Ignacio, padre de cuatro hijos y diocesano en San Fernando de Henares: «Ser padre es una faceta más del amor humano»

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Ignacio Antón Lamarca es un padre de familia que vive su fe en San Fernando de Henares, concretamente en la parroquia Santos Juan y Pablo. Está casado con Natalia, es abogado y tiene 46 años. Durante marzo, mes muy vinculado a San José, conversamos con varios padres de familia de la Diócesis de Alcalá de Henares para que nos hablen sobre la paternidad, la educación de los hijos, la libertad o el egoísmo.

Ignacio explica, entre otras cosas, cómo supo que San José le acompañó a él y a su mujer en el nacimiento de su hijo pequeño, que nació un 25 de diciembre. Afirma que lo más valioso que puede transmitir a sus hijos es la fe. No deja de creer aunque el Atlético de Madrid le haga sufrir cada fin de semana.

¿Siempre quisiste ser padre?

Es un deseo que he tenido en el corazón, pero no siempre ha estado presente. He tenido etapas en mi vida en las que no lo he rechazado, pero no era incluso lo que pensaba que el Señor quería para mí. Descubrir que esa era mi vocación fue una gran alegría.

Suele hablarse de instinto maternal. ¿Crees que el instinto paternal se tiene?

No hablaría de instinto, que parece que refiere más a los impulsos biológicos. Creo que sería algo que está más en la esencia del ser humano.

¿Se está preparado para ser padre o uno aprende «sobre la marcha»?

Como todo en la vida, puede estar latente y aflora con las circunstancias de la vida. Ser padre es una faceta más del amor humano. Y el aprendizaje en el amor no acaba nunca. Luego en las cosas más concretas, incluso hasta más materiales, claro que se va aprendiendo. Uno se convierte en padre de la noche a la mañana, sin ser del todo consciente del camino que tiene que recorrer.

¿Qué diferencias hay, a nivel personal, entre el nacimiento de tu primer hijo al nacimiento del último?

Que los años pasan, tanto para lo bueno como para lo malo. En mi caso particular, creo que no he dado por supuesto nada en ninguno de los casos. Con mi hija mayor por supuesto que no, porque todo era nuevo. Pero la realidad te demuestra que con los que han venido posteriormente también ha sido todo nuevo, por que tú estás en distintas condiciones, tu matrimonio está en otro momento, tu familia ha cambiado porque con la primera, la casa estaba vacía, con el último ya había tres hermanos esperando.

¿Qué valores inculcas a tus hijos y por qué esos valores te parecen importantes?

No me gusta mucho la palabra inculcar, porque parece denotar cierto empeño o ejercer cierta fuerza a la hora de transmitir lo que quieres. Yo prefiero hablar de que les muestro lo bueno, pero lo Bueno con mayúsculas. Lo más valioso que podemos transmitirle Natalia y yo a nuestros hijos es la fe. Y la mejor manera que creemos que podemos transmitirla es mostrándoles nuestra vida, cómo la vivimos, haciéndoles ver que tenemos un Dios que nos acompaña en todo momento.

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Frente a un mundo tan complejo, ¿es difícil educar a tus hijos? ¿Qué es lo más complicado de esa educación?

Estamos en una situación novedosa, muy distinta a aquella que se encontraron nuestros padres cuando nos educaron. Distinta no significa peor ni mejor. Pero, en el fondo, son circunstancias. Yo prefiero pensar que lo esencial es idéntico, una relación de padres e hijos. Los peligros siempre han estado. Ahora hay unos y antaño había otros. No creo que sirva de mucho vivir angustiado o agobiado con eso. Es el mundo que te ha tocado vivir y para ese mundo la respuesta es la misma que para el mundo de hace 200 años.

En una cultura en la que lo masculino y lo femenino son conceptos tergiversados e incluso diluidos, ¿cómo logras –junto a tu esposa- educar a tus hijos en una sana masculinidad y a tus hijas en una sana feminidad?

Es un poco lo que hablábamos antes en cuanto a lo que yo les muestro. Creo que lo importante es que yo viva una sana masculinidad y Natalia una sana feminidad. Si yo soy un hombre que vive su ser hombre de manera irregular, voy a transmitir esas irregularidades a mis hijos. Para mi hijo de 8 años, su modelo de padre o de hombre soy yo. Es lo que ve día a día. Si yo soy un hombre con conductas machistas, un hombre que no ama debidamente a su madre, un hombre que vive su vida de manera desordenada; es lo que va a ver mi hijo y lo que mi hijo va a considerar, por ahora, como normal.

En tu profesión como abogado, ¿también estás llamado a vivir la “paternidad” de algún modo?

Bueno, eso no lo creo tanto. La relación con mis clientes es meramente profesional. Ciertamente, por la materia que manejo, el derecho penal, es una materia que ahonda más en lo personal. Por ello, es verdad que en ocasiones hay un vínculo mayor, porque el cliente suele depositar una gran confianza en ti. En esas ocasiones sí hay oportunidad de mostrar parte de tu bagaje personal o de ser una mano o un apoyo para esa persona. Pero no desde la perspectiva de paternidad, sino más desde la del amigo o consejero.

¿Los centros penitenciarios cambian a un padre de familia que ha cometido un delito? 

Hay una cierta tendencia a la romantización de la delincuencia. Al menos desde mi experiencia, existe un elevado porcentaje de presos que son verdaderos delincuentes profesionales. Es decir, su modus vivendi es la actividad delictiva por la que han acabado en prisión y es verdaderamente difícil que eso pueda cambiar. Por eso, cuando ves que alguien en esa situación cambia, también te alegras.

Siendo abogado, ¿qué se puede hacer para que tu hijo no se convierta en tu cliente por ser un delincuente? 

Es una pregunta muy difícil de responder. En mi experiencia profesional he conocido auténticos dramas en familias que cualquiera de nosotros querríamos tener. Personas que se han criado en familias con una buena educación, con un buen nivel económico, familias católicas, y que se han convertido en delincuentes pertinaces. En el fondo, entra en juego la libertad personal. A lo mejor eran cinco hermanos y cuatro de ellos llevan una vida ejemplar y otro es un delincuente. Los padres dieron el mismo consejo, educaron igual, dieron las mismas oportunidades.

¿La vocación de padre te ha hecho reflexionar en algún momento sobre la propia paternidad de Dios con respecto a ti como hijo de Dios?

Resuena mucho esa frase de que Dios es un Padre bueno que nos ama. Y a partir de ahí, pones tu vida en juego y piensas cómo ser bueno y cómo amar mejor.

¿Pierdes libertad cuando te conviertes en padre?

Al contrario, tu libertad se ejerce mucho más aún. Lo que ocurre es que ese ejercicio de la libertad muchas veces supone una renuncia a tu propio interés en favor de tu familia

Cuando eres padre, ¿se reduce en ti el egoísmo?

El egoísmo es un peligro acechante siempre. Y no dudo que en muchas ocasiones caigo en esa tentación. Es difícil arrancarse de uno mismo las apetencias, las expectativas, los intereses propios. En muchas ocasiones no haces un ejercicio tan meditado de renuncia. Simplemente las necesidades familiares te impiden alcanzar tus deseos más materiales. En ocasiones solo a posteriori descubres que has renunciado por un bien mayor.

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¿Cómo fue el momento en el que supiste que la mujer que tenías frente a ti iba a ser tu esposa? ¿Qué destacarías de ella?

En el momento que descubres que es la compañera que el Señor te está dando. Para mí es la compañera perfecta. Con ello quiero decir que ella tiene sus defectos, sus virtudes, sus errores, sus aciertos, pero toda ella, con todo eso, es la compañía ideal, perfecta para mí. Exclusivamente para mí, porque para otro a lo mejor compartir la vida con ella se convertiría en un desastre.

¿Es importante para ti la figura de San José?

Reconozco que me ha costado mucho acercarme a San José. Durante años ha sido una figura que me ha dejado algo vacío. Pero, ha ido poco a poco creciendo en mí esa compañía de San José en mi tarea, y finalmente con un gran regalo. Os cuento una experiencia. Mi hijo pequeño nació el 25 de diciembre de 2023, poco después de las doce de la noche, en plena Nochebuena. Esa mañana, cuando Natalia empezó a tener contracciones y me lo dijo, a mí rápidamente me vino una imagen, la de San José en ese día, buscando cobijo en las posadas. Supe que San José me acompañaba, como nunca hasta ese momento me había percatado. Lo hablé con ella, y le propuse que el niño, además de Fernando que era su nombre, también llevase el nombre de José. Cuando ya íbamos al Hospital en Nochebuena, a media noche, con el frio, con sus dolores, San José nos acompañaba. Sinceramente, ambos tenemos una experiencia preciosa de esa noche. Y hoy tenemos un recuerdo muy presente con nuestro hijo Fernando José.

Responde en pocas palabras:

  • Un libro que te haya ayudado en tu vocación como padre: «Padres fuertes, hijas felices», de Meg Meeker.
  • Un libro que te haya ayudado en tu vocación como esposo: «De dos en Dios», de Javier Vidal-Quadras.
  • Un referente como figura paterna: Mi padre, es obvio. Pero también muchos hombres que he conocido en la parroquia que han vivido su paternidad desde la fe.
  • Un santo al que acudes para pedir su intercesión: San Ignacio de Loyola y San José María
  • Como padre, ¿qué le pides a la Diócesis de Alcalá de Henares?: Que nuestro obispo sea un buen Padre. Y con él, sus sacerdotes. Lo demás viene por añadidura.
  • El mejor lugar para rezar en la diócesis de Alcalá de Henares con tu familia es: Para mi familia, sin lugar a dudas, mi parroquia. Es el lugar de encuentro con Cristo que hemos tenido Natalia y yo.

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