Roberto Fernández, emprendedor e ‘inesperado’: «Creo que todos los católicos somos unos emprendedores porque es constante la lucha hacia nuestro objetivo, nuestra empresa, que es la santidad»

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Muchas veces no esperamos que alguien con quien coincidimos en nuestro día a día a nivel personal personal o profesional tenga fe. En nuestra serie «inesperados» entrevistamos a personas que por su perfil o su actividad profesional quizá pensaríamos que no son católicos y que de forma imprevista nos sorprenden con un sí. En esta ocasión hemos podido conversar con Roberto Fernández, diocesano de Alcalá de Henares, que se define a sí mismo como un emprendedor que ha desarrollado su labor profesional en diferentes sectores, desde el gastronómico hasta el vinculado con el blockchain. Hemos conocido cómo su deseo de ser militar se truncó y años después se ha dado cuenta de que esa era la voluntad del Señor. Ha dado algunos consejos a los emprendedores católicos y ha explicado el papel que tiene su moral cristiana en la vida empresarial. ¿Quién es Roberto Fernández? Tengo 50 años, vivo en Alcalá de Henares prácticamente desde que tenía tres años. Nací en Madrid y toda mi vida se ha desarrollado en Madrid y más concretamente en Alcalá de Henares. Me dedico a emprender, sobre todo. Soy un emprendedor aunque no es algo que yo busqué, sino que fue algo que me fue encontrando a mí. Mi padre y mi abuelo eran militares y yo quise seguir esa carrera, pero por diferentes motivos mi camino me llevó hacia otro sitio. Entonces me he dedicado toda la vida a emprender y hoy día sigo haciéndolo. Más que empresario, yo me defino como emprendedor. Aunque te defines como emprendedor, ¿en qué momento llegas a todo el tema del sector empresarial y de la hostelería? Desde pequeño siempre me ha encantado el mundo de la empresa, de la economía, hacer cosas, generar valor. Generar valor es una frase que decimos hoy día, cuando eres pequeño no piensas en eso, pero sí en transformar unas cosas en otras, en que sean útiles y en estar siempre pensando y haciendo estrategias nuevas para hacer de manera diferente las mismas cosas. Esto es lo que a mí me ha motivado. Desde los 18 años, desde que acabo el instituto y ya empiezo a ver qué iba a estudiar y demás, ya viendo que no iba a ser la carrera militar, ahí ya empiezo a emprender algunas pequeñas cosas más en serio. ¿Y qué es lo que consideras más difícil del emprendimiento? A ver, la constancia sobre todo. Conozco gente que tiene muy buenas ideas, todos tenemos muy buenas ideas. Lo difícil es mantenerse ahí, seguir, no de una manera inconsciente pero hay que seguir y hay que lucharlo, hay que buscar otros caminos alternativos si es lo que quieres. Y cuando ya veas que algo no llega a ningún sitio, si ves que ya no te motiva, pues quizás sí que en ese momento, abandonar. Pero hay que insistir mucho porque las cosas no son fáciles. Esto es lo más complicado. No es tener una buena idea solamente. Esto yo creo que es lo fácil. Aunque parezca incoherente, esto es lo fácil. Y lo difícil es insistir. ¿Y lo más difícil de la gestión de una empresa? Lo más complejo, por todo lo que conlleva, es la gestión del personal. Al final, tratas con personas, cada uno tenemos nuestras cosas, hay que saber entender a todo el mundo y esto llevarlo al mundo de la empresa y del negocio. No estás tratando con máquinas. Hoy en la época de las máquinas y de la inteligencia artificial (IA) nos olvidamos de que al final todos somos personas y tienes que tratar siempre con alguien. Y esto quizás sea lo más complejo. ¿Qué es lo más bonito y lo más agradecido de tu trabajo? Lo más bonito es el poder desarrollar tus propios proyectos, tener ideas, luchar por ellas, el motivarte, el no tener unas reglas que te encasillen en un día a día muy monótono. Sino que al final, cada día que te levantas tienes una agenda, pero esto va cambiando, van surgiendo cosas… y entonces lo bonito es esto, el poder llevar día a día caminos diferentes, aprender cosas nuevas. No paras de aprender. Yo creo que en los trabajos normales también, pero llega un momento que la curva de aprendizaje se aplana y aquí no. Aquí la curva de aprendizaje siempre va arriba porque siempre estás aprendiendo cosas nuevas. Quiero remontarme, antes de seguir, un poquito para atrás. Tú querías seguir la carrera militar como tu padre y tu abuelo, pero tuviste que cambiar. ¿Este cambio te costó? Y si te costó, ¿cómo lograste vencer esta frustración? La verdad que sí que fue una frustración. Yo quería entrar en la carrera militar y por un cierto motivo no pudo ser. Y esto fue lo que más me costó. No tanto el desarrollar un nuevo camino, que esto se fue abriendo poco a poco con mis aptitudes, con las cosas que también me llamaban la atención, pues fui cogiendo el camino. Pero el abandonar el camino del Ejército, ese ya fue el más complicado. De hecho, empecé a estudiar en la universidad y aún así entré en el Ejército como soldado profesional. Ahí estuve cinco años mientras que estudié la carrera de Derecho. Pero no era lo que yo quería, yo había pensado más en mi vida militar como una carrera hacia la aviación, piloto si hubiera podido entrar y demás. Es verdad que los cinco años que estuve en el Ejército fueron para mí buenísimos, pero ya vi que no terminaba de ser lo que quería… terminé de soltar mi frustración como militar y ahí empezó mi carrera haciendo otra serie de cosas. ¿Un emprendedor y empresario puede desconectar o siempre hay temas que está resolviendo? Tengo 50 años y yo no he conseguido hacerlo todavía. Supongo que se podrá pero yo no sé. Igual en los próximos años consigo aprender este tema. Es muy complicado porque los que estamos aquí un poco porque queremos, siempre estamos pensando cosas nuevas y esto no para. O sea,

Javier Bello, directivo del sector financiero, profesor universitario e ‘inesperado’: «No debería haber un mundo empresarial sin Dios»

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En nuestro día a día compartimos la vida con personas de todo tipo. Ya sea en el trabajo, haciendo deporte o en otros momentos de ocio conversamos de cualquier tema con hombres y mujeres pero muchas veces desconocemos si tienen o no tienen fe. En nuestra serie «Inesperados» hemos entrevistado a Javier Bello, diocesano de Alcalá de Henares, directivo del sector financiero, alcalde de la ciudad complutense entre los años 2012 y 2015, y profesor universitario. Nos ha hablado sobre cómo reza, ha explicado cómo la muerte de su madre supuso un antes y un después en su vida de fe, se ha emocionado dos veces durante la entrevista y ha contado cómo sus alumnos en el máster le dan energía y ve en ellos unas ganas de comerse el mundo, buena ambición y de ser los directivos del futuro. ¿Quién es Javier? Soy Javier Bello, tengo 55 años, nací aquí en Alcalá de Henares. Actualmente trabajo en el sector financiero. Llevo casi 30 años dedicado a los recursos humanos en el sector financiero. También soy director de Máster de Recursos Humanos en la Universidad CEU San Pablo. ¿Dónde vives la fe? La fe la vivo en familia, en casa, en el trabajo. Intento que mi día a día sea un fiel reflejo de lo que pienso y lo que creo. La vivo en parroquia también porque voy a Misa a diferentes lugares aquí en Alcalá de Henares. Cuando tengo que viajar intento buscar una iglesia o una parroquia cerca que me ayude. Salgo bastante por el río a andar y a correr, y paro mucho en la ermita de la Virgen del Val. Pero fundamentalmente en familia, con amigos, en algún centro, con diferentes grupos también de voluntariado… Creo que todo el día a día intento que sea fe. Recogiendo un poco lo primero que has dicho, has hablado de tu trabajo, a la hora de incorporar talento a una empresa, ¿crees que tiene más peso un buen currículum o una buena actitud? Bueno, muy buena pregunta. Yo creo que para incorporar un buen talento a una organización tiene que haber, digamos, materia gris. Tiene que haber un poco, a cierto nivel, intelectual, conocimiento, etc., parte técnica. Pero fundamentalmente yo apuesto más por una muy buena persona. Es decir, una buena persona se puede formar y puede mejorar. Una persona que técnicamente es muy buena pero adolece de ciertas bondades es mucho más difícil de encajar en cualquier organización. Por lo tanto apuesto más por la bondad y por la generosidad que por el conocimiento. En tu sector, Javier, ¿qué verdad incómoda nadie quiere escuchar? Yo creo que la verdad incómoda es la propia verdad. Yo creo que lo honesto siempre sería decir cien por cien la verdad. Cuando te has equivocado, cuando algo no va a salir bien, deberíamos advertirlo y no sucumbir un poco a los mensajes de jerarquía y cosas así. Yo creo que la verdad está infravalorada, en general en todo el mundo pero por miedo, por respeto, por modelos… a veces cuesta decir la verdad. También, ¿qué es la verdad? Esa es una gran pregunta. Todos queremos estar en posesión de la verdad, pero yo creo que ponerla en común, en el cien por cien de las posibilidades que deberías de ponerla en común, nos haría a todos mucho mejor. Trabajas para un banco, trabajas formando personas, ¿es sencillo presentar a Dios en tu sector y hablar de Él? Más que hablar, yo creo que hechos son palabras. Tienes que manifestarlo. Porque si yo digo que soy católico y voy a Misa, pero luego hago el mal o intento torpedear a algún compañero, yo creo que es mal ejemplo. Por lo tanto, yo creo que más que palabras son hechos. Creo que con tu día a día, con un saludo cariñoso, con una sonrisa, con ayudar a un compañero en un momento determinado que no puede, con contar tu verdad, que los que somos católicos y cristianos vivimos bajo la Verdad. En absoluto y con mayúscula. Esa es la verdadera forma de llegar a los demás. Predicar con el ejemplo, santificarse en el trabajo, santificar el trabajo y sobre todo estar disponible para todo el mundo siempre, con lo más posible que puedas de sonrisa y tomando las contrariedades de la vida como una forma también de mortificación, de crecimiento y de llegar hacia Dios. ¿Tienes alguna anécdota que nos puedas contar de un momento en el trabajo donde tuvieras la oportunidad de presentar a Dios y hablar de Él? He tenido varias oportunidades. El hecho de dar clase o estar en diferentes foros te ayuda bastante porque predicas con el ejemplo. Hubo un momento en el que me tocó hacer mentoring a través de un voluntariado. Fue con un joven universitario que tenía problemas. Tuvo problemas la familia, tuvo problemas él, terminó la carrera y no encontraba trabajo. Entonces le acompañamos en una mentoría para, una vez que sales de la universidad, encontrar fácilmente trabajo. Me acuerdo que esta persona me vino a decir que no sabía por qué estaba conmigo, primero porque trabajaba en banca y odiaba los bancos, porque había visto mi pasado político y era de derechas, porque encima le dije que era católico, o sea, era como la antítesis a lo que yo representaba, a lo que representaba a él, sus valores. Yo le dije, ‘oye, nos han macheado, nos han puesto a los dos en común, vamos a intentarlo, a ver qué sale de aquí. Pero si no quieres estar conmigo, yo encantado, te deseo todo lo mejor’. Y fue muy curioso porque desde la primera conversación, desde la primera mirada entre los dos, hubo química. Yo creo que él estaba necesitado de que alguien le contara, de que alguien hablara con él, como se suele decir, a calzón quitado, y yo tenía ganas de alguien como él que me pusiera un reto, porque además intelectualmente era una persona muy buena, joven, valiente, muy directo. Y yo

Adrián, joven diocesano complutense: «Necesito personas con las que vivir mi fe para no quedarme en mí mismo»

Testimonio Adrián

Adrián Fernández es un joven de 27 años residente en Alcalá de Henares que vive su fe en la parroquia de santo Tomás de Villanueva en el barrio de Espartales de la ciudad complutense. Está casado desde hace casi cuatro años con Sara, joven de la diócesis de Alcalá de Henares, y tienen dos hijos. Es terapeuta ocupacional y profesor de religión en un instituto público y en un colegio concertado. En nuestra serie de entrevistas «¿Qué hace un joven como tú en un sitio como este?», donde conocemos la vida de fe de diferentes jóvenes diocesanos, hemos podido conversar con él. Nos habla de la evangelización como una aventura y una lucha a contracorriente, del sufrimiento al ver que la vida de su hijo pequeño peligraba, y del santo que vivió en una isla de leprosos.   Adrián, ¿qué hace un joven como tú en un lugar como la Iglesia? Yo estoy bautizado de pequeño, gracias a mi abuela especialmente, porque mis padres no vivían la fe. Pero a partir de ahí no tuve contacto con la Iglesia durante 15 años. Cuando cumplo 15 años empiezo a tener un poco más de curiosidad por las cosas relacionadas con la fe, buscando un poco un sentido a la vida porque la verdad es que pasaba por muchos sufrimientos y por mucha soledad. No tenía una buena relación con mis padres. Empecé a ir a una iglesia con mi tía en verano; tuve más curiosidad… Yo estudiaba en el colegio Alborada, y empecé a ir ahí a Misa; y a partir de esas experiencias y de esa curiosidad me ofrecieron conocer más al Señor. Recibí unas catequesis personalizadas por mi edad e hice la primera comunión con 15 años ahí en el colegio. La Confirmación poco después, y a partir de ahí mi vida ha girado siempre en torno a la fe y a la vida de la Iglesia. ¿Cómo es ir contracorriente en un mundo que no cree? La verdad es que siempre me he sentido como muy batallando ante el mundo, tanto antes como después del encuentro con el Señor. Entonces, la cosa cambió mucho porque ya estaba acostumbrado a ir a contracorriente, pero con el Señor ya la cosa era un poco diferente, ya uno se sentía acompañado. Uno se siente como despreocupado de lo que puede venir, ¿no? Porque sabe que hay alguien que lleva la vida. Y entonces lo vivo con paz, con alegría. A veces me cuesta, porque sufro el rechazo, a lo mejor, de gente de mi familia o de gente con la que tengo más cercanía y eso siempre es duro, esa incomprensión tan cercana… Pero bueno, es una aventura, no lo vivo con intranquilidad sino con la alegría de ir viendo cómo la gente se ha ido acercando a Dios a partir de esa lucha de ir a contracorriente. Y en esa lucha, ¿cómo evangelizas? Es verdad que hago muchas cosas activamente, y a lo mejor hacemos desde la parroquia formación de adultos o en mi propio trabajo como profesor de religión  con los chavales siempre es un momento de evangelización, pero siempre considero que la mayor evangelización es con la propia vida. En la medida en la que yo salgo de mí mismo y la gente ve cómo esa entrega no viene de mí mismo, porque además me conocen y saben que por mí no me entregaría, yo creo que ese es el mayor testimonio: que otros vean cómo nos amamos. Y de ese amor pues que la gente verdaderamente diga “aquí hay algo diferente”. Más o menos es lo que me pasó a mí. ¿Cómo te ayuda tu fe en tu trabajo como profesor de religión y cómo transmites esa fe dentro del ambiente actual? Yo creo que hace mucho que yo intento dar las clases con el entusiasmo de querer que eso no se quede únicamente en algo académico, que al final es lo primordial porque estamos en el entorno académico y tienen que aprender ciertas cosas que luego les sirvan para la vida en relación con la fe. Pero ese entusiasmo con el que transmito las cosas y con el que busco no solo que aprendan cosas sino que se encuentren con Alguien es la dinámica que intento seguir con ellos. Después de tu conversión a los 15 años, ¿ha habido algún punto de inflexión en tu vida de fe?  Sí, me doy cuenta de que la primera conversión era volverse hacia Dios, empezar a conocerle, empezar un camino con Él. Pero luego quizás el cambio fuerte se ha ido dando cuando han llegado los momentos de más sufrimiento, porque el momento de sufrimiento es como el momento de inflexión. Al final las actividades, los retiros, las JMJ son momentos que me animan en mi fe porque veo que otros viven lo que vivo yo, pero es en los momentos de sufrimiento en los que yo he visto que el Señor me ha ido transformando. Y antes el sufrimiento lo vivía con angustia, con tristeza, y en la medida en la que se han ido dando momentos de sufrimiento eso me ha ayudado a acercarme más a Dios, en vez de alejarme de Él. Un momento de sufrimiento, si pudieras contarnos uno… Tuve un hijo en mayo y al nacer estuvo muy, muy enfermo, casi se muere… Y la verdad es que fueron unos momentos… Nunca he estado más unido a mi mujer, y nunca he estado más unido a mi familia y al Señor porque en el sufrimiento nos hemos hecho fuertes en la fe. En la medida en la que el Señor da sentido incluso a momentos tan oscuros la fe yo creo que madura y crece interiormente. ¿Cómo se concreta luego tu fe en el día a día?  Bueno, intento cuidar siempre a diario tener un rato de oración, suelo ir a Misa todos los días… y luego tengo algunos grupos en los que me doy: formación a adultos o atención a ciertas personas… Y luego