Víctor, futuro diácono: «Al Señor le sigo pidiendo que esté presente, que esté conmigo, me sostenga y acompañe. Sin Él no puedo hacer nada»

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Víctor Hervías Bel es seminarista del seminario mayor diocesano de la Inmaculada y los Santos Niños Justo y Pastor, en Alcalá de Henares. El sábado 11 de octubre de 2025, Dios mediante, será ordenado diácono en la Catedral-Magistral por Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo complutense.

¿Cuándo nace tu vocación?

Mi vocación empieza hace no tanto, en realidad, porque tuve un momento en mi vida donde estaba bastante alejado de la Iglesia, desde los 12 hasta los 20 años. Es tras una conversión donde yo me vuelvo a acercar a la Iglesia, donde acudo de nuevo, donde participo de la Eucaristía, donde conozco a los sacerdotes.

Es a partir de ahí donde toda mi vida cristiana renace y junto con ese renacer de mi vida cristiana vuelve a surgir o surge la vocación. Por eso tengo que hablar a partir de los 20 años y no me puedo remontar tampoco a mi infancia, que podría haber alguna cosa, pero nunca fue determinante.

Es, sobre todo, primero con el encuentro con los sacerdotes. Conocer por primera vez personalmente a algunos sacerdotes de manera cercana, además, que venían a cenar a casa, con los que podías hablar, cómo eran ellos, qué tenían de normal y de particular.

Un hecho muy importante fue recibir el sacramento de la Confirmación y cómo toda mi vida se reordena a partir de entonces, cómo el Señor ilumina toda mi vida, cómo Dios se hace presente de una manera nueva y cómo todo empieza a cobrar un sentido.

Y en ese ir avanzando poco a poco en la vida cristiana, en ese volver a caminar en la vida cristiana casi como un niño, comienza a surgir también esa pregunta. Que es una pregunta que siempre me ha gustado decir que es muy infantil al principio. Igual que un niño se dice ‘pues yo de mayor quiero ser bombero’, yo me preguntaba, oye, ¿por qué no ser sacerdote?

La pregunta me pillaba con 20 años, ya con la vida bastante más organizada, con los estudios, con trabajo, con proyectos de vida. Pero esa pregunta no se iba y, según crece mi relación con el Señor, se profundiza, se ahonda y descubro que es Dios mismo quien me llama y quien me lo pide.

Y descubro que es una vocación en su sentido más exacto, que no es algo que yo esté poniendo de mí, sino que es Dios que me llama y que me invita a seguirle. Entonces, hay una pelea fuerte porque yo me sentía -y aún hoy en día me siento- muy incapaz de ello y de responder. Pero si es Dios quien llama con esa certeza, con ese amor que uno ha conocido, con ese modo en el que el Señor le mira y le dice ‘Ven y sígueme’, yo no podía hacer otra cosa más que lanzarme y entrar al seminario.

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¿Qué va a pasar después del día 11 de octubre?

A partir del día 11 de octubre voy a estar como diácono aquí en la Catedral Magistral de Alcalá de Henares y voy a estar ayudando y participando de la pastoral. Continúo, además los estudios de derecho canónico que me pidieron que hiciese y que disfruto enormemente.

Participaré de la vida de la parroquia como ya he estado experimentando un año en San Juan de Ávila. Participar, estar con la gente, ayudar en las diferentes pastorales y ahora, además, como diácono participando de una manera nueva en la liturgia ya predicando, pudiendo celebrar bautizos, pudiendo asistir en las bodas y teniendo muy presente que este es un paso transitorio antes de lo que será la ordenación sacerdotal, que es para lo que nos estamos preparando y estamos deseando.

¿Y qué le pides al Señor?

Al Señor le pido en mi oración fuerza y paz, sobre todo, mucha paciencia y que me siga ayudando a descubrirle presente en todo momento, a tenerle siempre a Él presente y en el centro. No ha cambiado mucho mi oración, simplemente es mucho más nerviosa y mucho más ante la inminencia del hecho.

Pero al Señor le sigo pidiendo lo mismo que le he pedido durante todos estos años, que es que Él esté presente, que Él esté conmigo, que Él esté junto a mí, que Él me sostenga y me acompañe, porque soy consciente de que sin Él no puedo hacer nada. No podía antes, no puedo ahora y no podré después. Entonces, como dice Él mismo, ‘a cada día le basta su afán’ que en el día de hoy me ayude y me sostenga.

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