María del Pilar (May) Espina, vive su fe entre las parroquias de Santo Tomás de Villanueva y la castrense Virgen de Loreto, donde es catequista, ambas situadas en Alcalá de Henares. Es madre de 4 hijos y abuela de 10 nietos.
Esta toledana de origen de familia castrense «por los cuatro costados» creció muy cercana al rito Hispano-Mozárabe y a los 22 años se casó con Miguel Ángel, militar de profesión, con quien tuvo 4 hijos. No obstante, una prueba fuerte llegó pronto a la familia: Miguel Ángel se puso enfermo a los 36 años, y 20 años después May enviudó.
Tras la muerte de su marido participó en un retiro Emaús y se acercó a la parroquia de Santo Tomás de Villanueva, donde su vida dio un vuelco en oración ante Jesús Sacramentado. Así, May encontró la paz y una comunidad donde crecer en la fe y en la que continúa aprendiendo el valor del servicio a la Iglesia.
Actualmente compagina su trabajo como farmacéutica con su papel de madre, abuela y laica comprometida. Además de servir en retiros de Emaús y Effetá, May también participa del rito Hispano-Mozárabe a través de la Capellanía que existe en la Diócesis de Alcalá de Henares y que todos los miércoles a las 19:00h celebra la Misa en este rito en la Ermita de Santa Lucía, frente a la Catedral-Magistral.
Este mes de mayo -mes de María- entrevistamos a algunas madres de familia de la Diócesis de Alcalá de Henares para que nos hablen sobre la maternidad, la educación de los hijos o la importancia de Jesús y la Virgen María en sus vidas.
Entre otros temas, May nos cuenta sus momentos como joven madre primeriza cuando todavía era estudiante, algunas anécdotas con sus hijos cuando eran pequeños y cómo la Virgen María la sacó del hondo pozo en el que se sumió cuando falleció su esposo tras 20 años de enfermedad.
¿Siempre quisiste ser madre?
Sí, siempre quise ser madre; de hecho, fui madre a los diez meses de casarme, muy joven y con los estudios universitarios sin terminar. Lo que para mi entorno fue una locura, para mi marido Miguel Ángel y para mí fue una gran alegría. Ya nuestro testigo de boda nos aconsejó que no nos acomodáramos, que tuviéramos nuestros hijos con toda la energía de la juventud.
¿Recuerdas cómo fue el ver por primera vez el rostro de tu primer hijo?
Ante mi respuesta no puedo reprimir la risa…: “¡¡¡Tanto dolor para un niño tan feo!!!» Todo el personal sanitario soltó una carcajada y me intentaron convencer de que era precioso, pero mi padre corroboró mi percepción y asumió su culpa…:”¡¡¡El niño es clavado a mí!!!» También tengo que decir que en pocos días se convirtió en un bebé guapísimo, y aunque no hubiera sido así, se despertó en mí un instinto de protección, una necesidad de cuidarle, mimarle; me resultaba muy difícil separarme de él.
May y Miguel Ángel con sus cuatro hijos
¿Cómo cambiaron tus prioridades cuando te convertiste en madre?
Mi hijo era «lo más”, pero tenía también unos estudios que finalizar, ya que Miguel nació en plenos exámenes finales y tuve que hacer una organización en mis horarios. Apenas tenía tiempo para mí misma y pasé mas sueño de lo normal, me quedaba dormida estudiando con la cabeza dentro del cuco y cuando el niño lloraba mi madre venía a despertarme, pues ni estando a su lado abría los ojos.
Estuve muy apoyada por mi madre y mi hermana, porque el primer mes tuve que irme a Toledo, ya que mi marido, por motivos laborales, se fue al día siguiente del parto y no me pude reunir con él hasta pasado un mes; y además estaba el handicap de que yo tenía una pierna escayolada.
Pero llegaron las vacaciones y disfrutamos a tope de nuestro “bebote”, con nuestra familia, amigos y aprendiendo a cubrir sus necesidades. En nuestras prioridades él era siempre el primero. ¡¡¡Me vienen recuerdos divertidísimos!!! ¡¡¡Éramos tan novatos!!!
¿Qué le dirías a una mujer que no quiere tener hijos porque ha trabajado demasiado por su carrera y los ve como un obstáculo en su vida profesional?
Esta es una pregunta muy difícil de contestar. Cada mujer es un mundo; cada una sabe lo que está luchando por forjar su futuro profesional, por posicionarse en un mercado laboral muy complicado y con pocos apoyos para una madre.
Yo les diría que nunca desechen el ser madres, que es el mayor regalo que nos va a dar la vida, que Dios pensó en nosotras como generadoras de vida ¡¡¡y es algo increíble!!!
Todo es cuestión de organización y, por supuesto un esfuerzo añadido; de ahí que la paternidad sea para los jóvenes, donde la falta de sueño y una actividad continua no pasa tanta factura, aunque conozco madres de más edad que su madurez les ayuda a gestionar esa entrega de maravilla.
Yo acabé Farmacia con dos hijos, y entre Máster y Máster vinieron otros dos, preparación de oposiciones y seguir a mi marido de profesión militar por toda la geografía española, trabajé en distintos campos de mi profesión, siempre estudiando para poder ejercerlos.
Pero sin llegar a un extremo como lo mío todas mis compañeras y amigas han sido madres y han podido realizarse profesionalmente en todo tipo de responsabilidades. Una de ellas, muy especial para mí, a la que admiro mucho, fue capaz, por su valía profesional, de alcanzar un alto cargo directivo, viajando por el mundo y con su hijo menor con unas necesidades más especiales y demandantes ¡¡¡Y claro que ha podido!!! ¿Fácil? No. ¡¡¡Pero inmensamente feliz!!! No debemos olvidar que la maternidad va asociada a una paternidad y ese tándem con la ayuda del Señor puede con todo.
Ahora que tus hijos son mayores ¿cómo vives la maternidad?
Muy relajada, duermo del tirón toda la noche, compro una vez a la semana, cocino y recojo la casa y la cocina en un «pis pas»… Fuera de bromas, vivir la maternidad con los hijos mayores es «lo MÁS”.
Primero he tenido que aprender a dejar de ser cuidadora y educadora con una relación adulto-niño/adolescente a pasar a tener una relación adulto-adulto, y no me ha resultado fácil. Ya se sabe: ”nadie cuida a un hijo como una madre”; pero eso es una concepción muy errónea, en mi caso te releva otra mujer con mucho amor hacia ellos y tanta ternura como pudiera tener yo. Es uno de los dones que Dios nos dio junto con la paciencia y la abnegación para poder ejercer nuestra maternidad.
Tengo la suerte de tener una relación muy estrecha con ellos; me sigo sintiendo esa figura de apoyo que todos necesitamos, ellos saben que estoy y yo se que ellos están y luego viene la gran magia: la venida de los nietos para no perder la practica de “mami” en forma de “abu” y sentirte amada de una manera muy especial.
También tengo la experiencia de que aunque no sea con mis propios hijos ese instinto maternal me brota por todos los poros de mi piel con quien tengo a mi lado, intento mimarles y orar por ellos si intuyo que necesitan ese cuidado maternal.
May a los 18 años de edad
¿Cómo te ha ayudado y te ayuda la fe a vivir tu maternidad?
No sé cómo lo hubiera vivido sin fe. Soy una mujer muy afortunada porque siempre he sentido muy cerca al Señor y creo profundamente en la acción del Espíritu Santo. El recorrido no es fácil ni para mí ni para nadie; todo en la vida requiere un gran esfuerzo y el camino no está exento de cruces, contrariedades ,decepciones, frustración, enfermedad…: la adolescencia de los hijos donde parece que no haces nada bien, y en mi caso la enfermedad de mi marido durante 20 años desde sus 36.
Pero tanto Miguel Ángel como yo teníamos muy claro quién había entrado a formar parte de nuestra aventura en el momento de recibir el Sacramento del Matrimonio: ¡¡¡Dios mismo!!! Y no hay desánimo, desacuerdo, desamor, que la oración y la Eucaristía no venza, y lo hablo desde la experiencia «pura y dura».
Hay que tener claro porqué estamos aquí y a dónde vamos: estamos aquí para disfrutar la mayor felicidad jamás conocida, y eternamente; y esa se consigue a través de nuestra entrega diaria desde el detalle más pequeño. Todo un reto ¡¡y no fácil!!
¿Tuviste algún susto fuerte en tus primeros años como madre?
¡¡Todo era un susto!! Ni sé las veces que salimos corriendo al hospital con nuestro primer hijo cada vez que le subía la fiebre, todo fruto de la inexperiencia. Pero luego empiezas a familiarizarte con todo tipo de síntomas y gracias a Dios no han padecido nada que pusiera su vida en peligro aunque hayan estado muy fastidiados. Se nos han perdido en centros comerciales, y bueno… un sin fin de anécdotas un poco agobiantes que nos hacían no bajar nunca la guardia. También es verdad que mis hijos eran dinamita pura y lo que no se le ocurría a uno se le ocurría al otro.
¿Qué es lo más bonito que te ha pasado con tus hijos?
¿Qué no ha sido bonito con ellos? Han sido y son muy divertidos: cuando empezaron a hablar, a caminar… Se llevan fenomenal entre ellos y me lo paso genial escuchándolos. Siempre les ha gustado viajar con nosotros y hemos disfrutado muchísimo, y luego se fueron añadiendo sus novias todas muy jovencitas y nuestra casa se llenó de ese toque femenino al que yo me había desacostumbrado, y me encantaba.
La pregunta me hace volver la vista atrás y se me hincha el corazón al venir a mi memoria tantos momentos, que no acabaría nunca… Nuestro día a día en las comidas donde se pedían la vez para hablar, excursiones, partidos y campeonatos, fútbol, balonmano, rugby, fiestas familiares, sus bodas o cuando su padre y yo nos quedamos en la cocina porque su panda de amigos nos habían invadido el salón y los oíamos reír con toda la alegría de la juventud. Yo disfrutaba muchísimo como mujer que soy cuando se enamoraban y me hacían partícipe de ello; ¡¡¡y qué voy a decir de cuando venían los Reyes Magos!!!
La cantidad de flores que me traían y dejaban el almendro de debajo de casa sin flores… Y les dije que «pobre almendro». Entonces le pusieron un cartel al árbol donde se leía: “Todas las flores de este árbol son de nuestra madre».
Ya con más edad durante las ausencias de su padre por misiones los mayores se ponían en configuración «protectores» y en momentos míos de bajón sabían cómo sacarme una sonrisa. En una de esas me obligaron a ir al cine con ellos; nunca se me olvidará el título de la película y cómo nos reímos. “Piratas del caribe” fue todo un bálsamo. En fin, esto sería un no acabar…
¿Cuál es el peligro más grande al que se han enfrentado tus hijos y cómo lo viviste desde los ojos de la fe?
El peligro más grande ha sido la propia sociedad, el bullying, el alcohol, la droga… A lo que han estado los cuatro expuestos en mayor o menor medida, pero otra vez le doy gracias a Dios porque aunque estábamos muy pendientes mucho se nos escapaba y tanto mi marido como yo hemos rezado muchísimo. Y Miguel ofrecía su Misa diaria por ellos, y confiábamos en ellos y en los valores que les habíamos transmitido.
Ellos eran todo nuestro tema de conversación y desvelos: hacían botellón como todos y salían de fiesta… pero teníamos a nuestro favor que eran deportistas y las competiciones les obligaban a estar en plena forma. También nos preocupaba que la fe que les habíamos transmitido se tambaleara al ir tan contracorriente, y esto ha sido difícil para ellos.
May frente al Monumento del león de Lucerna, a los 22 años
¿Qué papel ha tenido la Virgen en tu vivencia de la maternidad? ¿suelen encomendarse a ella?
Ha tenido todo el papel: en un principio siempre era ella “mi Madre del Cielo”, y lo de madre tiene mucho peso para una niña. Y a partir de los doce años entré a formar parte de la Legión de María, donde aprendí a quererla muchísimo. He querido seguir su ejemplo sobre todo en lo de guardar las cosas en el corazón (algo que me cuesta muchísimo), me he encomendado mucho y estoy consagrada a su Corazón, lo que me da mucha paz y seguridad, y la he sentido muy cerca en momentos muy difíciles de mi vida.
Has comentado que estuviste en la Legión de María. ¿Qué han supuesto tus años como «legionaria» a lo largo de tu vida?
El pertenecer a la Legión de María me enseño a amar a nuestra Madre, a tratarla más íntimamente y a dedicar parte de mi tiempo libre a los más faltos de cariño. Siempre he acudido a ella en mis momentos más bajos siendo consciente de lo mucho que nos quiere.
Hablas de cómo has visto a la Virgen siempre como tu Madre del Cielo. Estamos en el mes de María, mes del Rosario. ¿Qué papel ha jugado el rezo de esta oración tan mariana a lo largo de tu vida?
Pues cuando me fui de Toledo en mi adolescencia perdí todo el hábito de oración, quedándome solo con la Misa dominical. Pero esta oración tan maravillosa que siempre me había acompañado y que rezaba junto a mi abuela marcó lo que sería mi vida futura.
Con 16 años conocí a Miguel Ángel, el que sería mi marido, y toda nuestra relación comenzó con una invitación por su parte a rezar el Rosario; eso me cautivó y fue el principio de un montón de Rosarios en nuestra vida; para él era su oración diaria pero yo, más «Marta», siempre falta de tiempo y con exceso de sueño, no lo rezaba a diario. Pero al enviudar, ¿en quién me refugié? Pues ¡¡en mi Madre!! Peregriné a Medjugorje y me puse en mi dedo anular el Rosario para no olvidarme nunca de quién me cubrió con su manto y me consoló, pues los hijos podemos ser muy ingratos.
¿Hay alguna advocación mariana a la que tengas especial cariño?
Pues en realidad en cualquier advocación veo a María, pero en mi fondo de pantalla del móvil tengo a la Virgen del Pilar con el manto de Farmacia; mi marido era muy maño y Caballero del Pilar, y yo soy María del Pilar.
¿Tienes algún lugar de peregrinación mariano favorito?
La verdad es que no; allí donde ella nos dio un mensaje es un buen sitio para peregrinar y reflexionar sobre lo que quiere de nosotros.
¿A que te refieres con que te cuesta muchísimo «guardar las cosas en tu corazón» como hacia la Virgen María?
De niña me inculcaron que, para ser una gran mujer, María debía ser mi modelo. Así que para ser como ella debía conocerla, y el listón está muy alto y no es para menos: Dios sabía en quién el Verbo se iba a encarnar. Quiero hacer como ella ante lo que no entiendo, me desconcierta o me duele: quiero guardarlo en mi corazón, quiero acogerlo con Paz y mucha confianza, no quiero que las situaciones difíciles me desanimen y me roben la alegría; entonces la miro a ella, una joven sencilla cuidando al Hijo de Dios, huyendo a tierras lejanas con coraje y decisión, ¿por qué? Porque aceptaba la voluntad de Dios y se sentía muy amada. ¿Crees que yo lo consigo? Pues no siempre.
Miguel Ángel y May ya esposos el día de su boda
En tu maternidad, ¿cómo has sobrellevado el ser viuda? ¿Quién te ha apoyado?
El enviudar es algo muy duro, para mí la sensación de quedarme incompleta fue enorme: yo siempre había sido muy segura, lo tenía muy claro todo, siempre tenía fuerza para todo y al morir Miguel sentí que él se lo había llevado todo, que toda esa seguridad e iniciativa la aportaba él. Aun rodeada de amigos y familia me sentía profundamente sola; amigos se alejaron, a mis hijos los sentía distantes (era lógico, estaban tan tristes como yo), y llegué a pensar que yo sin Miguel no era nadie.
Tengo esa época muy difusa pero sí sé quién me sacó de mi agujero oscuro… fue mi Madre del Cielo: ¡¡María!!
Mi madre ya me había dejado unos meses antes que Miguel; sentí a María muy cerca y me hacía recordar cuál había sido el motor de nuestro matrimonio: la oración y la confianza en Dios. Así que puse en marcha mi aprendizaje junto a Miguel y empecé a ir a Adoración. Y allí, a los pies de Jesús VIVO sentí el consuelo y las palabras cálidas de que había cerrado una etapa de mi vida, la de esposa, pero que la de madre no y debía recobrar mi alegría por ellos, por mis hijos.
Luego tengo unos amigos incondicionales en la misma línea de pensamiento y fe que yo que nunca me han abandonado; y mi comunidad parroquial siempre ha estado ahí para darme su apoyo de cualquier tipo con mucho amor siempre.
¿Cómo puede prepararse una mujer católica en el mundo actual para ser madre?
Menuda responsabilidad contestar a esta pregunta… Pero si usamos el sentido común y pensamos en lo que conlleva ser madre lo primero que haría es tener un noviazgo donde el tema de la paternidad se trate y otros muchos temas de convivencia. Antes no teníamos mucho acompañamiento en este tema, pero ahora existe en nuestra Diócesis de Alcalá “El taller del orfebre”, donde se tratan todo tipo de temas que la pareja debe saber antes de decir un «Sí» definitivo. Deben tener muy claro el proyecto que persiguen y que en ese proyecto de matrimonio católico los hijos son lo primero, y después el trabajo, que no deja de ser el medio con el que va a subsistir la unidad familiar aunque estén super realizados con él, lo cual es una bendición.
Nadie nos enseña a ser padres y es el Máster más complicado de todos; lo que nos traemos entre manos es súper delicado y precioso, y lo que sean nuestros hijos será el reflejo de lo que han vivido en casa. De nosotros depende el giro hacia el bien de las generaciones futuras.
No dejemos que tiktok, los influencers, la televisión y las pantallas eduquen a nuestros hijos. Ahora existe mucha bibliografía de pedagogos católicos para ayudarnos con esa labor. Yo ya cuando estaba en plena labor educadora asistí durante dos años todos los sábados al Centro Europeo de Ciencias de la Educación, donde aprendí a educar desde el amor y la entrega en valores con bases pedagógicas, y luego con mi marido preparábamos los planes de acción para poner la teoría en práctica y fue una verdadera pasada lo que nos ayudó.
Ahora estoy ya desvinculada, pero existen escuelas de padres para ayudar en esta labor.

Un consejo de madre veterana a una madre primeriza…
Que no duden en pedir ayuda, que no intenten llevarlo solas, sobre todo el primero. La responsabilidad y la inexperiencia pueden abrumar pero enseguida nuestro instinto e intuición se ponen en marcha y nos hacemos con todo.
¿Qué crees que necesitan las madres de familia que les de la Diócesis de Alcalá?
Pues creo que la Diócesis está ofreciendo mucho: están los encuentros de familias con el obispo, Equipos de Nuestra Señora para matrimonios, y seguro que hay Escuelas de padres. Los horarios son importantes, pues si son muy tarde no pueden asistir, y el ofrecer guardería.
Un libro que te haya ayudado en tu maternidad…
La colección Hacer familia
Una jaculatoria que suelas repetir…
“Mírame como soy y hazme como Tú quieres que sea”
Una Santa o Beata que te encante y que haya sido madre…
La Santa que me encanta es Isabel de Hungría, reina pero humilde, esposa enamorada, madre, y entregada a los más necesitados, amando a Jesús con pequeños gestos. Y cuando enviudó joven en vez de aferrarse al dinero se entregó por completo a los más pobres.





