de iglesias protestantes y colegios de esa misma denominación. En «Diocesanos por el Mundo» (DxM), donde conocemos la vida de fe de personas de la Diócesis de Alcalá de Henares que se han trasladado a vivir fuera de España, hemos entrevistado a Manuel. Nos ha hablado de lo que le sorprende de la práctica religiosa en Hong Kong, sobre la evangelización y los santos locales, y acerca de los obstáculos que ha encontrado para una mejor integración. De la Diócesis de Alcalá, ¿de dónde? Nuestra parroquia es Santo Tomás de Villanueva en el barrio de Espartales Norte (Alcalá de Henares). ¿Cómo y cuándo llegaste a Hong Kong? Llegué en mayo de 2024 por una oportunidad laboral. Recién llegado me sorprendió el calor y la humedad, las calles abarrotadas, la arquitectura y geografía (Hong Kong no es solo la isla y Kowloon, hay muchísimo más) las prisas, las diferencias culturales y gastronómicas, pero también la normalidad de la gente. Me sentí uno más en la sociedad hongkonesa donde no extrañan que seas extranjero. Llegué un miércoles y ese mismo fin de semana, John, un supernumerario del Opus Dei, con el que me había puesto contacto un sacerdote amigo, me invitó a una reunión de un grupo de matrimonios, donde pude conocer parejas de distintas nacionalidades. El fin de semana siguiente contacté con un grupo de hombres de Emaús, que aquí es ecuménico y mayoritariamente protestante, y compartimos una de sus reuniones-desayuno. Mi esposa y nuestro hijo menor, que por entonces tenía 16 años, llegaron en agosto de aquel año. ¿Qué es lo mejor de Hong Kong y por qué? Hong Kong es una ciudad muy particular, distribuida en diferentes territorios, con una geografía con montañas, islas, bahías, penínsulas que separan los distintos barrios. Vivimos en la isla de Hong Kong en el lado occidental, en el barrio de Kennedy Town. Es una zona que nos permite acceder a la montaña fácilmente, estando al lado del mar. En nuestra familia valoramos y disfrutamos mucho la naturaleza así que nos sentimos privilegiados por poder disfrutar de esa combinación de ciudad supermoderna y naturaleza impresionante. Desde el piso donde vivimos vemos el mar, varias islas, Kowloon y parte de los nuevos territorios, incluido el pico más alto de Hong Kong. A la vez, estamos muy cerca de zonas de bosque tropical, donde por sendas podemos llegar, por ejemplo, al famoso ‘The Peak’. Podría decir que lo más destacado de Hong Kong son sus contrastes sociales, culturales y geográficos que la hacen un crisol de culturas y un lugar de paisajes urbanos y naturales como pocos; pero lo mejor ha sido el conocer aquí magníficas personas que nos han acogido y acompañado en nuestra adaptación y en nuestro camino de fe: amigos, consagradas, sacerdotes, miembros del Opus Dei, etc. ¿Cómo ha sido tu vida de fe en la Diócesis de Alcalá? Pese a ser un católico practicante desde bien pequeño, mi vida parroquial nunca fue muy intensa, quizás por haber vivido en diferentes lugares (mi padre era militar y nos movimos bastante). Hice la primera Comunión en el colegio, la Confirmación en la Academia General del Aire y nos casamos en la parroquia castrense de Santiago de la Ribera. Marina mi esposa (también hija de militar) vivió algo parecido. Mi acercamiento a la vida en la parroquia se produjo tras la pandemia, cuando después de un retiro de Emaús me sentí llamado a implicarme. A ese retiro le siguieron otros en los que pude participar, colaborando también en otros ministerios como servidor de la Palabra, uniéndome al coro y en distintas formaciones en doctrina social de la Iglesia y en el incipiente entonces, ahora ya en funcionamiento, grupo de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) de Alcalá. Sigo en contacto con la parroquia a través de los diferentes grupos, sobre todo el de Emaús hombres y la AcdP, y con nuestro querido párroco David Calahorra. ¿Cómo ves la fe católica en Hong Kong? ¿Has podido conocer la vida de algún santo local o visitar algún santuario? Recién llegado a Hong Kong, algunas prácticas religiosas me sorprendieron. La que más, la intinción de los fieles. Fue en la catedral donde lo vi por primera vez. Lo explico. En la Comunión, los fieles reciben la sagrada forma en la mano y luego se desplazan donde está otro ministro de la Comunión con el cáliz y la sumergen ellos mismos y luego la comulgan. Aparte de esto, que se supone no está permitido (recuerdo que pregunté, entre otros, por mi sorpresa, a nuestro párroco David) en general la liturgia tiene algunas diferencias respecto a otros lugares del mundo. Esta práctica no se hace en Santa Teresa ni en las iglesias a las que habitualmente vamos en Hong Kong. He de decir que echo de menos cómo se cuida la liturgia en España. Respecto a la fe, que creo que no es fácilmente medible, lo que observo es que las iglesias están llenas, pero la población es mucho mayor (7,5 millones en poco menos de la séptima parte de la superficie de Madrid ciudad, y en Hong Kong hay mucha montaña y zonas no habitadas…). En cuanto a visitas

Marysol, diocesana en Carolina del Norte (EEUU): «La fe católica en la ciudad donde estamos es fuerte, más de lo que me imaginaba. En todos los horarios siempre está el templo lleno»

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Marysol Montoya llegó con su familia a Charlotte, Carolina del Norte (Estados Unidos) hace menos de un año. Tras unos años acudiendo asiduamente a la parroquia de San Vicente Mártir, en Paracuellos de Jarama, municipio situado en la Diócesis de Alcalá de Henares, le surgió una oportunidad laboral en Perú y a allí se mudó con su esposo e hijos. Años después regresaron a España y ahora han emprendido rumbo de nuevo a América. En nuestra serie «Diocesanos por el Mundo» (DxM) le hemos hecho una entrevista para conocer su vida de fe en estos primeros meses al otro lado del océano Atlántico. Marysol es ingeniero de informática y tiene un MBA. Ha trabajado siempre en tecnología en el desarrollo de negocio y operaciones. Estos últimos años ha realizado programas o cursos de actualización para poder estar a la vanguardia de las tecnologías. Actualmente está estudiando y aprovecho para pasar más tiempo con su familia. Recuerda que al llegar a Charlotte, lo primero que hizo con su familia fue buscar una parroquia para poder asistir a la Eucaristía del domingo en la ciudad. No conocían a nadie en esa ciudad pero destaca que «siempre con fe, que todos los caminos que se presentan son por algo, solo confiamos en Dios y lo que tiene preparado para mí y mi familia». De la Diócesis de Alcalá, ¿de dónde? Mi familia y yo siempre hemos participado en la parroquia de Paracuellos de Jarama, no solo en las Misas sino también en grupos de parejas y luego en el programa Alpha para parejas, mientras mis hijos participaban en el grupo de jóvenes y luego en el Alpha de Jóvenes. ¿Cuándo llegaste Charlotte, en Carolina del Norte? Llegamos el 23 de octubre del 2025. Meses atrás, antes de nuestra llegada a USA, nos habíamos propuesto encaminar los estudios de mis hijos que este enero cumplieron 18 y 20 años, y por los designios de Dios se presentó una oportunidad para trasladarnos a USA y las cosas se dieron tan rápido que, después del verano, nos citaron en la embajada en septiembre y la visa se otorgó de manera inmediata y por eso tuvimos que planificar todo muy rápido para viajar al mes siguiente, en octubre. ¿Qué es lo mejor de Charlotte? Es una ciudad silenciosa, el centro no es muy grande y existen muchas zonas “bosqueadas”. ¿Cómo ha sido tu vida de fe en la Diócesis de Alcalá? Llegué a Paracuellos de Jarama hace 19 años, cuando mi primer hijo tenía un año recién cumplido. Los primeros años participábamos de la Misa de la parroquia San Vicente Mártir ubicada en la plaza central. Luego, pasado un año, nació mi segundo hijo y siempre asistíamos a la Misa y en las procesiones mi esposo estaba al tanto por si necesitaban de su apoyo y en alguna ocasión ayudó a cargar la imagen de la procesión. Cuando mis hijos estaban por cumplir 6 y 4 años tuvimos que cambiar de residencia porque recibí una propuesta laboral para mí, así que lo hablamos y decidimos irnos, inicialmente fueron para tres años, pero al final se prolongó a casi nueve años. En ese periodo, tuvimos la oportunidad de incorporamos a la comunidad parroquial La Virgen Milagrosa en Miraflores (Lima, Perú), cerca donde vivía. Mis hijos eran monaguillos y yo fui coordinadora de la Pastoral de Comunicaciones, una experiencia maravillosa que guardo recuerdos con mucho cariño. También colaborábamos en un programa para padres de familia que tenían a sus hijos en la catequesis, preparándose para el bautizo y la primera Comunión, en la parroquia San Juan Bautista en San Juan de Miraflores, nos quedaba más lejos de donde vivíamos, pero era muy enriquecedor apoyar como parte del equipo con muy buenos amigos y una maravillosa comunidad que guardo los mejores recuerdos con tanto cariño. Luego de casi nueve años llegó el momento de retornar a casa, pero nos sorprendió la pandemia, eso atrasó el retorno y finalmente logramos regresar a casa. Al llegar nuevamente a Paracuellos de Jarama, nos sorprendió el crecimiento que había tenido la comunidad, existían varios grupos como el grupo de parejas, grupo de jóvenes, y otros, Volvimos a ver a las personas con las que coincidíamos en las Misas, también vimos muchas personas nuevas y al padre Víctor que continuaba en la parroquia y había también otro sacerdote joven, el padre Nacho, quién fue muy importante porque nos incorporó a los grupos de la comunidad parroquial, a mi hijo mayor que tenía 15 años le invitó a participar al grupo de jóvenes y nosotros al grupo de parejas. Cuando mi hijo se confirmó también se incorporó mi otro hijo al grupo de jóvenes para prepararse para el sacramento de la Confirmación. Luego de tres años se lanzó las primeas cenas de Alpha parejas del que participamos y luego formamos parte del equipo. ¿Cómo ves la fe católica en Estados Unidos? La fe católica en la ciudad donde estamos es fuerte, más de lo que me imaginaba, el templo siempre está muy lleno, y es bonito ver que van familias completas, ya sean parejas jóvenes con hijos pequeños o parejas de la tercera edad, matrimonios con hijos jóvenes, es decir de todas las edades y en todos los horarios siempre está el templo lleno. ¿Se puede evangelizar en este país o es muy difícil? Sí se puede evangelizar. Hay muchos feligreses que asisten a las Misas y actualmente existen grupos en las parroquias que tienen muchos participantes y opciones para integrar nuevas personas. Desde que llegaste a Estados Unidos, ¿qué evolución has visto en la vida de fe de los estadounidenses?  Como tenemos poco tiempo, no puedo saber la evolución de la fe, pero sí puedo decir que desde el momento que llegamos he visto en USA que hay muchos católicos con una vida de fe grande, hay hasta cinco horarios de Misa los domingos y en todos los horarios siempre están bastante llenos. He visto que cuentan con diversos grupos para el crecimiento espiritual

José, diocesano en Tennessee (EEUU): «Aquí hay anglicanos, bautistas, luteranos… La gente que es católica es porque quiere serlo y está bastante comprometida con su fe»

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José Cortés, feligrés de la parroquia de Nuestra Señora de Zulema, en Villalbilla, fue batería del grupo de música La Voz del Desierto. En un concierto en Dallas, Texas (Estados Unidos) en noviembre de 2015 conoció a Teresa, con quien se casó años después durante la pandemia y el confinamiento. En ‘Diocesanos por el Mundo‘ (DxM), donde conocemos la vida de fe de personas de la Diócesis de Alcalá de Henares que ahora residen fuera de España, hemos podido conversar con José. Actualmente reside con su familia en Kingsport, Tennessee (Estados Unidos), lugar que considera muy tranquilo. Allí trabaja como químico de procesos en una empresa química; su trabajo consiste en apoyar la química en varios procesos de producción, a la vez que sirve como punto de conexión entre ingenieros y químicos analíticos. José y su familia viven su fe en Saint Dominic, la única parroquia católica en Kingsport, una ciudad de 60.000 habitantes donde hay iglesias anglicanas, bautistas, metodistas, luteranas…. En la entrevista nos ha hablado sobre cómo le costó adaptarse a la metodología del sacramento de la Penitencia en EEUU, cómo la hora de la siesta de sus hijos es incompatible con la Misa en español o lo que echa de menos de España. De la Diócesis de Alcalá, ¿de dónde? De la parroquia Nuestra Señora de Zulema. ¿Cómo llegaste a Kingsport? Vine a Estados Unidos en 2018 y estudié un doctorado en Química Orgánica en Dallas, Texas. De ahí me gradué en 2023, una empresa química me contrató al acabar mi doctorado y me vine a Kingsport (Tennessee) donde resido desde entonces. ¿Qué es lo mejor de la ciudad en la que vives actualmente? Kingsport es una ciudad más tranquila que Dallas, donde hay mucha acogida a las familias con niños. Mi mujer y yo nos sentimos muy acogidos y llevamos una vida muy tranquila al aire libre, rodeados de vacas y montañas. ¿Cómo ha sido tu vida de fe en la Diócesis de Alcalá? Mi vida de fe ha sido, como igual que otros muchos, un camino con sus curvas, bajadas y subidas. Empecé desde muy pequeño con la música en la Renovación Carismática y con eventos de la diócesis. Esto me ayudó a agarrarme a la diócesis, pero tuve mis luchas y mi descubrimiento de una fe personal y un Dios que me amaba a mí de forma personal. Continuar en la música en La Voz del Desierto me ayudó mucho a continuar agarrado a la fe, mientras redescubría a este Dios que me amaba como yo era. ¿Cómo ves la fe católica en Estados Unidos? Aquí hay anglicanos, bautistas, luteranos, y algunos que son cristianos pero sin denominación. La gente que es católica es porque quiere ser católica y por lo normal están bastante comprometidos con su fe católica. Ves un compromiso en la gente católica en venir a Misa, participar de los eventos de la parroquia, dar el diezmo, etc. ¿Se puede evangelizar en ese país o es muy difícil? Sí se puede. La gente por lo general tiene una raíz cristiana (no católica). Yo en el trabajo puedo hablar de Dios y nadie se sorprende o pone malas caras. La mayoría de la gente americana, por lo general, tiene creencia cristiana. Así que creer en Dios es bastante normal. Aunque lógicamente, el pensamiento liberar de que Dios no existe o no lo necesitamos se está extendiendo en todas partes, incluido Estados Unidos. Pero Kingsport es una ciudad pequeña y conservadora donde el pensamiento cristiano está muy presente. Desde que llegaste a Estados Unidos, ¿qué evolución has visto en la vida de fe de los estadounidenses? La fe, como en todas partes, se está convirtiendo en una lucha. Ya no vale con ‘mi abuela me llevaba a Misa y por eso vengo’. Hace falta experimentar la fe de forma personal. Y eso es lo que veo en Estados Unidos, gente que experimenta la fe personal y vuelve a la fe muy comprometidos, incluso siendo mayores. Aquí hay muchos que vienen a la fe católica desde otras denominaciones. Algo que destaco son los estudios de Biblia, yo me reúno con otros padres (hombres) una vez cada dos semanas y compartimos la fe. ¿Qué diferencias ves entre tu parroquia de Zulema y la parroquia de Saint Dominic? Hay menos adolescentes, pero hay más familias jóvenes con niños pequeños. Eso yo lo veo con los adolescentes; se van de la Iglesia pero cuando vuelven, vuelven más mayores pero comprometidos con la fe. Y los que vienen ya es raro que se vayan. ¿Vas a Misa en español o en inglés?  Voy a Misa en inglés. Misa en español en mi parroquia solo hay una y es justo a la hora de la siesta de los niños. Asique vamos más temprano en inglés. La vida en parroquia es con gente local que habla inglés. Aquí hay muy poquitos hispanos. ¿Qué destacas de la parroquia de Saint Dominic? Me gusta mucho la acogida. Ellos intentan acogerte para que te quedes en esa parroquia. Así que te intentan recibir bien. Algo que me llama la atención -y sucede en todas las parroquias católicas de Estados Unidos- es que la confesión tiene horarios y días. Y tienes que ir a esos horarios. Es muy difícil que un sacerdote te confiese si te sales de estos horarios. Me costó mucho adaptarme a eso, ya que en Alcalá de Henares estaba acostumbrado a encontrar confesión cada vez que había una parroquia abierta. ¿Podrías hablar de algún detalle concreto de la liturgia de la Misa en Kingsport? La liturgia es muy parecida pero no igual. La gente se arrodilla desde la transustanciación hasta el Padre Nuestro. En muchas parroquias de la Diócesis de Alcalá, la música tiene una importancia significativa en los momentos de adoración y oración. ¿Sucede lo mismo en la parroquia a la que vas actualmente?  Aquí también la música es importante, en eso no hay diferencia. Aquí también se cantan canciones protestantes, eso es común. Y, además de la

Virginia, diocesana en Florida (Estados Unidos): «Aquí nadie oculta sus creencias, no se sienten ‘avergonzados’ por decir que van a Misa»

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Virginia Domínguez reside desde 2021 en Weston, Florida, (Estados Unidos) con su esposo y sus tres hijas. Diocesana de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada (Algete), en España trabajaba gestionando el marketing y la comunicación de una agencia inmobiliaria, en la que además se encargaba de la parte de la administración en la gestión de contratos y alquileres. En aquel tiempo en la agencia desarrolló la nueva imagen de marca y coordinó la creación y gestión de redes sociales, eventos, promociones y publicidad. En nuestra serie de entrevistas «Diocesanos por el Mundo» (DxM) conversamos con personas de la Diócesis de Alcalá de Henares que actualmente viven fuera de España. Actualmente, Virginia ayuda a mujeres en su reinvención laboral a través de formaciones online mientras desarrolla su propio proyecto de organización de documentación digital para pequeñas y medianas empresas, con el propósito de ayudar a estructurar sus procesos y crear sistemas claros para que el equipo trabaje con eficiencia. Vive su fe en una parroquia que tiene cerca de casa y que se llama St. Bonaventure Catholic Parish. Nos ha hablado sobre las diferencias que hay entre acudir a una Misa en español o hacerlo en inglés, acerca de cómo comparte vida con otras familias latinas o en relación al respeto que hay a las religiones en Estados Unidos. De la Diócesis de Alcalá, ¿de dónde? De la parroquia de Santo Domingo de la Calzada, en Algete. ¿Cómo llegaste a Estados Unidos? A Weston (Florida), ciudad donde resido actualmente, llegué en junio del 2021. Decidimos mudarnos por una oportunidad laboral de mi esposo dentro de su empresa y para dar una experiencia a mis hijas de vivir en el extranjero. ¿Qué es lo mejor de Weston y por qué? La naturaleza que tiene, la seguridad -que es muy importante para mí en un país extranjero- y lo sencillo que es vivir en ella. No necesitas bajar a grandes ciudades como Miami pues tienes todo lo que necesitas aquí. ¿Cómo ha sido tu vida de fe en la Diócesis de Alcalá? Mi vida en la diócesis y en la parroquia está unida a mi vida espiritual y como cristiana. Toda mi vida ha estado vinculada a la parroquia de Santo Domingo de la Calzada. Me casé ahí hace 27 años, mis hijas han sido bautizadas y han recibido allí la Comunión, ahora mi papá descansa en los columbarios de la parroquia. Para mí es mi hogar. He estado unida por mis hijas al grupo de scouts de la parroquia también y he colaborado en organización de algún evento para crear mayor comunidad gracias al Padre José María. ¿Cómo ves la fe católica en Estados Unidos? La zona donde nosotros vivimos hay mucha gente latina con una creencia muy fuerte. Tenemos un grupo de la Virgen Peregrina de Schoenstatt y una vez al mes recibimos a la Virgen en nuestra casa. Tengo pendiente visitar un santuario que tiene, pero no he ido todavía. Creo que aquí en Estados Unidos las religiones se respetan mucho y nadie oculta sus creencias, lo que me gusta pues no se sienten ‘avergonzados’ por decir que van a Misa, llevar la cruz de la ceniza por la calle o hablar de su comunidad cristiana o Iglesia. Y a su vez se respeta mucho. ¿Se puede evangelizar en este país o es muy difícil? Creo que no es difícil. Desde que llegaste a Estados Unidos, ¿qué evolución has visto en la vida de fe de los estadounidenses? Como he dicho antes, lo que más destacaría es que se habla con orgullo y sin esconderlo de tus creencias y tu religión. Y el respeto de las personas hacia ello. ¿Qué diferencias ves entre la parroquia de Santo Domingo y la parroquia de St. Bonaventure? La mayor diferencia que veo y supongo que es porque no me he llegado a involucrar tanto en la nueva parroquia, es la sensación de comunidad. En Santo Domingo sientes que eres parte de una familia, que eres comunidad y aquí reconozco que no he llegado a sentirlo de la misma manera. ¿Vas a Misa en español o en inglés? Me gusta ir a Misa en inglés, porque la Misa en español es muy diferente a la Misa que yo estoy acostumbrada, no solo porque es mucho más larga, sino porque es más una sensación de fiesta que de recogimiento. A mi me gusta ir a Misa para sentir esa cercanía con Dios y en el caso de la Misa en español aquí no tengo esa sensación. Aunque aquí se celebran dentro de la misma parroquia Misa en los dos idiomas, pues ambos son idiomas oficiales (español e inglés). La mayoría de mis amigos latinos son católicos y compartimos tradiciones de diferentes culturas. Por ejemplo, las novenas colombianas que se celebran antes de la Navidad; Acción de Gracias, de la cultura americana; las Posadas Mexicanas; la celebración de Reyes con el roscón, por nuestra parte de España; o la Virgen Peregrina, que somos un grupo de familias latinas. ¿Qué destacas de la parroquia de St. Bonaventure? Podría destacar lo diferente que se vive la fe entre la gente latina y la gente americana. En una Misa latina, siempre hay cantos con orquesta, ritmo de salsa… sin embargo, en la Misa en inglés los cantos son más solemnes, más de solista y piano. Es muy diferente dentro de la misma parroquia la celebración de una Misa en un idioma y otro. En muchas parroquias de la Diócesis de Alcalá, la música tiene una importancia significativa en los momentos de adoración y oración. ¿Sucede lo mismo en St. Bonaventure? Aquí la música está muy presente en todas las Misas. Siempre hay un coro, una orquesta o alguien que acompaña con algún instrumento. La música siempre es en directo. Sea la Misa en español o en inglés, cada uno es su estilo, pero siempre es música en directo. El mejor lugar para rezar en Weston es… A mí me gusta a tener esos momentos de recogimiento

Gonzalo, diocesano en Basilea: «No me di cuenta de lo especial que era mi parroquia hasta que me fui a Suiza»

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Gonzalo Martínez Azpitarte tiene 23 años y desde los 18 vive en Basilea, una ciudad suiza situada en la frontera entre Suiza, Francia y Alemania. La adaptación a esta ciudad, principalmente protestante, que en palabras de Gonzalo “está llena de vida”, fue relativamente fácil porque estaba familiarizado con la cultura: tiene una abuela suiza y el alemán es casi una segunda lengua materna para él, ya que pasó cinco años en Berlín. En Basilea estudió un Bachelor en Farmacia en la Universität Basel y a continuación hizo el Máster en Drug Sciences, orientado a la industria farmacéutica y la investigación. Actualmente, Gonzalo se encuentra realizando el servicio militar en Suiza, donde este es obligatorio. En nuestra serie de entrevistas «Diocesanos por el Mundo» (DxM), donde conocemos la vida de fe de personas de la Diócesis de Alcalá de Henares que viven fuera de España, hemos podido conversar con Gonzalo. Nos ha hablado sobre lo especial que ha sido y sigue siendo su parroquia de Santo Domingo de la Calzada en Algete, lo que echa de menos y su actual vida de fe en un país cuya tradición cristiana se está «diluyendo». De la Diócesis de Alcalá, ¿de dónde? Soy de la parroquia de Santo Domingo de la Calzada (Algete). ¿Cómo llegaste a Basilea? Llegué a Basilea con 18 años para empezar a estudiar Farmacia en la Universität Basel. Vine porque tenía la opción de formarme aquí y, además, por mi vínculo familiar y cultural con Suiza. Tengo la nacionalidad y una parte de mi familia es suiza. ¿Qué es lo mejor de esta ciudad suiza? Para mí, lo mejor de Basilea es la combinación entre su tamaño y lo mucho que ofrece. Al vivir en la ciudad, puedo llegar en bici a casi cualquier sitio muy rápido, y, aun así, hay muchísimos planes: museos, vida cultural, bares y restaurantes. Además, por tener universidad, es una ciudad muy “universitaria”, con mucha gente joven. Vista de la Catedral de Santa María de Basile – Fuente: Pexels ¿Cómo ha sido tu vida de fe en la Diócesis de Alcalá? Mi vida de fe en la parroquia de Santo Domingo de la Calzada ha sido verdaderamente especial. Me cuesta poner en palabras la suerte que he tenido, especialmente en los últimos tres años, en los que mi fe ha crecido muchísimo gracias a la parroquia. Desde la época del COVID, mi padre empezó a implicarse más en la vida parroquial y, al final, nos fue “arrastrando” a todos. Empecé a conocer más a los sacerdotes, don José María y el padre Robert. Para mí han sido figuras muy importantes, tanto en mi vida personal como, sobre todo, en el camino de fe. En España siempre me resultó fácil ir a Misa desde pequeño: iba con mi familia y, además, muchos amigos de Santo Domingo también iban, y me hacía ilusión verlos después. Sin embargo, desde que me mudé a Suiza me he dado cuenta del auténtico tesoro que es esta parroquia. No solo por los sacerdotes y sus homilías, sino por el enorme esfuerzo que han hecho por construir una comunidad viva: scouts, oración de misericordia, el viaje a Roma por el Año Jubilar, los programas Alpha o el evento “Llamados” que organizaron en enero. Todo ese trabajo se nota en la comunidad y en el ambiente de la parroquia. ¿Cómo ves la fe católica en Suiza? La fe aquí en Suiza es muy diferente. Aunque el país tiene tradición cristiana, en la práctica es muy laico, especialmente entre los jóvenes. En Misa, lo normal para mí es ser la única persona joven. La mayoría suelen ser matrimonios mayores de 60 años, con alguna excepción de dos o tres familias con niños pequeños. Además, en general echo de menos vida de comunidad: los eventos suelen ser comidas puntuales entre semana, a las que acuden principalmente jubilados. Los sacerdotes son con frecuencia extranjeros, algo que entiendo porque hay una gran falta de sacerdotes. En ocasiones, además, les cuesta el idioma y eso hace que las homilías, en mi experiencia, se sigan con más dificultad, a veces se leen de un papel y cuesta sentirse interpelado, porque el tono suele estar pensado para un público mayor. Un lugar de devoción que recomendaría sin duda es el monasterio de Einsiedeln, un monasterio benedictino en el corazón de Suiza con una Virgen Negra muy conocida. Es un sitio de peregrinación muy importante aquí al que yo, personalmente, todavía tengo pendiente ir. ¿Se puede evangelizar en Suiza o es muy difícil? Creo que no solo se puede evangelizar, sino que es muy necesario. Es un país con tradición cristiana, pero esa tradición se ha ido “diluyendo” mucho entre la gente joven. Esto contrasta con lo que veo en España, donde a mí me da la sensación de que en las iglesias hay bastante más gente joven. Y, si en España se puede, ¿por qué aquí no? Gonzalo a orillas del río Rin en Basilea Desde que llegaste a Suiza, ¿qué evolución has visto en la vida de fe de los suizos? ¿Qué cualidad destacarías? En mi experiencia personal, sobre todo por mi entorno de jóvenes, lo más llamativo es la falta de práctica. Mucha gente fue bautizada, pero ni practica ni cree. Lo he visto de forma muy clara durante el servicio militar: convivo con muchísimos jóvenes de todos los rincones de Suiza y, si preguntas, la mayoría fue bautizada, pero no vive la fe. El último Miércoles de Ceniza fui el único de mi compañía en ir a Misa. Incluso para algo tan sencillo como no comer carne los viernes, tuve que rellenar formularios y estar insistiendo para que no se olvidaran de prepararme un menú vegetariano. En cambio, compañeros musulmanes pueden registrar desde el primer día ciertas necesidades alimentarias de forma muy directa. Me parece muy bien que se facilite el ejercicio de la fe a distintas religiones; lo que me llama la atención es el contraste con la poca “normalidad” con la que se vive,

María, diocesana en Países Bajos: «Echo de menos a tantos sacerdotes estupendos que tenemos en la Diócesis de Alcalá»

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María García había sido, desde los ocho años, una activa feligresa de la parroquia de Santiago Apóstol, de Alcalá de Henares, pero en 2017 tuvo que trasladarse a Rotterdam (Países Bajos) junto a un pequeño equipo del estudio de arquitectura para el que trabaja. Actualmente tiene 35 años, está casada con Rahul desde hace dos, y tienen un hijo llamado Daniel. Estudió Arquitectura en Madrid; al terminar la carrera tuvo la suerte de comenzar en la empresa para la que sigue trabajando y en la que siempre han dado importancia al trato humano. Al llegar a Países Bajos, María se sintió impresionada por la convivencia entre católicos y protestantes. Encontró un lugar en el que las iglesias estaban casi siempre cerradas, salvo el domingo y, como las celebraciones eran en neerlandés, no entendía nada. Fue un pastor protestante, al darse cuenta de que María era española, el que le indicó la dirección de una parroquia católica hispanohablante que se convirtió en su primera comunidad de fe en Rotterdam. En nuestra serie de entrevistas «Diocesanos por el Mundo» (DxM), donde conocemos la vida de fe de personas de la diócesis de Alcalá de Henares que se han trasladado a vivir fuera de España, hemos podido conversar con María. Nos ha hablado de lo que echa de menos de la Iglesia en Alcalá, de la vida en Países Bajos y cómo son allí las comunidades parroquiales. También nos ha contado  cómo gracias a un té que ofrecía su parroquia en Rotterdam después de la Misa conoció a su esposo Rahul. María, de la Diócesis de Alcalá, ¿de dónde? Pertenezco a la parroquia Santiago Apóstol, de Alcalá. ¿Cómo llegaste a Rotterdam? Llegué a Rotterdam en otoño de 2017 debido a mi trabajo. Al principio fue un desplazamiento temporal por unos meses, porque el estudio español para el que trabajaba fue invitado a participar en un concurso internacional junto a una oficina holandesa. Luego resultó que ganamos el concurso y hubo que volver para desarrollar el proyecto. Me ofrecieron entonces alargar un par de años. Durante ese tiempo conocí al que es ahora mi marido, Rahul, que estaba aquí estudiando un Máster, y desde entonces ¡aquí seguimos! ¿Qué es lo mejor de Rotterdam y por qué? Me encanta la facilidad para moverse en bici. También la ciudad, aunque tenga tráfico y asfalto, es súper verde y de algún modo amable con el peatón. Los meses que no son de invierno son los mejores, claro. Las plantas crecen fácilmente en cualquier esquina, los vecinos se sientan en la puerta de sus casas a charlar, los niños aún pintan en la acera y juegan en la calle… En general tienes la sensación de que no hay tantas reglas y prohibiciones. La gente usa el sentido común. ¿A qué te dedicas actualmente? Sigo trabajando en la misma empresa española con la que vine. Pertenezco a un pequeño equipo ‘desplazado’ que trabaja en la oficina de nuestros colegas holandeses. Me gusta porque me permite mantener lazos con España, a la vez que participo del modo de trabajar holandés. Por ejemplo, una cosa muy buena es que aquí el cuidado de la familia está mejor integrado en la vida profesional. Es muy común trabajar cuatro días a la semana y dedicar otro a tu familia u otra ocupación personal. Tanto el padre como la madre. Esto hace que en un ambiente semejante al que me movería en España (de edad, situación económica similar…) las familias tienden a ser más grandes aquí. Dos o tres hijos es lo normal. No tienes la sensación de que la gente haga menos ‘carrera’ profesional porque pida una reducción de jornada; ni de que tengan que dar las gracias a nadie. Cuidar de tus hijos es parte importante de tu servicio a la sociedad y se facilita. ¿A qué parroquia acudes en Rotterdam? Participamos por lo general de la Comunidad internacional de Rotterdam. Las parroquias aquí se organizan un poco diferente a lo que estamos acostumbrados en España debido a la falta de sacerdotes y de fieles. La nuestra se llama ‘Santa Catalina de Alejandría’, y comprende cuatro localizaciones en diferentes ciudades de la diócesis. Es una capellanía que ha creado nuestro obispo (Mons. Johannes) para atender las necesidades de una comunidad internacional creciente. En un principio estaba destinada a los estudiantes, pero desde hace dos o tres años se ven muchas más familias que incluso se han ido formando dentro de la misma comunidad. Somos muchos los inmigrantes que hemos venido a trabajar y nos quedamos durante un tiempo más o menos largo. Las celebraciones son en inglés, y estamos fenomenal atendidos por nuestros capellanes, que pertenecen a la Orden de los Dominicos que viven aquí en Rotterdam. La verdad es que el cambio hacia una comunidad más madura se está notando para bien. Algo que echo de menos de la vida de Iglesia en Alcalá es el contacto con gente de todas las edades y situaciones. Las familias, la gente mayor… aportan una base muy estable y necesaria a una parroquia. Luego los jóvenes son importantes porque tienen más tiempo libre y ‘energía’ para hacer cosas. Además, sigo en contacto con la parroquia hispanohablante Sagrada Familia, de la que os hablé al principio. También en Rotterdam; la considero como mi primera ‘casa’ y he tenido el gusto de ayudarles con la catequesis de Primera Comunión para niños durante bastante tiempo. Incluso hemos hecho un libro adaptado a los dos idiomas; español y holandés, para que pudiesen usarlo durante las clases. El Padre Theo, que es el párroco, hace un trabajo estupendo e incansable y, como anécdota aprendió español porque estuvo de misionero con los jesuitas en Entrevías, allá por los años 50. ¿Cómo ha sido tu vida de fe en la Diócesis de Alcalá? ¿Has hecho vida en la parroquia en particular y en la diócesis en general? ¿Cómo ha sido esa vida? Nos mudamos a Alcalá en 1998. Entonces empecé 3º de primaria en el colegio Santa María de la Providencia.