Adrián, joven diocesano complutense: «Necesito personas con las que vivir mi fe para no quedarme en mí mismo»

Testimonio Adrián

Adrián Fernández es un joven de 27 años residente en Alcalá de Henares que vive su fe en la parroquia de santo Tomás de Villanueva en el barrio de Espartales de la ciudad complutense. Está casado desde hace casi cuatro años con Sara, joven de la diócesis de Alcalá de Henares, y tienen dos hijos. Es terapeuta ocupacional y profesor de religión en un instituto público y en un colegio concertado.

En nuestra serie de entrevistas «¿Qué hace un joven como tú en un sitio como este?», donde conocemos la vida de fe de diferentes jóvenes diocesanos, hemos podido conversar con él. Nos habla de la evangelización como una aventura y una lucha a contracorriente, del sufrimiento al ver que la vida de su hijo pequeño peligraba, y del santo que vivió en una isla de leprosos.

 

Adrián, ¿qué hace un joven como tú en un lugar como la Iglesia?

Yo estoy bautizado de pequeño, gracias a mi abuela especialmente, porque mis padres no vivían la fe. Pero a partir de ahí no tuve contacto con la Iglesia durante 15 años.

Cuando cumplo 15 años empiezo a tener un poco más de curiosidad por las cosas relacionadas con la fe, buscando un poco un sentido a la vida porque la verdad es que pasaba por muchos sufrimientos y por mucha soledad. No tenía una buena relación con mis padres.

Empecé a ir a una iglesia con mi tía en verano; tuve más curiosidad… Yo estudiaba en el colegio Alborada, y empecé a ir ahí a Misa; y a partir de esas experiencias y de esa curiosidad me ofrecieron conocer más al Señor. Recibí unas catequesis personalizadas por mi edad e hice la primera comunión con 15 años ahí en el colegio. La Confirmación poco después, y a partir de ahí mi vida ha girado siempre en torno a la fe y a la vida de la Iglesia.

¿Cómo es ir contracorriente en un mundo que no cree?

La verdad es que siempre me he sentido como muy batallando ante el mundo, tanto antes como después del encuentro con el Señor. Entonces, la cosa cambió mucho porque ya estaba acostumbrado a ir a contracorriente, pero con el Señor ya la cosa era un poco diferente, ya uno se sentía acompañado. Uno se siente como despreocupado de lo que puede venir, ¿no? Porque sabe que hay alguien que lleva la vida.

Y entonces lo vivo con paz, con alegría. A veces me cuesta, porque sufro el rechazo, a lo mejor, de gente de mi familia o de gente con la que tengo más cercanía y eso siempre es duro, esa incomprensión tan cercana… Pero bueno, es una aventura, no lo vivo con intranquilidad sino con la alegría de ir viendo cómo la gente se ha ido acercando a Dios a partir de esa lucha de ir a contracorriente.

Y en esa lucha, ¿cómo evangelizas?

Es verdad que hago muchas cosas activamente, y a lo mejor hacemos desde la parroquia formación de adultos o en mi propio trabajo como profesor de religión  con los chavales siempre es un momento de evangelización, pero siempre considero que la mayor evangelización es con la propia vida. En la medida en la que yo salgo de mí mismo y la gente ve cómo esa entrega no viene de mí mismo, porque además me conocen y saben que por mí no me entregaría, yo creo que ese es el mayor testimonio: que otros vean cómo nos amamos. Y de ese amor pues que la gente verdaderamente diga “aquí hay algo diferente”. Más o menos es lo que me pasó a mí.

¿Cómo te ayuda tu fe en tu trabajo como profesor de religión y cómo transmites esa fe dentro del ambiente actual?

Yo creo que hace mucho que yo intento dar las clases con el entusiasmo de querer que eso no se quede únicamente en algo académico, que al final es lo primordial porque estamos en el entorno académico y tienen que aprender ciertas cosas que luego les sirvan para la vida en relación con la fe. Pero ese entusiasmo con el que transmito las cosas y con el que busco no solo que aprendan cosas sino que se encuentren con Alguien es la dinámica que intento seguir con ellos.

Después de tu conversión a los 15 años, ¿ha habido algún punto de inflexión en tu vida de fe? 

Sí, me doy cuenta de que la primera conversión era volverse hacia Dios, empezar a conocerle, empezar un camino con Él. Pero luego quizás el cambio fuerte se ha ido dando cuando han llegado los momentos de más sufrimiento, porque el momento de sufrimiento es como el momento de inflexión. Al final las actividades, los retiros, las JMJ son momentos que me animan en mi fe porque veo que otros viven lo que vivo yo, pero es en los momentos de sufrimiento en los que yo he visto que el Señor me ha ido transformando. Y antes el sufrimiento lo vivía con angustia, con tristeza, y en la medida en la que se han ido dando momentos de sufrimiento eso me ha ayudado a acercarme más a Dios, en vez de alejarme de Él.

Un momento de sufrimiento, si pudieras contarnos uno…

Tuve un hijo en mayo y al nacer estuvo muy, muy enfermo, casi se muere… Y la verdad es que fueron unos momentos… Nunca he estado más unido a mi mujer, y nunca he estado más unido a mi familia y al Señor porque en el sufrimiento nos hemos hecho fuertes en la fe. En la medida en la que el Señor da sentido incluso a momentos tan oscuros la fe yo creo que madura y crece interiormente.

Adrián Fernández, joven complutense

¿Cómo se concreta luego tu fe en el día a día? 

Bueno, intento cuidar siempre a diario tener un rato de oración, suelo ir a Misa todos los días… y luego tengo algunos grupos en los que me doy: formación a adultos o atención a ciertas personas… Y luego sobre todo hay grupos en los que recibo: grupos de matrimonios con los que compartir mi vida matrimonial, camino en una comunidad del camino Neocatecumenal en la parroquia Santo Tomás de Villanueva, y la verdad es que ahí precisamente compaginas las dos cosas: te entregas a los demás y creces en la fraternidad, y al mismo tiempo ellos son un apoyo en la vida de fe.

Como joven, ¿tú participas en las iniciativas que se proponen desde la Delegación de Infancia y Juventud?

Siempre he estado muy ligado a la Delegación de Infancia y Juventud. Hemos organizado muchísimas actividades durante prácticamente nueve o diez años: peregrinaciones, JMJ, y todo además desde dentro, desde un equipo de preparación y organización. Pero sí que es cierto que desde que me casé hace casi cuatro años, nos fuimos poco a poco desvinculando porque vimos que el plano eclesial en el que nos teníamos que mover iba cambiando.

¿Qué sientes que necesitas como joven de la diócesis?

Yo necesito una comunidad. Yo necesito personas con las que vivir mi fe para no quedarme en mí mismo. Y sobre todo también necesito sacerdotes que nos acompañen, que estén al pie del cañón y en los que sepamos también que podemos descansar y con los que poder compartir la fe.

Una canción que estés escuchando últimamente que te acerque a Dios

Dime Padre, de Hakuna, que es como un diálogo que tiene Jesús con el Padre acerca de cómo es su relación con los hombres, de lo difícil que se lo ponemos tantas veces y cómo Él, aún así, está insistiendo una y otra vez y siempre está abierto a que le acojamos.

 

Un libro que recomiendas para profundizar en la fe

Siempre me han ayudado mucho las vidas de los santos, porque aprendo mucho de ellos y porque en ellos puedo ver cómo se vive la fe de forma auténtica. Me gustan las obras completas de santa Teresita de Lisieux y un libro que llaman “El Trochú”, que es una biografía del Cura de Ars.

Un santo o beato que sea un referente para ti

Me voy a quedar con san Damián de Molokai. Es un presbítero belga que se fue a una isla de leprosos donde nadie quería atenderlos porque al final la vida con ellos implicaba acabar enfermando y muriendo. Lo tachaban de loco incluso los hermanos de su propia Orden y le hicieron la vida bastante dura. Y la verdad es que esa decisión de estar siempre con el que más te necesita aunque eso implique entregar hasta la vida siempre ha sido un testimonio muy fuerte para mí.

Termina la frase:

Los jóvenes son… la esperanza de la Iglesia.

Los jóvenes esperan… amar y ser amados.

La fe de los jóvenes… está especialmente dispuesta a entregar la vida.

El mejor lugar para rezar en la diócesis de Alcalá es… la cripta de los Santos Niños.

 

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