Hoy lunes 13 de abril de 2026, el Papa León XIV ha comenzado su viaje apostólico a Argelia, Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. Será el primer gran viaje del Santo Padre que le llevará a encontrarse con los ciudadanos de estos cuatro países africanos.
El próximo miércoles 15 de abril, el Papa aterrizará en Yaundé, capital de Camerún, y con este motivo hemos entrevistado a Pius Bienvenue Messongon, sacerdote camerunés adscrito en la parroquia Santiago Apóstol, en Alcalá de Henares. Procede de la diócesis camerunesa de Obala y actualmente sirve pastoralmente en la diócesis complutense mientras realiza unos estudios en Psicología en España.
¿Cómo vives esta visita del Papa?
No es la primera visita de un papa a nuestro país. Ya San Juan Pablo II estuvo en Camerún dos veces. Luego, el Papa Benedicto XVI eligió Camerún para su primera visita a África. Me acuerdo muy bien, fue el 17 de marzo de 2009. Y este año, el Papa León, también en su primer viaje a África, en su agenda, ha elegido Camerún.
Para el pueblo de Camerún no es solamente un honor, es la gracia de recibir al Vicario de Cristo. Será un momento de gran espiritualidad y un gran entusiasmo. También su visita va a ayudar al pueblo en su camino de fe.
¿Cómo es la Iglesia católica en Camerún?
La Iglesia en Camerún está dividida en 26 diócesis, cinco provincias eclesiásticas y una conferencia episcopal. Los católicos somos el 38-40% de la población, delante de los protestantes y los musulmanes. Convivimos juntos con las demás religiones pero los católicos somos más numerosos, sobre todo en la parte sur, el litoral y el oeste.
Tenemos cien años de cristianismo, ya que en 1890 entró la evangelización en nuestro país y la primera Misa fue el 8 de diciembre de aquel año. La fe a Camerún la trajeron los padres de la congregación de los padres palotinos. Esta fe que sembraron en Marienberg, que es el primer sitio de evangelización en el país donde hay un gran santuario, ha ido creciendo.
Ahora hay la misión pastoral de los obispos, la conferencia, los sacerdotes y, sobre todo, se nota un gran impacto del Concilio Vaticano II, porque hay algo que a veces intentamos olvidar. El primer arzobispo de la parte del África Negra es un camerunés, Monseñor Jean Zoa, que fue nombrado arzobispo en 1961. Pasó 37 años como arzobispo y fue también padre conciliar en el Concilio Vaticano II. Hablo de él porque es una de las figuras que han ayudado también a la fe después de que los padres de las congregaciones se fueron.
Decías que la religión católica es la más numerosa allí y que hay convivencia con otras religiones, pero también hay persecución religiosa en la parte norte del país sobre todo. ¿Cómo vive la Iglesia en Camerún esa persecución?
Camerún y Nigeria somos vecinos. Compartimos más de mil kilómetros de fronteras, así que lo que pasa en Nigeria, la parte norte de Camerún también está atacado. A veces el Boko Haram, que es esa secta, viene a perseguir a las poblaciones de cristianos, por la organización que ellos quieren hacer allí, hablan de califato. Hay esa persecución un poquito en la parte norte.
La persecución no es solamente la de Boko Haram. Falleció, por ejemplo, en 2017 un obispo, la persecución también a veces es dentro mismo del país. Había un cardenal, el único que hemos tenido, ya fallecido, el cardenal Christian Tumi, que era un hombre también de fe potente, que había hablado de ese obispo, que también con el poder político, si van proponiendo la doctrina social de la Iglesia, y a veces, sabéis que los profetas no siempre son aceptados o escuchados. Es lo que puedo decir sobre esta persecución.

Dentro de las circunstancias actuales de Camerún, ¿qué esperas que lleve el Papa a tu país?
La primera cosa que a mí me gustaría que el Papa lleve al país es la paz y la unidad. El lema de nuestro país es paz, trabajo y patria. Pero esa paz, esa unidad, ya va fragmentándose. Esta en una prueba grave.
Se habla de la crisis anglófona. Antes, con la colonización, se hablaba de una parte anglófona y una parte francófona, que ya desde la unidad en 1972 intentamos sobrepasar. Pero con un poder político, quizás el cansancio también por tener un sistema que no se cambia desde hace más de 40 años, ya se nota también la debilidad de este sistema en el desarrollo de las poblaciones. Y ahí, la misión de la Iglesia de iluminar, de mostrar o de proponer también lo que piensa para el bien está puesto a prueba. Y me afecta mucho esto porque ya hemos perdido miles y miles de personas en esta crisis silenciosa, la crisis anglófona.
No se habla de esto como se habla de las cosas que pasan en Ucrania o en otra parte del mundo. Yo, por ejemplo, he perdido un amigo, mi vecino, con quien he estudiado y vivido, que era militar, y mucha gente… La gente sale de esta parte del conflicto, las escuelas están destruidas, a veces quitan a los sacerdotes que están ahí… Es un problema fundamental. Gracias a Dios, el Papa León va a visitar esa parte. Es un riesgo que va a tomar, pero él va. Va con la gracias de Dios.
Sé que pasará un buen tiempo ahí y su presencia, su encuentro, su mensaje de paz va a ayudar mucho al pueblo camerunés.
¿Cómo vas a vivir la visita del Papa desde la distancia?
Es verdad que es muy difícil. Me hubiera gustado estar allí para ver al Papa León en mi país. Pero estoy también aquí en misión, con los trabajos, con el estudio y la formación. Quiero regresar al país. Estaré en la distancia pero con los ojos y todo allí. Me hubiera gustado, sobre todo, vivir una venida del Papa concelebrando. Es una cosa que me hubiera gustado vivir pero no puedo porque estoy aquí por temas de formación y de estudio.

Antes de preguntarte por tu formación, ¿cómo surge tu vocación al sacerdocio?
Digo siempre que mi vocación viene de la misericordia de Dios. No estudié en un colegio católico. Todos mis estudios, del básico hasta el bachillerato fueron en una escuela pública. Me acuerdo que en el colegio éramos más de 1.200 alumnos.
Gracias a Dios, después de mi Primera Comunión, porque mi padre es católico y me ha ayudado a entrar en la Iglesia, íbamos a Misa con mis hermanas y entré en el grupo de los monaguillos. Y ahí, estando cerca, después de cuatro años, yo iba también a los encuentros vocacionales porque había una comunidad de las Hijas de María en mi parroquia.
Cada año, la diócesis organizaba, como aquí, los encuentros de los jóvenes que piensan en el futuro ser sacerdote o monja. Así que ya desde el colegio, sobre todo los tres últimos años del colegio, yo ya notaba esas ganas de saber un poco mejor qué hace un sacerdote. Pero donde la cosa tenía más decisión fue en la Cuaresma del año 2009, donde intenté ponerme como reto, como ejercicio de Cuaresma, leer todas las cartas de San Pablo, que me habían gustado mucho.
Me parece que eso influyó junto con el acompañamiento de los sacerdotes de mi parroquia. Y en 2011, después de mi bachillerato, las monjas de mi parroquia me preguntaron que si quería entrar en el seminario tenía que escribir una carta para enviar al obispo. Y me respondieron que como no había hecho el seminario menor tenía que empezar con un año de propedéutico. Escribí y el obispo me llamó para enviarme a empezar la formación de propedéutico.
Fui al seminario mayor de filosofía, que he hecho en mi país hasta 2015. Y luego me enviaron un año de pastoral con el obispo emérito en la diócesis. Yo era su secretario. En 2016 me enviaron a España por primera vez a seguir mi formación en teología. Así que me fui a estudiar a la Universidad de Navarra, allí saqué mi grado de teología. Y volví a mi diócesis durante la pandemia para ser ordenado diácono el 22 de agosto de 2020, con mascarillas. Y el año siguiente, el 10 de julio de 2021, me ordené sacerdote allí en mi país.
Y ahora, como sacerdote, estás aquí, en la Diócesis de Alcalá, y además, te estás formando en psicología. ¿Por qué es importante que un sacerdote estudie psicología?
Vine a España otra vez en 2023, con una beca de la Universidad de Navarra para estudiar la licenciatura en Teología Moral con orientación en Psicología. Mi obispo en Camerún me dijo ‘necesito un psicólogo en la diócesis, no tenemos un psicólogo’.
Y a veces tengo gente que viene con problemas que veo que no son solamente cosas espirituales. Gente que ha sufrido, que tiene heridas psicológicas, depresiones. He hablado, por ejemplo, de los que salen heridos por esa crisis anglófona. Los que han visto cómo han matado a su padre, a su madre… Los hijos que salen, por ejemplo, de ahí… Lo he visto acompañando a algunos como capellán en un colegio en mi país, en la diócesis. He notado esta necesidad de tener a alguien que les pueda escuchar.
Que cuando viene a exponerte un problema, no solamente vas a decir ‘vete a rezar tal novena a San Miguel’; que yo no digo que no, sí que se puede hacer, pero a veces con la ciencia hay posibilidad también de ayudar a la gente en este ámbito de la psique, de la mente, porque los problemas de la mente antes eran un poco tabú, pero hoy con los cambios de la posmodernidad, la tecnología sofisticada y las adicciones van subiendo.
Si dejamos de lado este campo de la salud mental, no estamos ayudando. Y el Estado no puede acompañar a toda esta gente. La Iglesia, que ya está metida en la salud y en la educación, no debe dejar de lado este campo de la salud mental. Por eso me propuse hacer esta formación después de haber terminado con la teología moral con orientación en Psicología. Pensé que era mejor buscar un máster en psicología. Gracias a Dios, encontré el ISEP (Instituto Superior de Estudios Psicológicos), donde estoy estudiando la psicología de bienestar integral. Luego pienso regresar a Camerún para poder ayudar en todos los ámbitos donde me van a necesitar y donde el obispo me va a enviar.




