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María, diocesana en Países Bajos: «Echo de menos a tantos sacerdotes estupendos que tenemos en la Diócesis de Alcalá»

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María García había sido, desde los ocho años, una activa feligresa de la parroquia de Santiago Apóstol, de Alcalá de Henares, pero en 2017 tuvo que trasladarse a Rotterdam (Países Bajos) junto a un pequeño equipo del estudio de arquitectura para el que trabaja. Actualmente tiene 35 años, está casada con Rahul desde hace dos, y tienen un hijo llamado Daniel. Estudió Arquitectura en Madrid; al terminar la carrera tuvo la suerte de comenzar en la empresa para la que sigue trabajando y en la que siempre han dado importancia al trato humano.

Al llegar a Países Bajos, María se sintió impresionada por la convivencia entre católicos y protestantes. Encontró un lugar en el que las iglesias estaban casi siempre cerradas, salvo el domingo y, como las celebraciones eran en neerlandés, no entendía nada. Fue un pastor protestante, al darse cuenta de que María era española, el que le indicó la dirección de una parroquia católica hispanohablante que se convirtió en su primera comunidad de fe en Rotterdam.

En nuestra serie de entrevistas «Diocesanos por el Mundo» (DxM), donde conocemos la vida de fe de personas de la diócesis de Alcalá de Henares que se han trasladado a vivir fuera de España, hemos podido conversar con María. Nos ha hablado de lo que echa de menos de la Iglesia en Alcalá, de la vida en Países Bajos y cómo son allí las comunidades parroquiales. También nos ha contado  cómo gracias a un té que ofrecía su parroquia en Rotterdam después de la Misa conoció a su esposo Rahul.

María, de la Diócesis de Alcalá, ¿de dónde?

Pertenezco a la parroquia Santiago Apóstol, de Alcalá.

¿Cómo llegaste a Rotterdam?

Llegué a Rotterdam en otoño de 2017 debido a mi trabajo. Al principio fue un desplazamiento temporal por unos meses, porque el estudio español para el que trabajaba fue invitado a participar en un concurso internacional junto a una oficina holandesa. Luego resultó que ganamos el concurso y hubo que volver para desarrollar el proyecto. Me ofrecieron entonces alargar un par de años. Durante ese tiempo conocí al que es ahora mi marido, Rahul, que estaba aquí estudiando un Máster, y desde entonces ¡aquí seguimos!

¿Qué es lo mejor de Rotterdam y por qué?

Me encanta la facilidad para moverse en bici. También la ciudad, aunque tenga tráfico y asfalto, es súper verde y de algún modo amable con el peatón. Los meses que no son de invierno son los mejores, claro. Las plantas crecen fácilmente en cualquier esquina, los vecinos se sientan en la puerta de sus casas a charlar, los niños aún pintan en la acera y juegan en la calle… En general tienes la sensación de que no hay tantas reglas y prohibiciones. La gente usa el sentido común.

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¿A qué te dedicas actualmente?

Sigo trabajando en la misma empresa española con la que vine. Pertenezco a un pequeño equipo ‘desplazado’ que trabaja en la oficina de nuestros colegas holandeses. Me gusta porque me permite mantener lazos con España, a la vez que participo del modo de trabajar holandés.

Por ejemplo, una cosa muy buena es que aquí el cuidado de la familia está mejor integrado en la vida profesional. Es muy común trabajar cuatro días a la semana y dedicar otro a tu familia u otra ocupación personal. Tanto el padre como la madre.

Esto hace que en un ambiente semejante al que me movería en España (de edad, situación económica similar…) las familias tienden a ser más grandes aquí. Dos o tres hijos es lo normal. No tienes la sensación de que la gente haga menos ‘carrera’ profesional porque pida una reducción de jornada; ni de que tengan que dar las gracias a nadie. Cuidar de tus hijos es parte importante de tu servicio a la sociedad y se facilita.

¿A qué parroquia acudes en Rotterdam?

Participamos por lo general de la Comunidad internacional de Rotterdam. Las parroquias aquí se organizan un poco diferente a lo que estamos acostumbrados en España debido a la falta de sacerdotes y de fieles. La nuestra se llama ‘Santa Catalina de Alejandría’, y comprende cuatro localizaciones en diferentes ciudades de la diócesis. Es una capellanía que ha creado nuestro obispo (Mons. Johannes) para atender las necesidades de una comunidad internacional creciente. En un principio estaba destinada a los estudiantes, pero desde hace dos o tres años se ven muchas más familias que incluso se han ido formando dentro de la misma comunidad. Somos muchos los inmigrantes que hemos venido a trabajar y nos quedamos durante un tiempo más o menos largo. Las celebraciones son en inglés, y estamos fenomenal atendidos por nuestros capellanes, que pertenecen a la Orden de los Dominicos que viven aquí en Rotterdam.

La verdad es que el cambio hacia una comunidad más madura se está notando para bien. Algo que echo de menos de la vida de Iglesia en Alcalá es el contacto con gente de todas las edades y situaciones. Las familias, la gente mayor… aportan una base muy estable y necesaria a una parroquia. Luego los jóvenes son importantes porque tienen más tiempo libre y ‘energía’ para hacer cosas.

Además, sigo en contacto con la parroquia hispanohablante Sagrada Familia, de la que os hablé al principio. También en Rotterdam; la considero como mi primera ‘casa’ y he tenido el gusto de ayudarles con la catequesis de Primera Comunión para niños durante bastante tiempo. Incluso hemos hecho un libro adaptado a los dos idiomas; español y holandés, para que pudiesen usarlo durante las clases. El Padre Theo, que es el párroco, hace un trabajo estupendo e incansable y, como anécdota aprendió español porque estuvo de misionero con los jesuitas en Entrevías, allá por los años 50.

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¿Cómo ha sido tu vida de fe en la Diócesis de Alcalá? ¿Has hecho vida en la parroquia en particular y en la diócesis en general? ¿Cómo ha sido esa vida?

Nos mudamos a Alcalá en 1998. Entonces empecé 3º de primaria en el colegio Santa María de la Providencia. Santiago Apóstol era la parroquia de nuestro barrio, a la que mis padres me apuntaron para recibir catequesis de Primera Comunión. Soy la mayor de mis cinco hermanos, con lo cual después de mí fueron llegando el resto. Finalmente, mis padres fueron también invitados a participar en una representación de la Pasión. ¡Seguro que os acordaréis de ellas! Fue el empuje que necesitaban para integrarse un poco más a fondo en la vida de parroquia, conocer a otros matrimonios y a los sacerdotes.

Si tengo que destacar algunos eventos que han sido especiales durante mi adolescencia, serían los campamentos de verano con la parroquia y las peregrinaciones que organizaba la diócesis. Son momentos de gran intensidad, donde vives la cercanía a los amigos y a Dios de forma completamente diferente al resto del año. Las peregrinaciones diocesanas eran divertidísimas. Yo nunca he sido muy extrovertida, pero había un ambiente de acogida muy sano. Me parecía genial poder conocer a gente de otras parroquias y a todos esos sacerdotes ¡que a veces eran más desastre que los propios niños…!

Recuerdo con cariño el viaje a Roma en 2007 porque fue el momento en que conocí a muchos sacerdotes -y en ese momento aún– seminaristas . Diría que tomé conciencia de lo que significaba pertenecer a una diócesis. Después de eso, las oraciones para jóvenes de los Viernes en San Felipe y más tarde en la Capilla del Palacio fueron momentos por los que estoy súper agradecida.

¿Cómo ves la fe católica en Países Bajos? ¿Has podido conocer la vida de algún santo local o visitar algún santuario?

Un católico aquí no se siente en mayoría. Por otro lado, creo que tenemos mucha suerte en España de tener a tantos sacerdotes buenos, que se entregan a su vocación, disponibles y formados.

Aquí a veces encuentras católicos (tanto sacerdotes como laicos) que están muy influenciados por las ‘formas’ protestantes. Otros que tratan de parecer ‘modernos’ renunciando a la radicalidad de la verdad que es Jesús. Parece que así buscan no crear excesivas molestias para los fieles, y me da mucha pena cuando lo veo.

En cuanto a algún santo, destacaría a Santa Liduvina de Schiedam, que vivió y murió muy cerca de aquí, y también he peregrinado a Brielle, donde están enterrados los mártires de Gorkum, que son un ejemplo de la defensa de la fe católica en Holanda.

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¿Se puede evangelizar en Países Bajos o es muy difícil?

Encuentro que la sociedad aquí va una generación por delante de lo que veríamos pasando en España en cuanto a la religión: los jóvenes y no tan jóvenes ni siquiera ven la fe como algo que sus padres les inculcaron y pueden continuar, sino como algo ajeno, totalmente perteneciente al pasado. Me atrevería a decir que para algún veinteañero holandés decidirse por la vida religiosa tendría un punto retro-chic.

En España no es fácil en ocasiones hablar de tus creencias porque la gente se siente ‘herida’ o molesta, ya que es algo que aún se vive en el día a día de algún modo. Aquí en Países Bajos me sorprendió que puedes hablar de tus creencias en la oficina y la gente te escucha con cierta curiosidad. Te hacen preguntas, les suena algo extraterrestre tal vez. ¡No estoy segura de si es algo bueno o malo! Además, tienen mucha mezcolanza de ideas sobre espiritualidad –esto es una realidad triste que compartimos en toda Europa– y se hace complicado explicar que uno no puede definir la fe cristiana a su medida. Creo que el ‘exceso de tolerancia’ sería uno de los retos más importantes que enfrentaría alguien que quiera evangelizar aquí.

Desde que llegaste a Países Bajos, ¿qué evolución has visto en la vida de fe de los neerlandeses?

Creo que en los últimos cinco ó diez años han tenido que adaptarse a la llegada de muchos fieles de fuera. Esto se ve por ejemplo en la multitud de comunidades cristianas dedicadas a diferentes nacionalidades y grupos culturales.

Como cualidad destacaría que los católicos aquí tienen que ‘trabajar’ más para poder ir a Misa, recibir los sacramentos… Las iglesias no están tan abiertas ni un sacerdote disponible todo el rato. Creo que eso te ayuda a ser consciente y de algún modo comprometido con tu fe.

¿Qué diferencias ves entre tu parroquia de la diócesis de Alcalá y la parroquia en la que estás ahora?

Lo más diferente es que en Alcalá tienes una parroquia con grupos de edad y situaciones súper variadas. En nuestro caso, todo el mundo parece estar entre los 20 y 40 años, situación de vida similar; y se echa de menos más personas mayores, familias… que al final constituyen una base muy estable para la vida parroquial.

En el caso de la parroquia hispanohablante es más parecida a una parroquia española, por ser una comunidad más madura. Hay gente de todas las edades, pero allí la diferencia es que encuentras muchas nacionalidades diferentes.  Comparten el idioma y unas costumbres semejantes, pero aún tienen que encontrar el modo de convivir, puesto que celebran diferentes fiestas con más fervor, etc.

¿Vas a Misa en español o en neerlandés?

En general los domingos es en inglés, aunque si vamos a Misa entre semana es en holandés. La parroquia tiene fieles de muchos países. Hay hispanos, holandeses y gente de toda procedencia. En ocasiones, se lee la segunda lectura en el idioma del lector que es voluntario esa semana. Es bonito, porque te hace consciente de cómo la Palabra de Dios es la misma para todos aunque te suene a chino… –¡y nunca mejor dicho!-

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¿Qué destacas de la parroquia en la que estás ahora? ¿Qué te ha llamado la atención? ¿Tienes alguna anécdota?

En las iglesias tienen una costumbre que está muy bien: ofrecer café y té después de Misa para que la gente se quede a charlar un rato. En España nos quedaríamos a tomar un aperitivo, y aquí como hace frío son más de bebida caliente. También creo que lo hacen así porque son muy prácticos. ¡Es barato y sencillo de preparar! Llenan unos termos enormes y lo dejan preparado antes de la Misa. Rahul y yo nos conocimos en uno de estos encuentros.

¿Podrías hablar de detalles concretos como la catequesis, la oración, las canciones en la Misa o los sacramentos en tu parroquia en Países Bajos?

Los sacramentos y la catequesis son bastante parecidos a los de España. Yo aquí he colaborado como catequista de Primera Comunión y he continuado mi formación con cursos de Catecismo y lectura de la Biblia que me han resultado muy interesantes. Hicimos el curso de novios, que fue algo más breve que el que soléis hacer en Alcalá, y participamos activamente en un grupo de matrimonios y novios de la parroquia.

De la formación para adultos resaltaría que, aunque haya un sacerdote o religioso, no siempre es posible que lideren la sesión, por lo que se da mucha importancia a la participación y al diálogo entre todos. Aunque la variedad de procedencias es enriquecedora, a veces me queda la sensación de que algunas ideas no del todo correctas se quedan sobre la mesa. Echo en falta una figura de autoridad que, al cierre de la reunión, pueda clarificar los puntos tratados para que nos vayamos con las ideas bien asentadas.

En muchas parroquias de la Diócesis de Alcalá, la música tiene una importancia significativa en los momentos de adoración y oración. ¿Sucede lo mismo en la parroquia a la que vas actualmente? ¿Hay alguna canción «de Misa» que canten allí y que te guste especialmente?

Tenemos un coro estupendo que apoya en las celebraciones. La verdad es que se lo curran un montón y como hay un conservatorio en la ciudad, tenemos estudiantes que tocan al menos cuatro o cinco instrumentos diferentes.

Una canción… me gusta mucho Oh God beyond all praising. Es un himno de alabanza con una melodía que es preciosa: Los Planetas, del compositor Gustav Holst. También me ayudan mucho a rezar los cánones de Taizé. Los usamos muy a menudo porque se pueden cantar en todos los idiomas, a todo el mundo le suenan, y son fáciles de aprender.

Y, además de la música, ¿destacarías algún escritor de Países Bajos que te ayude en tu vida de fe? 

He leído La imitación de Cristo de Thomas a Kempis. Es un libro escrito en forma de consejos cortos que buscan ayudar al lector a crecer en santidad poniéndole como ejemplo al mismo Jesús. Comienzan hablando del desprendimiento y continúan animándote a profundizar en tu relación con Cristo, guiándote hacia la total configuración con Él.  Lo recomiendo como lectura para la meditación personal, porque es fácil de leer y el formato es perfecto. Te das cuenta de que el autor conoce los movimientos del alma, que él mismo ha experimentado lo que escribe. Cada capítulo interpela directamente al corazón y es así una lectura realmente eficaz.

¿El mejor lugar para rezar en Rotterdam es…?

¡El que esté abierto! Realmente no te puedes poner ‘tiquismiquis’ si quieres ir a rezar. Según la hora o el día de la semana vas aprendiendo las capillas o iglesias que están abiertas y es normalmente la única opción. A veces incluso coges un tren para ir a una ciudad cercana, si no hay nada abierto en Rotterdam. Este año nuestros capellanes, viendo la necesidad, han comenzado a abrir la parroquia los miércoles por la noche y los primeros viernes de mes, con Eucaristía y posterior exposición del Santísimo. Durante este tiempo están disponibles para confesar, y esto ha sido una gran bendición que la gente de momento aprovecha.

Si tuvieras que recomendar a un diocesano de Alcalá un lugar de devoción que visitar en Países Bajos ¿cuál sería y por qué?

Hace un par de años fuimos a pasar la Pascua a Heiloo, un santuario de peregrinación mariano en el norte de Holanda. La vigilia fue muy bonita, comenzando en el bosque y en una capilla construida en madera. Los alrededores también son agradables y además de la visita a los lugares de culto puedes seguir una ruta que te lleva hasta el mar y pasear por las dunas que son tan características de la costa holandesa.

¿Qué echas de menos de tu parroquia y de la Diócesis de Alcalá?

A tantos sacerdotes estupendos que tenemos. ¡Gracias!

¿Qué echas de menos de España?

¡Al principio echas de menos todo! Creo que ahora me quedo con lo más fundamental, que son las personas. La alegría y la paz que trae tener cerca a tu familia, tus amigos de siempre…

¿Volverás a la Diócesis de Alcalá?

¡Eso espero! ¡Rezad por nosotros!

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