Sandra Llorente es enfermera y tiene 38 años; conoció a Juan, su marido, con 17, y tras 10 años de noviazgo se casaron en 2015, en la parroquia de los Santos Juan y Pablo en San Fernando de Henares, la parroquia de origen de Sandra y el lugar en el que ahora viven la fe como familia, siendo padres de tres hijos.
A nivel diocesano, Sandra y Juan colaboran con el COF en los cursos de preparación al matrimonio. Además, también forman parte de la Delegación de Familia y Vida colaborando con los delegados en la organización de actividades para matrimonios y familias de la Diócesis de Alcalá de Henares.
Este mes de mayo -mes de María- entrevistamos a varias madres de familia de la diócesis complutense para que nos hablen sobre los cambios que supuso para ellas convertirse en madres, la conciliación de la vida laboral con la familiar y la fe como roca en la que anclar su maternidad, especialmente la figura de la Virgen María.
Entre otras cosas, Sandra habla sobre la entrega que supone ser madre, la enfermedad de su hijo, la confianza en Dios ante cualquier situación, y lo que significa para ella, como madre, la Virgen María.
Explica en pocas palabras qué es “ser madre”.
Creo que si hay una palabra para definir la maternidad es la ENTREGA. De manera casi inconsciente, al menos para mí, al convertirme en madre comenzó a brotar esa actitud de poner a otros por delante de mí de la que antes no me había sentido capaz, aunque seguramente siempre había estado ahí latente.
¿Siempre quisiste ser madre o fue algo que fue naciendo en ti poco a poco o de golpe?
Creo que siempre fue un deseo que estuvo en mi corazón, aunque he de confesar que nunca he sido muy “niñera”. Mi marido a menudo dice que le he sorprendido en mi maternidad porque el cambio fue radical de verme con los niños de los demás a verme con nuestros propios hijos. Y es que, aunque he querido y quiero mucho a todos los niños que tengo alrededor de familia, amigos, etc… hay algo realmente único en el amor de una madre por sus hijos que es imposible de explicar.
“Si no puedo cuidar bien de mí misma, ¿cómo voy a cuidar de otro ser humano?” Este es un pensamiento recurrente en muchas mujeres jóvenes que sienten reticencia ante la idea de ser madres. ¿Qué les dirías?
Pues les diría que estoy de acuerdo, pero que no es incompatible. Ser generosa y entregada no es incompatible con ser responsable y saber reconocer lo que necesitas cuidar en ti para que luego esa entrega sea real y que tus hijos la perciban como algo de calidad.
Además, uno nunca está solo. A menudo las mujeres pensamos que tenemos que ser capaces de hacerlo todo solas y, que si no podemos, somos un fracaso. No pasa nada por reconocer que a veces no podemos, por pedir ayuda a mi marido, para que me libere una hora, tome los mandos del barco y yo me vaya a hacer deporte, leer un libro o lo que sea que en ese momento me ayude a recuperar la paz para volver a casa con alegría.
Cuando sales un poco de ti misma descubres que todo el mundo se siente así en algún momento; para mí en esto han sido de gran ayuda los grupos de matrimonios y las amistades con otras madres, porque te ayudan a darte cuenta de que lo que tú vives es lo que viven los demás. Esto te hace darte cuenta de que no eres un bicho raro y aprendes muchísimo de las experiencias de las demás. Y casi siempre, sólo con contarlo, ya es un descanso.
Sandra junto a su esposo, Juan, y sus tres hijos
¿Puedes compartir una experiencia en la que tuviste que renunciar a algo que considerabas importante por el bien de tus hijos?
Hace unos años se me planteó una promoción a nivel profesional y lo valoramos en casa detenidamente. Mi marido siempre me ha apoyado en cualquier decisión y se ha ofrecido incluso a sacrificarse él laboralmente si era necesario, si eso iba a suponer beneficio para mí. Sin embargo, tras pensarlo muy bien, me di cuenta que, aunque pudiera parecer un sacrificio (en mi entorno laboral no se entendió del todo) para mí era perder tiempo de la vida de mis hijos que no iba a volver. Suponía un aumento de sueldo, pero también un aumento de horas de trabajo y de carga mental. Para mí estaba claro en ese momento que mi prioridad eran mis hijos y que nada podía sustituir la presencia de su madre en casa.
¿Cuál ha sido tu mayor prueba de fe siendo madre?
Gracias a Dios no creo que hayamos tenido pruebas de fe duras como familia, pero cuando estaba embarazada de Juan, nuestro segundo hijo, en la semana 20 le diagnosticaron una malformación que afecta aproximadamente a 1 de cada 700 niños. Venía con una fisura de labio y paladar y no sabríamos cuál era la afectación real hasta el momento del parto porque en las ecografías no lograba verse claramente. En ese momento pasa de todo por tu cabeza: ¿He hecho algo para provocar esto a mi hijo? ¿Seré capaz de cuidarlo sea cuál sea su nivel de afectación? ¿Será capaz de hablar y relacionarse de manera adecuada con los demás?
Todas esas preguntas provocaron mucha oración, que vino a ser justo lo que necesitaba en ese momento. Para mí fue un golpe duro porque me di cuenta de que estaba viviendo mi vocación y mi relación con Dios como un formalismo, un listado de tareas que tenía que cumplir, pero me había olvidado de vivirlo como una relación de amor y había dejado de fiarme de Él y poner mi vida en Sus Manos. Desde ese momento cambié mi manera de ver las cosas y comencé a fiarme de que mi vida y, sobre todo, la de mis hijos, están en Sus Manos. Mi hijo es un niño sano y alegre, que tendrá que pasar por varias operaciones hasta que tenga unos 14 años pero con una vida maravillosa.
¿Qué recomiendas a las madres que tienen problemas con sus hijos?
Creo que es arriesgado dar consejos, porque cada mujer puede estar en una situación muy difícil. Lo que sí puedo decir es que para mí siempre ha sido fundamental poder apoyarme en mi marido para cualquier cosa que tuviera que ver con mis hijos y verle como un aliado, es el mejor apoyo que puedo tener.
¿Cómo has vivido la conciliación de tu trabajo como enfermera con la maternidad?
Desde que acabé la carrera he tenido varios trabajos: en el hospital en varios servicios diferentes, en salud laboral y desde hace 11 años gestionando proyectos digitales de salud. Siempre me asustó un poco saber cómo iba a poder conciliar mi trabajo de enfermera con los hijos porque veía que no era fácil, pero no por ello dejé de estudiar lo que me apasionaba.
Decidí fiarme de Dios y la verdad es que no me ha defraudado para nada; he tenido lo que necesitaba justo cuando lo necesitaba para poder cuidar de mi familia. El trabajo que tengo ahora mismo no creía que fuera posible cuando estaba estudiando y sin embargo puedo decir que me llena completamente y gracias al horario me permite cuidar de mis hijos tal y como lo necesitan.

Un consejo que darías, como enfermera católica, a todas las madres…
Que sean valientes, yo he experimentado mucho rechazo por ser católica y decirlo abiertamente, pero también he experimentado cómo la gente se acerca porque tiene mucha necesidad de Dios. Cada día tengo más claro que la fe no se impone, sino que se propone, dentro y fuera de casa.
Al nacer el primer hijo lo normal es que este se lleve casi toda la atención de la madre. ¿De qué forma afectó esto a tu matrimonio?
Este fue un momento muy importante en nuestro matrimonio. Hay mucha gente que nos conoce ahora y nos pregunta cómo llevamos ser familia numerosa o cómo fue cuando llegó el tercer hijo. Siempre contestamos lo mismo, el cambio fuerte fue de 0 a 1 porque pasas de ser tú con el otro a tener a una personita que es completamente dependiente de ti y que te necesita para todo, te cambia completamente y es una adaptación constante. El aprendizaje más importante que sacamos de aquí es que lo más importante es nuestro matrimonio y, que si nosotros estamos bien, nuestros hijos estarán bien; por eso intentamos encontrar tiempos para ser sólo nosotros y dedicarnos tiempos para cuidar el uno del otro y así luego poder cuidar de nuestros hijos.
¿En qué has cambiado tú desde que te convertiste en madre? ¿Y en qué ha cambiado tu marido?
Creo que yo he crecido sobre todo en paciencia y mi marido en capacidad de entrega con los niños pero también con los demás.
¿Qué cualidades de tu marido te enamoraron?
Su sentido del humor y su generosidad sin duda.
Como madre, ¿qué le pedirías a la Virgen María?
Todos los días le pido que me ayude a ser la madre que mis hijos necesitan y, cuando no puedo con algo, que me ayude a saber guardarlo en mi corazón como hacía ella.
Sandra junto a su esposo Juan
¿Cómo se refleja la maternidad de la Virgen en tu propia maternidad?
¡Ojalá pudiera decir que mucho! Pero lo cierto es que cuanto más mira uno a la Virgen más se da cuenta de todo el camino que queda por recorrer, para empezar, si quiere compararse con ella. Lo que sí puedo decir es que en mi interior habita un deseo de entregar la vida por mis hijos que le pido a Ella, como madre perfecta, que cuide y haga más perfecto, y me ayude a ser la madre que mis hijos necesitan para alcanzar la santidad.
¿Hay alguna advocación de la Virgen por la que sientas especial devoción?
Tengo una devoción especial desde hace unos años por la advocación de la Virgen del Carmen y del escapulario con la promesa revelada por la Virgen a San Simon Stock de que quien muera llevando el escapulario recibirá la protección especial de la Virgen, e incluso su intercesión para salir del Purgatorio lo antes posible. Durante unos ejercicios espirituales recuerdo recibir en mi corazón una certeza inexplicable de ello y desde entonces intento también contarlo a los demás.
¿Qué papel ocupa el rezo del Rosario en vuestra vida como familia?
En general rezamos diariamente con los niños antes de acostarse, pero la oración del Rosario por su extensión y debido a la corta edad de nuestros hijos es algo que a veces se hace difícil. Sin embargo, como para nosotros sí que es algo que forma parte de nuestra rutina, intentamos introducirlo de una manera que ellos quieran acogerlo y no rechazarlo; por ejemplo, invitándoles a unirse a rezar un Misterio cuando vamos de viaje o de camino a algún sitio, aunque luego sigan con lo que estaban haciendo…
A cada edad una propuesta distinta, y a menudo son ellos los que piden unirse o incluso recuerdan cuando estamos de viaje que todavía no lo hemos rezado. Lo más importante es que sepan por qué lo hacemos y que lo vean como una propuesta atractiva mas que como una imposición.
Santuario de Lourdes, un lugar especial para Sandra desde su juventud – Fuente: Pexels
Algún lugar de peregrinación mariano que haya sido significativo para ti…
Para mi siempre ha sido muy especial Lourdes, donde en mi juventud, en un momento de mucha necesidad espiritual y de inquietud, tuve un encuentro muy fuerte con el Señor y me sentí claramente sostenida por la Virgen al poner en sus manos mis dudas sobre mi vocación. Es un lugar al que siempre me gusta volver por lo que significa para mí.
Echa la vista atrás. ¿Qué le dirías a tu yo de cuando tenías 10 años?
¡¡¡¡Que disfrute de ser niña!!!! Y que la vida es maravillosa cuando uno se fía de Dios porque lo mejor está siempre por llegar. Le diría sin duda que todo a lo que aspira en esa temprana edad no sólo se va a cumplir, sino que se va a ver desbordado si se mantiene unida a Dios, es lo que trato de decirle hoy a mis hijos.
Como madre, ¿qué le pedirías a la Diócesis de Alcalá de Henares?
Que rece mucho por nuestra santidad y ofrezca a nuestras familias un entorno donde nuestros hijos puedan conocer a Dios y crecer unidos a Él como mi marido y yo lo hemos experimentado de jóvenes; ese es el mejor regalo.
Responde en pocas palabras:
Un libro de fe que recomiendes a otras madres católicas: No es un libro específico de maternidad pero leí recientemente “Dios bendiga esta casa” un libro sobre Teología del hogar. Me parece fundamental entender la belleza de que todo en tu casa hable y te haga volver la mirada a Dios. Quizá no te puedas pasar el día en oración ante el Sagrario como madre de familia pero, ¿por qué no hacer de tu casa un lugar donde Dios esté presenté en las pequeñas cosas?
El mejor sitio en la diócesis para ir a rezar con tu familia: La Capilla de las Santas Formas; siempre que pasamos por allí, paramos a saludar y ellos ya saben por qué.
El mejor consejo que te han dado sobre maternidad: Pase lo que pase, que la despedida en el colegio y por la noche al dormir sea siempre alegre y cariñosa; pasarán muchas horas sin ti y necesitan recordar un abrazo con amor, no un reproche.





