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Así vivieron la Hna. Lucía, agustina de Alcalá, y su comunidad religiosa la elección del Papa León XIV

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A finales de mayo, en el programa El Espejo de la Diócesis de Alcalá, que se emite cada viernes en COPE, entrevistamos a la Hna. Lucía Fortea, religiosa del Monasterio de la Conversión en Sotillo de la Adrada (Ávila) que vivió toda su infancia y parte de su juventud en Alcalá de Henares, muy vinculada a la parroquia de San Pedro, en la Catedral-Magistral.

Hoy nos abre las puertas el Monasterio de la Conversión en Sotillo de la Adrada. Tenemos al teléfono a la hermana Lucía Fortea, religiosa agustina que en su día formó parte de la parroquia de San Pedro en Alcalá de Henares y que vive entregada a la vida contemplativa desde 2008. Hermana Lucía, muchas gracias por atendernos.

Hola, buenas tardes. Muchísimas gracias a vosotros por poneros en contacto con nuestra comunidad.

Queríamos comenzar preguntándole: ¿cómo era vuestra relación con el hermano Robert Francis Prevost cuando era Prior General de los Agustinos?

Pues mira, nuestra comunidad entró en contacto con el padre Robert cuando empezó su servicio como Prior General en 2003. En ese momento nuestra comunidad tenía apenas tres años de vida, y él mostró desde el primer momento un gran interés por conocer nuestra realidad y por acompañarnos. Quiso pasar por Becerril de Campos, donde estábamos entonces, y se quedó un par de días para escucharnos, para saber cuál era el deseo que llevábamos en el corazón con respecto a esta vida agustiniana que empezábamos a vivir. Desde el principio mostró una gran capacidad de escucha, deseo de ayudarnos y un sincero interés por apoyarnos en nuestro camino.

¿Qué rasgos destacarías de él como religioso y como cabeza de la Orden de San Agustín?

Es un hombre profundamente servicial, algo que ya está mostrando en estos primeros momentos como Papa. Es una persona abierta, serena, tranquila, muy espiritual. Vive una fe profunda, que transmite con sencillez y con una gran alegría del Evangelio. Tiene una apertura muy especial al Espíritu y un carisma misionero que ya vivía entonces como Prior General. Esa capacidad de entrega y de escucha ha sido siempre muy suya.

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¿Cómo recibisteis, tanto tú como tu comunidad, la noticia de su elección como Papa?

Fue un momento de inmensa alegría. Decíamos que no era una alegría cualquiera, era un júbilo muy especial. Llevábamos tiempo rezando por el nuevo sucesor de Pedro desde la muerte del Papa Francisco, y sabíamos que entre los candidatos podía estar nuestro hermano. Era la primera vez que un agustino aparecía como posibilidad real, así que estábamos expectantes. Vivimos ese momento todas juntas en comunidad, en la sala, esperando la noticia. Cuando escuchamos «Robert Franciscus», fue un grito de júbilo. Ni siquiera escuchamos el nombre que eligió como Papa, eso lo supimos después, porque la emoción era enorme. Es muy impresionante que ahora sea Papa un hermano con el que hemos caminado tan de cerca.

Has hablado antes de su espiritualidad, su capacidad de escucha, su carácter misionero… Viendo todo esto, ¿qué esperas de su pontificado como León XIV?

Yo espero lo que espera la Iglesia en este momento: un espacio de diálogo, comunión y paz. Desde el primer momento, sus palabras han sido «la paz sea con vosotros». Esto es muy agustiniano, ese deseo de unidad, reconciliación y comunión. Él lo ha dicho claramente: «soy un hijo de San Agustín». Creo que su pontificado traerá un nuevo aire en este sentido, un impulso fuerte hacia la fraternidad. Su corazón misionero y su capacidad de mirar lo pequeño, de preocuparse por los más necesitados, van a ser claves. Tiene ese deseo de tender puentes hacia los más vulnerables, hacia quienes más sufren, como los migrantes o los olvidados. Estoy convencida de que quiere servir desde su nueva misión para que la Iglesia viva con mayor unidad y fraternidad.

Es muy bonito que tú hayas sido parte de la parroquia de San Pedro en Alcalá de Henares, que ahora parece tener un vínculo especial con el Papa. ¿Qué recuerdas de esa etapa como feligresa?

Pues en la parroquia de San Pedro crecí en la fe. Tengo en el corazón un profundo sentimiento de gratitud. Ahí están mis raíces, allí di mis primeros pasos, descubrí mi vocación, compartí la vida en comunidad. Recuerdo ese tiempo con muchísima alegría. Éramos un grupo de jóvenes que nos reuníamos cada viernes para hablar de Jesús, para estar con Jesús. Eso nos hizo crecer en la fe, como grupo y como personas. Cada uno fue descubriendo su vocación. Para mí, San Pedro es sinónimo de gratitud y alegría.

Muchas gracias, hermana Lucía, por compartir con nosotros esta vivencia tan profunda y cercana del nuevo Papa León XIV.

Muchísimas gracias a vosotros.

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