Queridos miembros de la Vida Consagrada en nuestra diócesis de Alcalá de Henares:
Esta mañana se ha hecho público el listado con los nombramientos que el Sr. Obispo ha tenido a bien realizar en nuestra Iglesia Particular, entre otros, el encargo de asumir por mi parte la Delegación de Vida Consagrada.
Vaya en primer lugar mi agradecimiento a Don Antonio por confiarme esta hermosa tarea de acompañar a esta importante porción del Pueblo de Dios que, siguiendo los Consejos Evangélicos, ha consagrado su vida al seguimiento de Cristo, cada uno con los carismas propios de su Instituto, siendo para el mundo testimonio de un amor exclusivo a Cristo pobre, obediente y en castidad perfecta.
En segundo lugar, mi agradecimiento a Don Fermín Peiró, que estos últimos años ha llevado a cabo esta tarea con una entrega encomiable. Tengo que seguir aprendiendo de él.
En tercer lugar, mostrar mi disponibilidad a cada una de las comunidades de vida apostólica y contemplativa de nuestra diócesis, a los monasterios, a los institutos de vida consagrada, a las sociedades de vida apostólica, a los institutos seculares y a las llamadas «nuevas formas de vida consagrada» que representáis en nuestra diócesis Complutense un crisol de carismas llamados a expresar la unidad y la comunión en la Iglesia desde la diversidad. Sois un ejemplo para este mundo secularizado de que la Consagración a Dios es el signo profético que todos necesitamos para seguir caminando con esperanza hacia los cielos nuevos y la tierra nueva.
Me alegra enormemente que este nombramiento –que para mí es una especie de “volver a casa”– se haya hecho en el contexto del Año Jubilar. A menudo la escasez de vocaciones, el recelo ante las instituciones eclesiales y la mirada de sospecha de la que somos objeto nos hacen ver el futuro con un cierto desasosiego. Pero Cristo siempre vence y nada nos ha de hacer desfallecer en la esperanza.
Además, dentro de un par de domingos, en la Solemnidad de la Santísima Trinidad celebraremos la Jornada “Pro Orantibus”. En esta ocasión el lema elegido es «Orar con fe, vivir con esperanza». Éste es un certero resumen de la vida contemplativa en este año jubilar y nos convoca para volver a pasar por el corazón a quienes se han consagrado en la Iglesia a vivir a imagen del misterio trinitario.
Nuestro recordado Papa Francisco, en la constitución apostólica Vultum Dei quaerere del año 2016, decía que «la oración es el corazón de la vida contemplativa» (VDQ 4§1). La oración personal y comunitaria, elevada al Señor con fe sincera en medio de las vicisitudes de la propia existencia y del mundo, hace descubrir al Señor como tesoro de la vida, como el mayor bien, como la esperanza que no defrauda y que mora en la celda del propio corazón, «en la soledad habitada del claustro y en la vida fraterna en comunidad» (VDQ 9).
En una existencia que se sostiene orando con fe, a imagen de Jesús, que se retira para encontrarse con el Padre, no caben la apatía, la rutina, ni la desesperanza, sino que su fruto es justamente una vida que se afronta con esperanza, con entera confianza en el Señor, que nunca nos deja de su mano.
Queridos consagrados, os seguimos necesitando como antorchas que iluminen el camino de los hombres y mujeres de nuestro tiempo y, especialmente, de la Iglesia. Os necesitamos para que escuchéis los temores y esperanzas, gozos y sufrimientos de nuestro mundo y de la Iglesia, y los pongáis en la presencia del Dios.
Confío en Cristo, que, siendo modelo de consagración a Dios, se ofreció al mundo por el Padre, invoco la gracia del Espíritu Santo en esta nueva misión y me encomiendo a la Bienaventurada Virgen María, primera discípula orante, esperanzada y contemplativa.
Os ruego que me encomendéis en vuestras oraciones y me pongo a vuestra disposición en cuando pueda ayudaros.
José Ignacio Figueroa Seco
Delegado para la Vida Consagrada





