María Dolores, una vida entera junto a los Santos Niños, patronos de la Diócesis de Alcalá: «Nuestras vacaciones familiares de verano no empiezan hasta que no pasa el 6 de agosto»

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María Dolores del Val García Merino siempre ha tenido fe, una fe católica muy arraigada, celebrada mediante los sacramentos, visitando iglesias, acudiendo a rosarios y celebrando la Eucaristía. Es la quinta de seis hermanos y sus padres les dieron a conocer la vida cristiana desde que eran pequeños.

«Recuerdo de antaño los ratos calmados. Teníamos tiempo para meditar, recapacitar y asimilar, para sacar las conclusiones acerca de las enseñanzas recibidas. ¿Y qué nos enseñaban? Fundamentalmente a escuchar, porque aprender cosas nuevas enriquece, forma, desarrolla en todo tipo de conocimientos, nos convierte en mejores estudiantes. Y aquí aparecen dos palabras casi desterradas, o al menos muy desconocidas, en el vocabulario actual, en la práctica de nuestros niños y jóvenes de hoy, que son esfuerzo y sacrificio. Pero lo teníamos, entonces se daba mucho y con mucha naturalidad. Era algo que formaba parte de nuestro aprendizaje», explica María Dolores.

Desde esa niñez, ella y sus hermanos fueron hechos miembros de la asociación de los Santos Niños. Cada seis de agosto «toda la chiquillería, y no tan críos, nos reuníamos en la Magistral, porque aún no estaba consagrada como catedral. Íbamos con mucho calor, porque las fechas del triduo en honor a nuestros muy queridos Santos Niños son las que son y hemos de ser fieles a la tradición oral. Consta que la fecha del martirio de estas dos criaturas, de tan solo siete y nueve añitos, se produjo un día 6 de agosto, y así debemos conservar la fecha de la solemnidad de su rememoración. Pero nos ponían fresquitos para no pasar excesivo calor, nos colocaban nuestra medalla colgada al cuello, y aquello había que vivirlo. No se podía dejar de transmitir aquella historia real, auténtica. No podíamos permitir ningún tipo de interrupción en la fiel transmisión de aquel arrojo de dos angelitos que dieron sopas con ondas no solo a niños, sino a mayores también», indica María Dolores.

Las enseñanzas del Padre Manuel Palero sobre los Santos Niños Justo y Pastor

Aunque el sol apretase cada seis de agosto, María Dolores y su familia no tenían que caminar mucho para llegar a celebrar el triduo, ya que vivían en la calle Seises, a dos minutos de la Magistral. Allí se encontraban con el padre Manuel Palero, quien «nos ayudaba a imaginar cómo sería la vida de aquellos niños. Algunos teníamos sus mismos años de Justo y Pastor. Asistían a sus clases con sus tablillas, escuchaban, aprendían, preguntaban sobre aquello que no sabían. Todo muy parecido a cómo lo hacíamos nosotros, porque también eran obedientes a lo que sus padres les mandaban y colaboraban en las tareas de casa. Su modelo de conducta eran entonces sus padres y maestros, imitaban sus comportamientos y actitud. Aprendían a diferenciar el bien del mal. Lo que hacían y recibían, tanto en casa como en la escuela, era bueno. No así el comportamiento de aquellos romanos politeístas«, afirma Mª Dolores.

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El Padre Palero fallecido en 2020 fue muy conocido y querido en Alcalá de Henares. Siempre tuvo la querencia de recuperar la asociación Santos Niños creada en 1923 por Mons. Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid-Alcalá, y desaparecida durante la Guerra Civil española. Antes de asociación había sido cofradía.

María Dolores disfrutó de todos aquellos años y recuerda que «hablar de la asociación de los Santos Niños es tener muy presente a nuestro muy querido padre Manuel Palero. Aquellos triduos tan enriquecedores nos alegraba, nos hacía reír a toda la chiquillería poniendo caras graciosas, porque gesticulaba mucho. También cantaba muy bien. No había encuentro de cada día del triduo sin entonar todos fuerte y con alegría el himno de los Santos Niños a viva voz. Era un himno distinto al que cantamos en la actualidad. El padre Palero nos pedía que no faltáramos ni uno de todos nosotros acompañando a las imágenes de nuestros pequeños mártires el día solemne en la Misa y en la procesión, que siempre era muy concurrida y fervorosa. Y así lo hacíamos, muy orgullosos por ser una partecita de aquella maravillosa historia recibida. El padre Palero nos tocaba nuestros tiernos corazoncitos para instruirnos más que de cabeza a cabeza mediante conocimientos, que también lo hacía, nos instruía sobre todo de corazón a corazón, como hacemos al orar. También por eso incidía habitualmente a frecuentar los sacramentos y los valores cristianos según nuestros modelos».

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Una procesión muy concurrida y con mucho calor

Mª Dolores lleva su memoria a hechos de los años 60 del siglo XX y afirma que era todo muy seguido porque los niños nacían, eran bautizados y enseguida se les imponía la medalla de la asociación. Esa tradición ha perdurado como lo ha hecho la de procesionar con las imágenes de San Justo y Pastor por el casco histórico de la ciudad complutense. Un paso procesional que ella recuerda con gran silencio y respeto donde «se oían las pisadas. Era muy concurrida, incluso con gente de fuera de Alcalá, que venían de la comarca. Y con mucho calor».

La asociación desapareció, aunque no jurídicamente, en la primera mitad de la década de los 70 del pasado siglo. Sí que se seguía celebrando el triduo, las Eucaristías solemnes y la procesión pero no como asociación de los Santos Niños Justo y Pastor. Esta se reinstauró en 2014 de la mano de Mons. Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito de Alcalá, y María Dolores agradece la labor de D. Miguel Ángel, D. Borja y D. Juan como presidentes durante estos doce años, y al actual consiliario, el padre Fermín Peiró. Explica que la asociación «desarrolla labores sociales, culturales, apostólicas, puesto que se organiza perfectamente mediante cinco líneas de acción. Cuenta con cinco departamentos que se identifican con su sector de actividad: infancia, familias, caridad, culto y cultura».

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Vacaciones determinadas por la solemnidad de los Santos Niños

María Dolores lleva más de 60 años con la medalla de los Santos Niños impuesta. Afirma que «pertenecer a la asociación de los Santos Niños despierta y desarrolla la humanidad. Siempre he mantenido viva y atendida la luz de mi fe, especialmente ante la lámpara de la cripta, que la visito con bastante frecuencia, y las imágenes de nuestros tiernos niños, ese camino de relación no ha sido siempre lineal ni llano, pero sí muy constante. Creo que nunca he fallado a las citas clave. De hecho, nuestras vacaciones familiares de verano no empiezan hasta que no pasa el día 6 de agosto».

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