Este próximo 22 de marzo, primer domingo después de la fiesta de San José que tiene lugar el jueves 19 de marzo, se celebra el Día del Seminario 2026. San José es el patrón de los Seminarios y de las vocaciones sacerdotales. Con motivo de esta solemnidad, hemos conversado con varios seminaristas de la Diócesis de Alcalá de Henares.
Jaime Adarve es seminarista y actualmente está cursando el propedéutico, un curso introductorio previo a iniciar sus estudios a partir del mes de octubre de este año. Realiza su pastoral en la parroquia de San Juan de Ávila, en Alcalá de Henares, y explica que Santa Teresa de Calcuta y San Juan Pablo II son dos referentes para él. Nos ha hablado sobre lo que espera de la próxima visita del Papa León XIV a España en junio y acerca del papel que tiene San José en su vida.
¿Siempre has tenido fe?
La fe siempre ha estado presente en mi vida de alguna manera, sobre todo gracias a mi familia y también en el colegio. Pero, con el tiempo, he ido descubriendo que la fe no es solo algo que recibes, sino una relación personal con Dios que tienes que ir cultivando, algo que descubrí a los 22 años. Desde entonces ha habido momentos de búsqueda, de preguntas y de crecimiento, y precisamente en ese camino fue donde, a través de Hakuna, fui descubriendo cada vez más al Señor.
¿Qué lleva a una persona como tú a dejarlo todo por el Señor?
En realidad, uno no siente que ‘lo deja todo’, sino que descubre que Dios le ofrece algo mucho mayor. No es tanto una renuncia como una respuesta de amor. A mí me marcó especialmente un domingo en la Eucaristía el Evangelio de san Juan (3, 14-36) cuando Jesús habló con Nicodemo, sin duda, fue un antes y un después en mi llamada.
Para el que no sabe de qué estamos hablando, ¿qué es un seminarista?
Un seminarista es un joven que se está preparando para ser sacerdote, porque ha visto que el Señor lo llama de esa manera y, junto con el seminario, formado por el rector, los formadores y el director espiritual, se contrasta y discierne esa llamada. Durante este tiempo de formación humana, espiritual, pastoral e intelectual, el seminarista aprende a servir a la Iglesia y a las personas como Cristo.
¿Qué hace un seminarista en su día a día?
Nuestro día gira mucho en torno a tres cosas: la oración, el estudio y la vida comunitaria. Rezamos todas las mañanas la Liturgia de las Horas y tenemos un tiempo largo de oración personal. Después tenemos clases y formación por la mañana; también hacemos deporte, y por la tarde dedicamos más tiempo al estudio y la Misa. Todo esto está pensado para ayudarnos a crecer como personas y a discernir mejor la vocación.
Y los fines de semana, ¿cómo es la pastoral en la parroquia?
Los sábados solemos hacer algún plan diferente, como ir al campo, realizar alguna visita cultural o simplemente convivir entre nosotros. Los domingos vamos a una parroquia para aprender y ayudar en la pastoral. Allí colaboramos en catequesis, en grupos de jóvenes, en la liturgia o acompañando distintas actividades. Sin duda, algo que me ayuda mucho es poder compartir con los sacerdotes de mi parroquia, San Juan de Ávila.

¿La figura paternal de los sacerdotes es importante para un seminarista?
Sí, muchísimo. Los sacerdotes que te acompañan durante la formación son muy importantes. No solo enseñan con palabras, sino también con su vida. Ver sacerdotes felices, entregados y cercanos ayuda mucho a comprender mejor lo que significa el sacerdocio.
¿Tienes algún santo o santa que sea un referente importante para ti?
Sí, especialmente Teresa de Calcuta y Juan Pablo II. De santa Teresa de Calcuta me impresiona mucho su amor concreto por los más pobres y su capacidad de ver a Cristo en cada persona. Y de san Juan Pablo II me inspira su valentía para anunciar el Evangelio y su manera de animar siempre a los jóvenes a no tener miedo y a confiar plenamente en Dios. Ambos me recuerdan que la santidad se vive en lo cotidiano y que la entrega a Dios siempre merece la pena.
¿Qué papel tiene san José en tu vida como seminarista?
San José es un gran modelo de confianza y de humildad. Es el hombre que escucha a Dios y responde con sencillez, sin buscar protagonismo. Para un seminarista es un ejemplo muy bonito de cómo vivir la vocación con fidelidad y discreción.
El papa León XIV visitará España en junio. ¿Qué esperas de ello?
Creo que puede ser un gran impulso para la Iglesia en España. La visita de un Papa siempre es una oportunidad para renovar la fe, porque refuerza ese sentimiento de comunión con la Iglesia universal. Además, poder escuchar sus palabras en persona y ver a la Iglesia reunida ayuda a vivir el Evangelio con más fuerza.
¿Qué le dices a un joven que duda en si dar el paso o no para entrar en el seminario?
Le recomendaría hablar con otros jóvenes que ya estén en el seminario, sin duda, el ejemplo de sencillez y normalidad de alguien que ya lo vive a mí me ayudó. También que lo discierna sin agobios en su vida cotidiana, con su trabajo o sus estudios. Es algo que no se hace solo, es un proceso que se vive acompañado y en el que se contrasta ese deseo con el director espiritual y con los formadores, que precisamente quieren lo mejor para ti.
¿Cuál es tu jaculatoria favorita?
Guárdate de olvidar.
Termina las frases:
- El seminario da a la Diócesis de Alcalá… jóvenes que desean entregar su vida para servir a Dios y a la Iglesia.
- El seminario de Alcalá necesita… jóvenes entregados y libres.
- Un seminarista debe ser… un hombre configurado con Cristo.
- Si san José hubiese dicho que no… la historia de la salvación habría sido distinta, pero su «sí» nos enseña que confiar en Dios siempre vale la pena.
- Doy gracias a Dios por… las buenas personas que va poniendo en mi camino.





