Ana tiene 21 años y vive su fe en la parroquia de San Francisco de Asís, en la ciudad de Alcalá de Henares. Actualmente se encuentra estudiando un Máster en Formación del Profesorado tras haber cursado el grado en Ciencias de la Actividad Física del Deporte. Al mismo tiempo se encuentra trabajando en la Universidad gracias a una beca de investigación enfocándose en temas de salud y rendimiento.
Esta joven diocesana de Alcalá de Henares es catequista de la Pastoral Juvenil Vocacional en su parroquia desde hace cuatro años y también participa en un grupo de fe de jóvenes universitarios laicos franciscanos. Como parte de la serie de entrevistas «¿Qué hace un joven como tú en un sitio como este?», donde conocemos la vida de fe de diferentes jóvenes de la Diócesis de Alcalá de Henares, hemos podido conversar con ella.
Nos ha contado cómo funciona la Pastoral Juvenil Vocacional, la presencia de la espiritualidad franciscana en su vida y qué tiene que ver el deporte con Dios.
¿Qué haces dentro de la Iglesia católica?
Siempre he estado en la Iglesia porque mi familia es cristiana. Hice la Primera Comunión, y ahí lo típico es que la gente se vaya, desaparezca, ¿no? Si su familia no es muy, muy cristiana y no tienen la costumbre (que además cada vez se está perdiendo más) lo habitual es que desaparezca. Pero ahí en la parroquia estaban los grupos de Pastoral Juvenil Vocacional. Y yo recuerdo que en ese momento les dije a mi familia que sí, que yo quería seguir con los grupos. Muchos amigos se fueron, o sea, que también fue una decisión voluntaria, y nunca fue por ir con “fulanito-menganito”. Ahí empecé a conocer a gente que había hecho la comunión también en la parroquia, pero con la que yo no había coincidido.
Y desde ahí fueron 8 años que dura la Pastoral Juvenil. Te enseñan a vivir, te enseñan a seguir aprendiendo, a seguir desarrollándote en tu fe en función de la edad que tienes, y después de pasar la etapa Francesco, que es más lúdica (es pasar un rato, aprender, y disfrutar de estar en la parroquia y sentir que ahí eres parte de algo) pasas a la etapa San Damián, que ya es de preparación para la Confirmación. Y ahí ya es donde eres un poco más consciente de por qué estás en la parroquia, y yo siempre quise, al igual que creces como persona y creces en tus estudios y demás, también quería crecer ahí en la parroquia. Y ya seguí hasta que me confirmé con 17 años.
¿Ha habido algún punto de inflexión en tu vida de fe? ¿Un antes y un después?
No he tenido un punto de inflexión fuerte de decir que he tenido una experiencia de fe que me haya cambiado, pero sí que es cierto que a raíz de ir a las actividades que se ofrecían en la Pastora Juvenil, ya no el domingo a domingo, sino actividades, campamentos, convivencias de Semana Santa, etc. yo creo que también el ver, tener una experiencia más cercana a Dios y al final esas convivencias y esos campamentos te marcan, porque tienes una experiencia rodeada de gente y, sobre todo amigos, que tienen la misma fe que tú.
Y luego también el ver a catequistas que dan su tiempo voluntariamente para transmitir esta fe y ayudar a los niños a crecer en su camino de fe yo creo que eso a mí me marcó. Yo recuerdo cuando era pequeña decir: ¡Jolín, yo quiero ser como ellos! Ver a esa gente que daba su tiempo y que con su ejemplo pues también enseñaba y evangelizaba, pues fue como lo que a mí me hizo decir: “Yo quiero seguir aquí”.
Eso por un lado. Y luego por otro, la pandemia (yo estaba en 4º de la ESO; tenía 15, 16 años), un momento de incertidumbre, el tener todavía ese grupo de fe, algo sobre lo que también sostener las dudas que tienes cuando eres adolescente y más cuando no puedes salir de tu casa eso fue un punto de inflexión para saber que yo quería seguir creciendo en la fe y que quería seguir creciendo en mi vida al lado de la fe cristiana y de Dios.
Me di cuenta de que valoraba poco todo lo que tenía en general en mi vida (en el sentido de que ir a clase es un privilegio, ir a la parroquia es un privilegio, yo lo sentía así porque te quedas 50 días encerrado en tu casa y no te das cuenta de todo lo que tienes). Yo recuerdo salir del confinamiento y disfrutar realmente de ir a la parroquia. Yo ahí fui más consciente de que quería seguir por ese camino, de que quería confirmarme.

Los grupos de Pastoral Juvenil Vocacional, ¿qué son? Los has mencionado varias veces.
Los grupos de Pastoral Juvenil están a cargo de la OFM, que es la Orden de Frailes Menores. En la parroquia, como es una parroquia franciscana, funciona la Pastoral Juvenil. Son unos grupos que se ofrecen a los niños que acaban de hacer la Primera Comunión.
Tiene dos etapas. La etapa ‘Francesco’ es para niños que acaban de hacer la Primera Comunión y que siguen andando, siguen recibiendo catequesis, pero la idea es ver que más allá de la Primera Comunión hay vida en la parroquia, que hay niños que también acompañan en ese camino y que somos un grupo, que somos fraternidad y que puedes seguir creciendo en la fe en tu parroquia…sentir la parroquia como casa. Ese es un poco el propósito de esa primera etapa de 10 a 14 años. Y luego ya está la etapa San Damián, que se considera un poco más, o como lo tenemos nosotros planteado en la parroquia, de preparación para la Confirmación. Son cuatro años también.
El domingo después de Misa tenemos grupo: catequesis normal, que evidentemente se adapta a la edad de los niños. No es tanto aprender sobre la fe o aprender sobre el Catecismo a nivel teológico. Evidentemente eso está en nuestra misión, pero también es algo que va un poco más allá, es el sentir que soy parte de un grupo de chavales jóvenes de mi edad que conviven juntos. No solo aprender sobre Jesús, sino también aprender a vivir con Jesús, o aprender a seguir desarrollando tu fe en comunidad y con un grupo de jóvenes.
Tenemos también actividades, evidentemente oraciones, confesiones, etc. Se les ayuda a que en un futuro, cuando ya sean adultos, puedan seguir con esa vida cristiana y siendo conscientes de lo que hacen. Y luego también tenemos convivencias y actividades en función del momento del año.
¿Qué crees que te ha dado la espiritualidad franciscana a ti como persona, como joven?
Yo creo que lo primero que me ha dado a mí el espíritu franciscano es el querer vivir mi fe en fraternidad y en comunidad con gente que tiene el mismo punto de vista que yo. Rodearte de gente que tiene experiencias distintas a las tuyas pero que en el fondo creen lo mismo que tú ayuda a aprender mucho.
Además de la fraternidad, yo diría el vivir con humildad y vivir como te enseña San Francisco, porque al final él era un ejemplo de pobreza y de minoridad. El vivir un poco con humildad mi fe. Agradecer todo lo que tengo, yo no soy más que nadie… El querer vivir un poco todo lo que he vivido como cristiana, lo que me han dado a mí, querer darlo también a los demás en el día a día, no exclusivamente en la parroquia, porque la realidad es que la parroquia es una parte de mi vida pero que el resto pues… hay gente que nunca va a leer nada o no va a escuchar nada sobre Jesús, entonces nosotros somos lo más cerca que van a estar de conocer el Evangelio, ¿no? Y de conocer a Jesús. Esta forma de compartir vida me ha dado amigos.

¿Cómo es ir a contracorrierte en un mundo que no cree?
Yo creo que no es difícil porque me lo tomo con mucha filosofía. En general la gente con la que me junto más allá de la parroquia no es creyente. O si hay alguna persona creyente es la excepción que confirma la regla. En general te mueves en un mundo que es ateo, agnóstico o que directamente no piensa en la religión, la ve mal… En estos contextos si sale un tema de religión puedo defender lo que creo porque para eso también tengo mi grupo de fe y me dan herramientas para defender y dar a conocer a la gente que lo que yo vivo no es malo.
¿Quién sabe que voy a la parroquia? Yo no tengo ningún problema en decirlo, pero tampoco lo voy predicando a los cuatro vientos. Es decir, si sale, eres mi amigo y de verdad hay una relación de amistad pues evidentemente lo cuento y no tengo ningún problema en decir lo que hago porque pienso que gente que no conoce nada a lo mejor tener ese acercamiento al escucharme a mí o ver lo que hago también puede ser para ellos un despertar a cosas que no conocen. A lo mejor es la única manera en la que ellos oyen hablar sobre la religión o sobre la fe cristiana.
A mí no me cambia nada el que la gente no crea a mi alrededor, pero sí que es cierto que lo que intento yo como persona es que mi fe siga estando firme y fuerte aunque lo que me rodea no sea favorable o no esté ligado a todo este camino de la fe y de la religión.
¿Qué ha significado para ti en tu vida la figura de San Francisco de Asís?
Para mí San Francisco es un ejemplo a seguir. Yo creo que el haber crecido siempre con los franciscanos ha hecho que para mí San Francisco sea una figura importante. Fue una persona muy humana a mis ojos. Era un joven con sus propios sueños de caballero, sus propios deseos alejados de Dios… Evidentemente él era creyente pero sus planes no eran dedicar toda su vida a Dios. El Señor le fue llevando por caminos que le fueron transformando a él y que al final le hicieron ser el santo que conocemos: el que se acercó a los leprosos, el que amó a la naturaleza y a sus hermanos y el que nos ha enseñado una forma de vivir el Evangelio radical, que nos ha enseñado mucho sobre la humildad y la sencillez de seguir a Jesús dejando todo atrás. Entonces, para mí ha sido importante porque yo creo que es un ejemplo de que todos tenemos nuestros sueños, nuestras cosas… pero que luego también Dios es el que va hablando y nos va guiando por caminos… Creo que de todas las partes de la vida de San Francisco se puede aprender algo. Su vida en general es un ejemplo.

¿Cómo como es un día tuyo vivido con el Señor?
Siempre que me levanto intento agradecer al Señor el día de vida. En cualquier cosa o tarea o encomienda que tenga que hacer, ya sea pequeña o grande, siempre me gusta tener un breve rato de diálogo, muy breve. En el día a día normal mis momentos más importantes de oración son al despertarme y sobre todo al irme a dormir. Ahí sí que me gusta también agradecer por lo que he vivido, reflexionar sobre cualquier cosa o duda que me preocupe. Siempre intento dedicar ese rato para hablar con el Señor y también ver un poco en qué me puede ayudar o qué me pide en cada momento.
Y durante el día depende del momento de la semana… Es verdad que tengo muy en mente ir alguna vez a rezar a la parroquia o a un sitio que me pille cerca. Me gusta buscar esos momentos que rompan un poco con la rutina y poder acercarme de otra manera al Señor. En trayectos en bus o antes de salir de casa pues sí me gusta escuchar música cristiana o para tener un poco aunque sean cinco minutillos dedicados a eso. Y me gusta leer el evangelio todos los días para leer la Palabra de Dios y ver qué me puede decir cada día.
Has hecho Ciencias del Deporte, haces karate… ¿qué relación tiene la actividad física con Dios?
Yo siempre he visto que de todo lo que haces en tu día a día se le puede sacar el sentido. Por ejemplo, a mí el deporte me da paz. No es lo mismo el karate que la carrera. Siempre me he dicho que de mayor yo quería ayudar a la gente. He estudiado Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y yo creo que es una carrera muy bonita que te permite ayudar a las personas ya sea desde la educación a niños, que hacen mucha falta, o en la investigación, que es ahora lo que me atañe.
Dios también está presente en el trabajo bien hecho. A mí me gusta, donde yo esté, hacer las cosas lo mejor posible o hacerlas bien y que de esta manera sea mi servicio a la sociedad y mi servicio a Dios: ayudar a jóvenes a nivel educativo, ayudar en la investigación o el deporte, que también tiene una vertiente menos conocida en España -la vertiente de la salud-. El deporte ayuda para prevenir y también para tratar muchas enfermedades. Es una herramienta que puede ayudar a los demás. En esa ayuda a los demás es donde yo veo más a Dios.
Prevenir tanto acerca de la salud corporal, física, como de la salud mental, imagino.
Eso es. En esta sociedad en la que vamos muy rápido poca gente hace deporte. Mucha gente no lo tiene incluido en su rutina. Los niños desde muy temprano dejan de hacer deporte. La gente se dedica menos tiempo a sí misma. Para mí el deporte, también a nivel mental, es lo que me da paz, me relaja, me ha enseñado muchísimo… El deporte te puede enseñar muchísimo en cualquier edad. A los niños, a nivel de disciplina, de esforzarse, de trabajo en equipo, les enseña muchísimas cosas que son casi más importantes que muchas cosas que aprenden en el instituto. Les va a servir para la vida. También, meter en tu rutina hábitos deportivos es un seguro de vida en el futuro. El deporte te ayuda a desconectar y a sentirte mejor. Es una herramienta fundamental en la vida.

¿Cómo colaboras en la parroquia de San Francisco de Alcalá de Henares?
En relación con la Pastora Juvenil Vocacional soy catequista desde hace 4 años, es mi quinto. En mi rol como catequista intento dar lo que yo he recibido todos estos años, devolver algo de todo lo que he tenido la suerte de recibir. Ahora en concreto la coordino. Somos un equipo de catequistas, somos un grupo, evidentemente necesitas alguien que también coordine en comunicación con el fraile responsable. Mi misión ahora es hacer tareas más organizativas dentro del equipo ayudar a que los catequistas estén a gusto y a que funcionemos como un equipo. Además de eso yo tengo mi grupo de fe para laicos universitarios. Somos un grupo de jóvenes de entre 18 y 22 años, que son los que voy a cumplir yo. Los domingos por las tardes nos reunimos y tratamos distintos temas que nos ayudan a seguir creciendo en nuestra fe y a vivir la fe en fraternidad.
El año pasado estuve también en el aula de apoyo escolar que es un servicio que ofrece Caritas para niños y familias que tienen situaciones complicadas en sus casas. Los niños vienen a la parroquia tres veces por semana, están ahí dos horas y estamos con ellos, hacemos los deberes, les ayudamos a estudiar y a que tengan también un espacio seguro para seguir aprendiendo.
Tú como Ana, con tus inquietudes, con tus deseos que son únicos … ¿qué le pedirías a la diócesis de Alcalá de Henares?
Que siga cuidando sobre todo los espacios para que los jóvenes de distintas parroquias sigan juntándose…porque al final la diócesis es como un punto de encuentro que yo creo que te da la oportunidad de conocer otras realidades que son iguales a las tuyas. Que siga abriendo espacios para que los jóvenes puedan vivir su fe en comunidad. Que nos siga ofreciendo herramientas de oración, como la oración de jóvenes, espacios de encuentro y actividades que nos permitan seguir creciendo en comunidad y conocer a otras realidades parecidas a las nuestras.
Una canción que estés escuchando últimamente que te acerque a Dios:
Ganarte a Ti, de Tuyo.
Un libro que recomiendes para conocer más la fe:
El hermano de Asís, de Ignacio Larrañaga.
Un santo beato que sea un referente para ti:
San Francisco de Asís, Santa Clara o San Antonio de Padua.
Termina la frase:
Los jóvenes son…un ejemplo de esperanza, motivación e ilusión por seguir alcanzando nuevas metas.
Los jóvenes esperan… ser felices y poder cumplir sus sueños en la vida.
La fe de los jóvenes… puede inspirar a muchos para querer acercarse a Jesús y conocer la verdad y su amor.
El mejor lugar para rezar en la Diócesis de Alcalá es…la Capilla de las Santas Formas.




