«Nadie debe ser obligado a partir, ni ser explotado o maltratado a causa de su necesidad o por su condición de forastero. Ante todo, se debe preservar la dignidad humana». Estas palabras resonaron con fuerza en la plaza de San Pedro del Vaticano como un cántico a la esperanza pronunciado por el Santo Padre León XIV en el Jubileo de los Migrantes.
A esta celebración festiva y de reflexión asistieron varios fieles de la Diócesis de Alcalá de Henares, como parte de la peregrinación a Roma organizada desde la Subcomisión de Migraciones y Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española (CEE) entre los días 4 y 5 de octubre de 2025. Unas fechas que no fueron escogidas al azar por el difunto Papa Francisco, pues las hizo coincidir con la 111ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que la delegación diocesana de Migraciones animó a celebrar ese fin de semana en todas nuestras parroquias.
Varios miles de personas abarrotaron esos días la ciudad de Roma y, especialmente, los aledaños del Vaticano, procedentes -en muchos casos- de «las periferias del mundo, marcadas a veces por la guerra, la injusticia y por el sufrimiento», como recordó en su homilía de la Santa Misa del domingo el Santo Padre. Un trayecto en el que, subrayó: «Han debido abandonar su tierra, muchas veces dejando a sus seres queridos, atravesando las noches de miedo y de soledad, padeciendo en su propia piel la discriminación y la violencia».
El sacerdote Francisco Javier Martínez, delegado de Migraciones de la diócesis complutense, destacó que en este Jubileo -que culminó en ‘La Fiesta de los Pueblos’ con los testimonios y exhibiciones culturales de multitud de colectivos de personas migradas- «hemos experimentado cómo la esperanza se abre paso incluso en medio de las heridas del mundo, ya que la alegría y perseverancia de estos hermanos y hermanas, que confían en Dios a pesar de las dificultades, nos han fortalecido y renovado en la fe, han sido un verdadero anuncio del Evangelio».
Una Iglesia acogedora y misionera
Del mismo modo, ha destacado que este encuentro le ha servido -junto a los fieles que le acompañaron- a «poner rostro a tantas personas y comunidades que trabajan, muchas veces en silencio, por la dignidad de la persona humana y los derechos de los pueblos«. Un cúmulo de testimonios de gracia que, según ha explicado Martínez, «nos impulsa a seguir construyendo una Iglesia que escucha, acompaña y defiende la vida, donde cada historia cuenta y donde nadie se siente extranjero. Una Iglesia que, traduciendo en obras su fe, es acogedora y misionera».

Esta misma experiencia es la que ha compartido Fernando Redondo, sacerdote director del Departamento de Migraciones de la CEE, al comentar que «haber participado en el Jubileo de los Migrantes ha sido un verdadero momento de gracia, un acto de solidaridad con tantas personas migrantes que inician rutas, muchas veces mortales, con la esperanza de encontrar un futuro mejor».
Como dijo el papa León XIV en la Audiencia Jubilar celebrada el sábado 4 de octubre de 2025: «Este año debemos elegir a quién servir, si a la justicia o a la injusticia, si a Dios o al dinero». Que este Jubileo de la Esperanza nos acerque, individualmente y como comunidad diocesana, al que viene desde lejos buscando entre nosotros el cumplimiento de la promesa de una vida mejor, sembrada por Dios mismo en nuestros corazones como hijos suyos que somos.





