Javier Bello, directivo del sector financiero, profesor universitario e ‘inesperado’: «No debería haber un mundo empresarial sin Dios»

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En nuestro día a día compartimos la vida con personas de todo tipo. Ya sea en el trabajo, haciendo deporte o en otros momentos de ocio conversamos de cualquier tema con hombres y mujeres pero muchas veces desconocemos si tienen o no tienen fe.

En nuestra serie «Inesperados» hemos entrevistado a Javier Bello, diocesano de Alcalá de Henares, directivo del sector financiero, alcalde de la ciudad complutense entre los años 2012 y 2015, y profesor universitario.

Nos ha hablado sobre cómo reza, ha explicado cómo la muerte de su madre supuso un antes y un después en su vida de fe, se ha emocionado dos veces durante la entrevista y ha contado cómo sus alumnos en el máster le dan energía y ve en ellos unas ganas de comerse el mundo, buena ambición y de ser los directivos del futuro.

¿Quién es Javier?

Soy Javier Bello, tengo 55 años, nací aquí en Alcalá de Henares. Actualmente trabajo en el sector financiero. Llevo casi 30 años dedicado a los recursos humanos en el sector financiero. También soy director de Máster de Recursos Humanos en la Universidad CEU San Pablo.

¿Dónde vives la fe?

La fe la vivo en familia, en casa, en el trabajo. Intento que mi día a día sea un fiel reflejo de lo que pienso y lo que creo. La vivo en parroquia también porque voy a Misa a diferentes lugares aquí en Alcalá de Henares. Cuando tengo que viajar intento buscar una iglesia o una parroquia cerca que me ayude.

Salgo bastante por el río a andar y a correr, y paro mucho en la ermita de la Virgen del Val. Pero fundamentalmente en familia, con amigos, en algún centro, con diferentes grupos también de voluntariado… Creo que todo el día a día intento que sea fe.

Recogiendo un poco lo primero que has dicho, has hablado de tu trabajo, a la hora de incorporar talento a una empresa, ¿crees que tiene más peso un buen currículum o una buena actitud?

Bueno, muy buena pregunta. Yo creo que para incorporar un buen talento a una organización tiene que haber, digamos, materia gris. Tiene que haber un poco, a cierto nivel, intelectual, conocimiento, etc., parte técnica. Pero fundamentalmente yo apuesto más por una muy buena persona.

Es decir, una buena persona se puede formar y puede mejorar. Una persona que técnicamente es muy buena pero adolece de ciertas bondades es mucho más difícil de encajar en cualquier organización. Por lo tanto apuesto más por la bondad y por la generosidad que por el conocimiento.

En tu sector, Javier, ¿qué verdad incómoda nadie quiere escuchar?

Yo creo que la verdad incómoda es la propia verdad. Yo creo que lo honesto siempre sería decir cien por cien la verdad. Cuando te has equivocado, cuando algo no va a salir bien, deberíamos advertirlo y no sucumbir un poco a los mensajes de jerarquía y cosas así. Yo creo que la verdad está infravalorada, en general en todo el mundo pero por miedo, por respeto, por modelos… a veces cuesta decir la verdad.

También, ¿qué es la verdad? Esa es una gran pregunta. Todos queremos estar en posesión de la verdad, pero yo creo que ponerla en común, en el cien por cien de las posibilidades que deberías de ponerla en común, nos haría a todos mucho mejor.

Trabajas para un banco, trabajas formando personas, ¿es sencillo presentar a Dios en tu sector y hablar de Él?

Más que hablar, yo creo que hechos son palabras. Tienes que manifestarlo. Porque si yo digo que soy católico y voy a Misa, pero luego hago el mal o intento torpedear a algún compañero, yo creo que es mal ejemplo. Por lo tanto, yo creo que más que palabras son hechos. Creo que con tu día a día, con un saludo cariñoso, con una sonrisa, con ayudar a un compañero en un momento determinado que no puede, con contar tu verdad, que los que somos católicos y cristianos vivimos bajo la Verdad. En absoluto y con mayúscula.

Esa es la verdadera forma de llegar a los demás. Predicar con el ejemplo, santificarse en el trabajo, santificar el trabajo y sobre todo estar disponible para todo el mundo siempre, con lo más posible que puedas de sonrisa y tomando las contrariedades de la vida como una forma también de mortificación, de crecimiento y de llegar hacia Dios.

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¿Tienes alguna anécdota que nos puedas contar de un momento en el trabajo donde tuvieras la oportunidad de presentar a Dios y hablar de Él?

He tenido varias oportunidades. El hecho de dar clase o estar en diferentes foros te ayuda bastante porque predicas con el ejemplo. Hubo un momento en el que me tocó hacer mentoring a través de un voluntariado. Fue con un joven universitario que tenía problemas. Tuvo problemas la familia, tuvo problemas él, terminó la carrera y no encontraba trabajo. Entonces le acompañamos en una mentoría para, una vez que sales de la universidad, encontrar fácilmente trabajo.

Me acuerdo que esta persona me vino a decir que no sabía por qué estaba conmigo, primero porque trabajaba en banca y odiaba los bancos, porque había visto mi pasado político y era de derechas, porque encima le dije que era católico, o sea, era como la antítesis a lo que yo representaba, a lo que representaba a él, sus valores. Yo le dije, ‘oye, nos han macheado, nos han puesto a los dos en común, vamos a intentarlo, a ver qué sale de aquí. Pero si no quieres estar conmigo, yo encantado, te deseo todo lo mejor’.

Y fue muy curioso porque desde la primera conversación, desde la primera mirada entre los dos, hubo química. Yo creo que él estaba necesitado de que alguien le contara, de que alguien hablara con él, como se suele decir, a calzón quitado, y yo tenía ganas de alguien como él que me pusiera un reto, porque además intelectualmente era una persona muy buena, joven, valiente, muy directo. Y yo le pedía al Señor ‘échame una mano’ porque yo creo que merece la pena.

Y efectivamente mereció la pena. No solamente le ayudé en ese proceso de mentoría sino que encontró trabajo rápido en Madrid, se vino a vivir a Madrid, y creo que además tiene una fe vivida y una fe activa ahora mismo. Me dijo una de las últimas frases, ‘de verdad que yo no me pensaba que podría encontrarme alguien así’. Y cuando representaba todo lo contrario a lo que él decía representar.

Precisamente por esa diferencia, por esa forma de hablar, por los gestos, por la manera de intentar llevarle hacia la Verdad, lo que a mí me hacía feliz no es otra cosa que a él. Yo creo que él lo vivió también como una experiencia y me ha ayudado a crecer bastante porque en plazas difíciles no hay que tirar la toalla. Ahí es donde más se necesita actuar. Y en este caso me alegro mucho por él, sé que está feliz y que tiene su vida plena. La tendría de la otra forma seguro también, digo yo, pero en este caso Dios nos puso en el camino, lo necesitaba y yo supe hacerlo también, que a veces no sabemos hacerlo.

¿Qué crees que aporta una persona de fe católica a una empresa?

Tenemos un referente brutal, tenemos el liderazgo de Jesucristo, ya está. Creo que no habría que decir nada más. Si todos los cristianos siguiéramos al cien por cien el liderazgo de Jesucristo, la forma de actuar, cómo Él gestionaba equipos, cómo Él multiplicaba donde no había, cómo Él sacaba horas para atender a todo el mundo, cómo tenía la palabra, la mirada y el abrazo justo, cómo sanaba corazones, aparte del cuerpo, por supuesto, o sea, simplemente con el liderazgo de Jesucristo.

Yo creo que el liderazgo de Jesucristo. Ahora le podemos poner palabras en inglés… que queda muy bien… Pero yo creo que el liderazgo de Jesucristo está, como se suele decir en la radio, de rabiosa actualidad. Hacer el bien sin esperar nada a cambio, ayudar a los demás, convencer con obras y no solamente con palabras. Yo creo que ese es el mejor paradigma de la representación de un católico y, sobre todo, sentirte hijo de Dios… yo creo que eso te da cierto nivel.

Esto de ‘¿cómo que yo soy hijo de Dios?’. Cuidado, esto de la filiación divina, si lo sabemos los católicos, los cristianos en general somos capaces de entenderla, te da un plus, no de soberbia ni nada, por supuesto, pero es un plus de tranquilidad que te hace actuar con el referente de Jesucristo, con ese modelo de liderazgo en un mundo actual.

Yo vivo aquí y caigo como caemos todos, cometo pecados como todo el mundo, necesito a la Iglesia y necesito la confesión como necesito a un médico para sanar. Pero todo el conjunto yo creo que es el mejor referente. Y eso puesto al servicio de los demás es la mejor carta de presentación.

¿Ahora mismo parece que la fe está dejando de ser un poco tabú. ¿Crees que hay sitio para Dios en el mundo empresarial?

No debería haber un mundo empresarial sin Dios. Como no debe haber educación sin Dios, no debe haber sanidad sin Dios, no debe haber políticas en general, social, económicas, sin Dios. Lo anacrónico es sacar a Dios de todo aunque parezca que estaba de moda en un tiempo determinado. Y lo lastimoso es que saquemos a Dios de todo. Claro que Dios cabe absolutamente en todo. A lo mejor Dios nos pilla un poco más etéreo, más lejano a todo el mundo pero tenemos tres figuras clave.

Tenemos a Jesucristo y tenemos a nuestra madre, a la Virgen María. Tenemos a San José, un artesano, un hombre que se dedicó en una vida oscura, tranquila y humilde a sacar adelante a una familia, nada más y nada menos que la familia de Dios, es decir, a Jesucristo. Tenemos a la Virgen María, una madre excepcional que te acompaña siempre.

Si Dios te pilla lejos, tenemos tres figuras humanas que nos han acompañado en la Historia. Han estado ahí y siguen estando con todos nosotros. Creo que no hay motivo para echar a Dios de la sociedad, sino que hay motivo para pedir otra vez que reincorporemos a Dios en todos los aspectos en los que le hemos echado.

¿Puede la fe católica influir a la hora de liderar equipos?

Bueno, debe. Además, debe porque lo ha hecho. Si miramos la historia de la humanidad, la historia de Occidente, muchas de las grandes empresas humanas han sido referentes de la tradición católica, de la tradición de los Padres de la Iglesia y de la tradición de las diferentes órdenes religiosas, de los carismas de la Iglesia, etc. La conquista de América, el descubrimiento de América, esa obra ingente no hubiera sido posible sin la fe. Hubiera sido otra cosa.

Hubiera sido mejor, a lo mejor, yo no digo que no, pero no hubiera sido esa obra ingente de aventurarse en un nuevo mundo con unos métodos técnicos que no sabías si sobrevivías a un viaje en barco, de llegar a una tierra nueva y decir, ‘¿esto qué es?’. Y vamos a intentar ver a otros seres humanos, que estaban allí haciendo otras cosas con sus luces y con sus sombras, y culturizar y además también darle un sentido más sobrenatural. Creo que eso fue posible.

Y cuando digo la conquista de América, digo cualquier otra obra humana. Siempre que está bañada o perfumada por el halo de lo católico, de lo cristiano, de lo religioso, tiene esa mira sobrenatural, es una empresa de éxito. Yo creo que Dios no se equivoca nunca. Nos pone a prueba y, a veces, por el ego humano nos equivocamos en algo que creíamos que el Señor nos había pedido que hiciéramos.

Las grandes obras humanas han demostrado que la Iglesia católica en el contexto histórico de la humanidad ha sido uno de los mayores referentes de libertad, de igualdad, de desarrollo económico, de desarrollo cultural, con sus luces y con sus sombras. Porque no podemos juzgar con la mentalidad de hoy lo que se hizo hace 500 años, porque hace 500 años no pensaban así.

¿Qué aprendes de los alumnos a los que enseñas?

Lo primero es que es como un chute de energía. Después de estar toda la semana en tu jornada laboral, en tu mundo, con tus problemas familiares, personales, profesionales, con tu vida, con tu agenda, cuando llegas al aula es como un chute de energía. Al ser profesor de máster, además, estás con jóvenes que ya han terminado la carrera, que van a empezar a trabajar, es decir, ya hay cierta ambición. Y digo la palabra ambición porque es una buena palabra.

Hay cierta ambición de querer conocer más, de querer trabajar, de querer comerse el mundo. Y es como un chute de energía de encontrar gente fresca, gente crítica, cada día más críticos. Gente con una capacidad intelectual cada vez mejor y sobre todo con muchas ganas de comerse el mundo.

Esa es la clave para mí. Que es su momento. Yo me empiezo a dar cuenta de que mi momento se está quedando allá atrás, que ahora es el de ellos, pero compartir, sobre todo tener el privilegio de poder ser constructor de su momento, acompañarles en esa etapa en la que van a construir su vida.

Y eso va a irradiar socialmente porque van a ser directores de recursos humanos, van a ser trabajadores en cualquier otra organización. Van a ser lo que quieran ser. Es un reto bastante importante. Es decir ‘Señor, me estás poniendo en mano a toda esta gente, que no me equivoque en lo que quiero trasladarles para que sean buenos profesionales, mejores personas’.

Si ya a eso le sumamos que van a ser buenos católicos, que encima van a tener una visión social, un componente espiritual, mejor. Pero sobre todo que no me equivoque en lo que voy a hacer con ellos para que sean buenos profesionales y sobre todo mejores personas. Es un reto importante y es apasionante.

¿Ha habido algún momento en el que dijeras que un alumno te ha cambiado la manera de mirar esto en cuanto a la fe?

Me he encontrado hace muy poquito con un joven -uno de los amigos de mis hijas- que la verdad es que me ha sorprendido. Parece que creemos que el hecho de nacer en España, de ser españoles, de entornos más o menos católicos, todos somos católicos. Hemos tenido una educación, nos han enseñado a rezar nuestros padres, nos bautizaron, nos han llevado a la Comunión, la Confirmación al estar en colegios religiosos… bueno, pues no es así.

Y encontrarte con algún joven que, estando en un entorno católico, no le han permitido ser católico y ahora que ya cumple 18 años ha decidido serlo con todas las consecuencias y de hecho se está preparando con la catequesis, se va a bautizar yo creo que en la vigilia pascual del próximo año. Ver la espiritualidad, joven, pura y con esas ganas que tiene… aquí está el Señor, evidentemente, aquí está. No puede ser que un ser humano solo llegue hasta ese punto.

La fortaleza, la ilusión, cuando le ves cómo habla, cuando le miras a los ojos lo que irradia, deseando que llegue el año que viene para bautizarse, hacer la Comunión. Además lo va a hacer en una parroquia en la que quería hacerlo por un hecho especial que coincidió en su vida. El Señor pone la mano en todos, pero aquellos que cogen la mano y dicen ‘yo la quiero’, llevan un camino meteórico.

Y en este caso me ha hecho pensar en la fuerza de la fe viva. Porque cuando vamos cumpliendo edad también va costando, envejece también la fe, se acomoda… Pero cuando la ves con todo su esplendor, con 18 años de fortaleza física, humana, y con esa gana que tiene de implementar en los demás, es un regalo del cielo.

Me considero afortunado de haberle conocido y de que me comparta ciertas confidencias que solamente las ha compartido en el sentido de la fe, con lo cual es un privilegio conocerle, de verdad es… Creo que esa persona va a llegar muy arriba en lo profesional pero con un corazón iluminado por el Señor que creo que le va a hacer grande.

En tu vida profesional tanto como directivo, como alcalde de Alcalá y como profesor en la universidad, ¿has tenido que tomar alguna decisión importante y ha ido por tu fe?

Más que una decisión importante, lo que hay que tomar son pequeñas decisiones guiado por la fe, porque en los pocos es donde hacemos mucho. Cuando tomas una decisión, la tienes que tomar basada en la fe. Es verdad que a veces te arrolla, y lo he dicho antes, ni soy especial ni soy un santo. Mi día a día me arrolla y también a veces tengo que ocultar la verdad o tengo que decir medias verdades…

En un entorno empresarial está todo más ordenado, en un entorno político es mucho más complejo. Pero sí que he intentado siempre, sobre todo en la política, que todas las decisiones que tomaba, como la defensa de la vida, por ejemplo, la he tenido claro cuando he sido político. Había ciertas líneas rojas en ciertos temas que no me las he permitido a mí ni tampoco en mi entorno, con la libertad de que luego cada uno hiciera lo que estimara conveniente, pero es verdad que es muy complejo.

Es muy complejo y te ponen un brete, porque la corriente va por un lado y tú dices, bueno, pero es que esto no es parte de lo que yo creo, confío en lo que yo estoy peleando, y te ponen en un brete. He tenido que tomar alguna decisión importante basada en la fe y algunas han pasado factura. Al no estar dentro de la ideología general, te excluyen. Pero bueno, oye, sin ningún problema porque yo creo que la mejor conciencia es la almohada, es decir, hablar con el Señor en la almohada. Yo quiero dormir tranquilo todas las noches. Si me he equivocado, perdón. Y si lo he hecho lo mejor que he podido, aunque no haya llegado hasta el final, pues es que me han faltado herramientas.

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¿Qué presencia tiene Dios en tu vida?

El hecho de ser consciente de la filiación divina, es decir, que soy hijo de Dios, es un plus. Un plus, es decir, un privilegiado, pero también es un gran hándicap, es un gran reto. No has decepcionado a tu Padre.

Mis padres murieron hace bastantes años. Yo todavía sigo pensando en no decepcionarlos. Ni a ellos, ni a Dios, ni a nuestra Madre. Es un gran hándicap. Para mí es importante no decepcionar, no decepcionar a mi familia y lo he hecho, me he equivocado, pero no decepcionar a nuestro Padre, no decepcionar al Señor, porque requiere muchas dosis de sobriedad. Somos humanos, estamos hechos de barro, de carne y sucumbimos también. Sucumbimos a las pasiones, a las tentaciones, al odio, a la ira… y es muy complejo.

Tengo un amigo que dice que los católicos no estamos envasados al vacío. Me encanta esa expresión. El entorno nos afecta igual. Es un reto no decepcionarle, yo creo que esa es la gran clave. Y a diario hay algo que siempre te mancha la hoja de servicios… He mirado mal aquí, he respondido mal, no he sonreído a tal, me ha pedido mi hija que la haga no sé qué y le he contestado mal, en el trabajo podía haber terminado esto un poco mejor y no lo he hecho… Todos los días. Pero bueno, esto es levantarse y caer, levantarse y caer, levantarse y caer y crecer. Ese es el crecimiento también del cristiano. Y sobre todo la esperanza, que la única forma de llegar a la santidad es así. Los que estamos en el mundo ordinario es caer y levantarte.

¿Cómo se vive el amor al prójimo en la vida política?

Yo creo que es más fácil que en el mundo empresarial, porque en la vida política gobiernas para todos. Yo cuando he sido alcalde de Alcalá lo he sido para toda la ciudad, gobiernas para los que te votaron y los que te entienden, y para los que no. Entonces, como que tienes que poner más amor y más cariño en aquellos que no te entienden, no comparten contigo y no te han votado que con los tuyos.

Los tuyos te entienden y es fácil. Pero cuando alguien no te entiende, no te quiere, no te vota, incluso que está intentando echarte de ahí, tienes que poner más carne en el asador y no solamente en temas técnicos, sino en poner más amor. Tengo casos de vecinos y vecinas de Alcalá que no comulgaban con mi ideología ni mucho menos, pero que somos buenos amigos porque le has demostrado que estabas al servicio de todos.

A mí el Señor me puso para ser alcalde de Alcalá y los ciudadanos, evidentemente, con su voto, pero yo tenía que ayudar a todo el mundo. Y todo el mundo tiene problemas y necesita ser escuchado. Mira, te voy a poner un ejemplo. Yo los jueves por la tarde me quedaba solo en el despacho y, con en el equipo que estaba en el ayuntamiento conmigo, cogíamos los teléfonos de personas que habían venido a visitar esos días la alcaldía, que tenían un problema, que querían que les resolviéramos algo, que no se les escuchaba. Yo llamaba directamente a los vecinos, ‘oye, fulanito, soy Javier, soy el alcalde…’ La gente lo agradece, la gente necesita ser escuchada.

Luego ya veremos a ver si se puede hacer o no. Pero si no se puede hacer, explícalo. Si se puede hacer, comprométete. Vamos a escuchar a todo el mundo, vamos a ver qué pasa, qué piden. Y la gente, cuando lo explicas, lo entiende. Creo que fue el mayor reto. Es gente de todos los colores en el sentido de decir que piensan ideológicamente diferente de ti, con otras tradiciones, otras nacionalidades, otra lengua, y que tienes que ayudar a todos porque son vecinos de Alcalá.

O le pones mucha carga de amor a todo esto, y mucho compromiso, o es muy difícil. Por eso digo que es mucho más vivible eso en la política que en la empresa. En una empresa todo está más uniformado, estamos todos trabajando en lo mismo, pensamos más o menos lo mismo, la organización tiene claro por dónde tienes que ir, entonces es poco más mecánico. Pero en la política sí que es un gran reto

¿Cómo rezas?

Intento rezar de todas las formas. Intento rezar, por supuesto, con oraciones vocales, la oración tradicional, por supuesto, además es que rezar con las oraciones tradicionales del cristiano te lleva a tu infancia. Te lleva a acordarte cuando rezabas con tu madre, cómo te enseñó el Padrenuestro, la Salve, el Ave María, pero bueno, esa es una forma de rezar. Otra también es, como digo, tener presencia permanente de Dios. Eres hijo de Dios, presencia permanente, y, bueno, pues hablando con el Señor.

Yo intento llevar al Señor todo el día a mi lado. Y cuando vas a una reunión difícil, ‘Señor, échame una mano porque hoy voy fatal, hoy no tengo ganas, hoy no sé esto de qué va, no me he enterado de nada…’. Con lo cual, eso yo creo que es oración.

También rezas mucho haciendo algo por los demás y transmitiendo a los demás tu día a día. A mí me encanta la gente que mira a la cara y la gente que sonríe, porque yo lo intento hacer. Hay días que no, porque no tengo ganas. Hay días que estoy enfadado, más triste o cansado, pero yo creo que una buena sonrisa, una buena mirada, los que somos más latinos, un buen abrazo, eso también es oración. Abrazar al prójimo o aquel que lo necesita, o incluso pedir un abrazo cuando lo necesitas tú, yo creo que esa es forma de hacer oración.

Por lo tanto, de tradición mucho, que fue lo que me enseñaron mis padres, y además es como estar conectado con ellos. Yo siempre rezo la Salve. Además, bueno, recuerdo el carácter andaluz de mi madre, el acento. En ciertas oraciones todavía tengo aquí grabado la oración en andaluz, con ese acentillo que lo rezaba ella. Por supuesto, luego con la presencia de Dios. O sea, todo el día, todo el día, todo el día. Y en última instancia, con el gesto, con el abrazo, la sonrisa, el respeto hacia los demás. Yo creo que eso es hacer oración también.

Si tuvieras que resumir en una sola frase toda tu relación con Dios, ¿cuál sería?

Que no me la merezco. Soy un privilegiado. No me la merezco en el sentido de que, bueno, soy hijo de Dios, me considero tal, pero le fallo mucho, le fallo bastante. Y me gustaría ser mejor aún. Y por eso soy un privilegiado, porque a pesar de ello, todavía me sigue iluminando, me sigue queriendo, me sigue protegiendo. No me la merezco, pero es que soy un privilegiado… tener un Padre…

Yo soy padre, entonces, por mucho que mis hijas me hagan o me digan, la sigo adorando y la seguiré ayudando siempre. Cuánto más nuestro Padre del Cielo… Ser cristiano, tener a Jesucristo, a la Virgen y a San José como humanos que están contigo en el curso de la historia, y tener un Padre Celestial que te está esperando siempre con los brazos abiertos, a pesar de que llegues caído, que llegues cansado, que no llegues, que llegues sucio… Es un privilegio. Por eso digo, no me lo merezco en ese sentido, porque es demasiado privilegio. Y también demasiado responsable, pero sobre todo, demasiado privilegio. Somos afortunados.

¿Hay algún santo especial a quien te encomiendas?

Hay varios. Primero, San Francisco Javier, porque, bueno, llevo su nombre. Me parece un santo audaz, un santo valiente, una persona totalmente de carne y hueso que tuvo una vida mundana, que acompañó a San Ignacio de Loyola, que era de familia bien y que luego encontró al Señor. Y no solamente encontró al Señor sino que se fue a lo incómodo. En aquellos siglos, vete hasta Asia, a territorio hostil, a hacer cristianos allí… Por lo tanto, San Francisco Javier, que ha sido siempre mi nombre y además yo creo que da bastante fortaleza física.

San José María Escrivá de Balaguer porque me está abriendo la luz del conocimiento. Una fe tradicional y católica que he recibido de unos padres que eran católicos tradicionales, en una España tradicionalista y católica, pero con San José María estoy viendo la parte técnica del conocimiento del cristianismo, la importancia de la teología, de la propia doctrina, de los ritos y de los procesos de la Iglesia, y sobre todo, el estar teniendo presente la filiación divina. Yo creo que eso se lo debo a San José María.

Por lo tanto, San Francisco Javier, que es mi santo patrón, al que quiero con toda mi alma, y San José María, que ha sido como una verdadera luz intelectual y espiritual en mi vida, digamos, tradicional, en un catolicismo tradicional.

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Imagen de San Francisco Javier, en el retablo de la parroquia de Nuevo Baztán, en la Diócesis de Alcalá
¿Qué momento fue un antes y un después para tu fe?

Yo siempre he estado muy pegado a mis padres y donde me he dado cuenta que realmente la fe hizo poso fue el día que falleció mi madre. En estos días, además, hace veinticinco años. No entendía nada porque se la llevó. Y luego lo entiendes. Se la llevó físicamente, pero no se la ha llevado, sigue conmigo. Automáticamente, nada más morir mi madre, vino a mi vida la que hoy es mi esposa. Cuestión de días. Nos conocíamos de antes, empezamos de novios muy rápido y me ha dado dos hijas maravillosas. Con lo cual lo entiendes todo.

Dices, bueno, todo no lo puedes tener en la vida… Pero lo tienes todo porque está en el cielo y me ayuda y me aconseja, pero, dices, bueno, Señor, pues ya está. Lo que Tú quieras, cuando Tú quieras y como Tú quieras. Creo que ese es el verdadero punto de inflexión.

Tampoco tiene que ser un punto de inflexión cuando es algo triste. También cuando es algo alegre. El ver nacer tu primera hija y tenerla en tus brazos… Bueno, es que no hay nada comparable, no hay nada explicable. Todavía recuerdo la temperatura, la tengo todavía en mis manos, el olor a bebé recién nacido… Eso es un regalo del cielo.

Hay puntos de inflexión en tu vida en los que dices ‘Dios está aquí’. Y además me sigue llevando y a pesar de todo… Por eso es lo que decía antes de que no me lo merezco y es un privilegio.

¿Crees que a alguien no se espera esta entrevista o tus respuestas?

Fíjate, no. Nadie sabe que estoy haciendo esta entrevista. Bueno, lo sabe solamente mi familia. Pero yo creo que les van a cuadrar mis respuesta. Yo creo que no hay ninguna sorpresa. Creo que no va a sorprender a nadie.

Sin saber quién es, ¿qué le preguntarías al siguiente entrevistado de esta serie de ‘Inesperados’?

¿Qué le preguntaría? ¡Jo, qué buena es esa pregunta! Pues mira, yo le preguntaría… ¿cómo es capaz de, en momentos de caída, levantarse de una manera más rápida? Y yo creo que eso es clave. Lo triste no es caer. Lo triste es caer y quedarte mucho tiempo abajo.

Y yo a veces, por la forma de ser que tengo, me pongo ahí… Entonces, cuando caes, ¿cómo te levantas? Creo que esa es una pregunta que me gustaría que fuéramos todos conscientes. Lo importante no es caer, sino levantarse.

¿Y tú, cuando caes cómo te levantas?

Intento levantarme lo más rápido posible, por supuesto, encomendándome al Señor. Sobre todo con un compromiso conmigo mismo de ‘oye, ya, hasta aquí. Ya has llorado, ya te has caído, venga, levanta que la vida, tu familia y tus amigos te están esperando como eres tú’. Entonces, muchas veces es por los demás. Más que por mí, por los demás. Pero en el fondo también es por mí.

No me gusta estar tirado en el suelo. No me gusta nada.

¿Y qué mensaje o consejo le quieres dar a la próxima persona que entrevistemos?

Que abra su corazón en esta entrevista. Que no tenga miedo. Todavía tengo la voz grabada de San Juan Pablo II cuando vino a España y dijo en ese castellano que hablaba él ‘no tengáis miedo’.

Que dé testimonio. Y que lo que le diga su corazón en este momento lo esté contando, que es lo que yo he hecho, sin filtros, con momentos ahí que hay un poquito de tensión o que necesitas un poco de oxígeno y de luz, pero que deje a su corazón hablar.

Muchas gracias, Javier. Eso es todo, ya hemos terminado.

Muchas gracias, muchas gracias.

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