El sábado, 3 de octubre de 2026, todo estaba preparado para tener el ya tradicional Rosario Misionero de Antorchas por las calles de Alcalá de Henares. Pero un par de días antes entró en juego un factor imprevisto: la lluvia. Fuertes tormentas cayeron sobre la ciudad haciendo surgir la duda de si podría llevarse a cabo el Rosario de forma procesional. La Catedral de los Santos Niños se ofreció a acogerla en caso de que fuera necesario. Pero el deseo de los organizadores era salir y permitir a la Virgen misionar por las calles, dando testimonio de su amor a Ella, de su confianza en el poder de la oración y permitiendo a la Escuela Diocesana de Evangelización que evangelizara a las personas que se encontraran.
Una hora antes del momento previsto para el comienzo del Rosario, la comitiva que portaría a la Virgen llegó a la puerta de la Catedral donde se iba a disponer el altar y desde donde daría comienzo la procesión. Consultaron en Internet la previsión del tiempo. La hermana Beatriz Liaño, secretaria de la Delegación de Misiones, explica: «Todas las páginas afirmaban que en Alcalá estaba lloviendo y que iba a llover mucho más en una hora… pero no estaba lloviendo, así que decidimos salir confiados en el deseo de Nuestra Madre Santísima de salir al encuentro de sus hijos».
La Delegación de Misiones no se equivocó con la decisión. El Rosario Misionero de Antorchas procesionó guiada por los capataces de la Hermandad del Santísimo Cristo Atado a la Columna y María Santísima de las Lágrimas y del Consuelo. La cruz misionera y los estandartes abrían el camino. Rodeaban a la Virgen, iluminándola con antorchas, jóvenes que han hecho el viaje misionero con la Delegación y otros universitarios. Tras las andas caminaba Mons. D. Antonio Prieto, obispo de Alcalá; D. José María Calderón, director nacional de Obras Misionales Pontificas; D. Arturo Otero, Delegado de Misiones; y un buen número de sacerdotes y numerosos fieles. Participaron en el Rosario dirigiendo los misterios y cantando: la Fraternidad Misionera Verbum Dei; el coro guineoecuatoriano «Amigos de Jesús»; miembros de Ocasha; la comunidad ucraniana de nuestra diócesis; la Comunidad de San Pablo Apóstol y María; y las voluntarias de la Delegación de Misiones.
Finaliza la hermana Beatriz sus declaraciones expresando su alegría por el arraigo que el Rosario Misionero va tomando en la ciudad de Alcalá de Henares: «El número de fieles que participan en el Rosario Misionero de Antorchas crece de año en año. El ambiente es de alegría y fraternidad. Es una alegría inmensa ver rezando juntos a las distintas realidades misioneras de la Diócesis y a muchos fieles de parroquias, movimientos, hermandades…. Se hizo vivo el lema que el Santo Padre ha dado al Domund este año: “Uno en Cristo. Unidos en la misión”».




