Chema y Mari Ángeles es un matrimonio laico misionero perteneciente a la Asociación OCASHA-Laicado Misionero, que está dirigiendo un internado en la Diócesis de San Juan de la Maguana, en República Dominicana.
Estos misioneros regresaron a España hace unos meses y pudimos entrevistarlos en el programa de radio ‘El Espejo’ de la Diócesis de Alcalá de Henares.
Chema y María Ángeles, bienvenidos. ¿Cómo estáis?
De salud muy bien. En el año que hemos estado ahí prácticamente no hemos tenido ningún tipo de de enfermedad y a nivel espiritual estamos con mucho ánimo, a pesar de las dificultades que hemos tenido, para encarar el próximo año con mucha alegría e intentando corregir situaciones y tirar para adelante de una forma mejor.
Estamos felices. Así se lo escribimos a Mons. Ángel Román, que fue nuestro párroco y es obispo de Albacete actualmente.
¿Qué balance hacéis a día de hoy de vuestra misión allí?
El balance siempre es positivo porque nunca vamos a peor, sino que vamos a mejor. La dureza del principio fue el haber llegado sin ninguna inducción, desconocer el sistema educativo, desconocer cómo funcionaba el centro, pero eso sobre la marcha ya lo hemos conseguido.
El tema administrativo ya está más o menos dominado. Los chavales, cuando te tientan al principio y te están poniendo trabas, también como que nos ha cambiado la mirada mutuamente. Ellos van cambiando su mirada hacia nosotros y al revés también. Entonces, vamos viendo las cosas positivas de cada uno, se van aflojando un poco, aceptando que hay que seguir unas normas, una disciplina, te demuestran de una manera o de otra que ya te tienen cariño, te van cogiendo cariño. Creo que sí, que en todo vamos avanzando.
Es duro de repente llegar a una realidad nueva, aterrizar allí en San José Joca, que es un sitio que está totalmente entre montañas, aislado de la ciudad más próxima a dos horas y media o tres, depende de cómo esté el camino. Encontrarnos que tienes que dirigir un centro educativo y no sabes cómo dirigirlo. Entonces tienes que constantemente ir aprendiendo, preguntando, equivocándote.
El tema de los profesores, que no quieren ir ahí porque tienen que estar una semana sin poder ir a ver a sus familias. El tema de los viajes, que son cuatro horas de viaje cuando vamos para allá… son todo dificultades que gracias a Dios, yo creo que de la oración que desde la parroquia, desde las delegación de misiones, desde todos los sitios recibimos y la nuestra, pues vamos superando. Estas cosas negativas las hemos superado, gracias a Dios, y ahora es tirar para adelante.

¿Cuál ha sido la experiencia de fe que cada uno de vosotros ha hecho en contacto con la realidad que habéis vivido allí?
La fe sigue manteniéndose firme porque realmente a lo mejor al principio piensas que tú puedes cambiar las cosas y puedes hacer las cosas, entonces vas descubriendo que el proyecto es de Dios y que Dios es el que hace. Muchas veces yo creo que es esa presencia y esa presencia creo que es lo que va cambiando los corazones de la gente y luego la fe también, la riqueza de esta Iglesia universal que reza por ti y que notas los efectos en que tú perseveres, en que tú mantengas la ilusión, la oración, sabiendo que hay mucha gente que reza por ti.
Doy muchas gracias a Mari Ángeles porque gracias a ella la cosa ha ido a mejor y se ha ido superando, pero yo cuando veo que las cosas no salen como al principio pensábamos que tienen que salir, pues te cabreas, te enfadas y ya llega un momento que me dice Mari Ángeles, ‘Chema, que estamos aquí por Cristo’ y ya entonces me tengo que callar y digo ‘Vale, ya no sigo’.
Luego también el tema a nivel de fe, el tener que estar prácticamente todo el día -cuando estamos en el centro- manifestando, exteriorizando esa fe con los demás. Fijándonos un poco más en la diócesis y en el internado, en la misión.
¿Qué necesidades hay actualmente, tanto materiales como espirituales y cómo podemos ayudaros desde aquí?
Pues necesidades materiales hay muchas porque el centro al estar a cuatro horas de distancia de la ciudad no tiene rehabilitación, no se va rehabilitando lo que se va dañando. Entonces tenemos camas deterioradas, la ropa de cama da pena, la grifería, todo lo que es de plomería, hay duchas rotas, baños rotos… No hay facilidad para que venga un plomero o un electricista.
Se necesita mejorar el centro a todos los niveles. Luego también están haciendo nuevas aulas, pero pasa lo mismo, que desde que estamos ahí han hecho el solar, pero falta que venga la gente para que levanten los muros, comunitarios que se comprometan, que eso también es una tarea muy difícil, que vengan papás y mamás allí a ayudar.
Y luego el tema de la camioneta. Nosotros sí hemos visitado comunidades andando entre cuatro y seis km en una dirección o en otra. Las que están más lejos no hemos ido porque es inviable en el mismo día hacer la distancia a nuestra edad. A lo mejor los jóvenes y los niños lo hacen, pero nosotros no.
El tener una camioneta en condiciones que fuera nuestra para que podamos desplazarnos y conocer las demás comunidades sería muy bueno, porque es verdad que en las comunidades que nos hemos acercado también ha cambiado la mirada de los papás y de los comunitarios.
Y por ayudar en la evangelización de la parroquia, porque a nivel pastoral pertenecemos a la parroquia San José, de Pedro Santana, y ahí hay un sacerdote y dos religiosas que son las que están haciendo el trabajo pastoral por esas comunidades, pero nosotros en el proyecto también figuraba el apoyarles en ese tema y al no tener el camioneta no podemos hacer eso.
Si uno quiere contribuir a ayudar en esto material, ¿cómo lo puede hacer?
A través de la delegación de misiones.
Agradeceros de verdad vuestra presencia aquí hoy y que siempre es un placer saber de vosotros que sabemos que un trocito de la diócesis está allí en San Juan de la Maguana. Desde aquí, muchas oraciones y estamos pendientes.
Muchas gracias a vosotros por la acogida y por el interés que también tienen por las misiones. Muchas gracias.





