El 1 de junio de 2026, la Delegación de Misiones tuvo el encuentro de fin de curso con todas sus voluntarias y colaboradores. La reunión tuvo lugar en los salones de la parroquia de San Isidro de Alcalá de Henares y comenzó con la entrega a cada voluntaria de un pequeño detalle en agradecimiento por la labor realizada. La Hna. Beatriz Liaño, secretaria de la Delegación, aprovechó la ocasión para explicarles el bien que se ha podido hacer a los misioneros de nuestra Diócesis, repartidos por el mundo, gracias a los mercadillos de objetos religiosos que ellas hacen. El encuentro siguió con un desayuno en el pudieron hablar y conocerse, ya que las voluntarias pertenecen a distintas parroquias de la ciudad de Alcalá y alrededores.
Un voluntariado que crece con fuerza gracias a dos talleres misioneros
Para la Hna. Beatriz, el encuentro fue especialmente significativo: «Cuando llegué a la Delegación de Misiones, en octubre de 2020, contábamos con tres voluntarias, de las cuales una tenía ochenta años y otra casi setenta. Yo me concentré en aprender bien mi trabajo, antes de pensar en dar trabajo a otros. El caso es que, al poco, me encontré con que fueron llegando las voluntarias. Una tras otra y, realmente sin buscarlas yo, fueron apareciendo: generosísimas, entregadas y llenas de deseos de ayudar a los misioneros».
La hermana comenta que un momento muy importante en la evolución del voluntariado de la Delegación de Misiones fue la apertura de dos talleres misioneros: «En octubre de 2024 abrimos el taller misionero de la parroquia de San Isidro, a petición de su párroco. Y en mayo de 2025, el de la parroquia Nuestra Señora del Val. Entre los dos talleres y las voluntarias que trabajan directamente en la Delegación de Misiones, ahora mismo son alrededor de treinta y cinco colaboradores en torno a la Delegación. Las contemplaba en el desayuno que compartimos y, debo reconocer, que me emocioné».
«Es tiempo de dar un paso más»
Los talleres suponen mucho trabajo, confiesa la Hna. Beatriz, pero el resultado desborda las expectativas: «La primera misión de los talleres son las mismas colaboradoras que participan. El Señor va trabajando su corazón. Ellas se han ofrecido para trabajar por los misioneros y las primeras beneficiadas están siendo, sin duda, ellas mismas: crean vínculos entre ellas, refuerzan su relación con la parroquia y con la Iglesia entera a la que descubren a través de sus misioneros. En fin, son evangelizadas de una forma sencilla, pero eficaz. Los párrocos están felices porque descubren que personas de muy distinta procedencia encuentran, gracias a los talleres, un lugar en la parroquia».

Viendo el progreso que el voluntariado misionero está teniendo, la Delegación de Misiones está haciendo ya planes para el año que viene: «Hemos tenido una reunión de evaluación del curso, y el P. Arturo Otero, delegado de Misiones, me ha pedido elaborar un calendario de cara al curso que viene para cuidar más a nuestros colaboradores a través de encuentros, momentos de oración… Hasta ahora teníamos dos o tres encuentros “informales” en el curso. Digo informales porque era más conocernos y convivir que formar. Vemos que ahora que hay ya un grupo tan importante de voluntarios y personas cercanas y sensibles a la misión alrededor nuestro, es tiempo de dar un paso más y establecer una agenda formativa que, aunque abierta a todos, se dirija de forma especial a los voluntarios».
«Esperamos que la oferta de una agenda de formación misionera amplíe todavía más el círculo de colaboradores, ayudando a hacer crecer la sensibilidad misionera de nuestra Diócesis. Juan Pablo II decía que “la misión atañe a todos los cristianos, a todas las diócesis y parroquias”. Cuanto más universal sea nuestro corazón, será también más cristiano», concluye la secretaria de la Delegación de Misiones.





