Germán, futuro presbítero: «Si el Señor me lo permite, espero poder mostrar su misericordia de manera plena»

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Germán Daniel Benavides Flores es nicaragüense y actualmente diácono. Dios mediante será ordenado presbítero por Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo de Alcalá de Henares, en la Catedral – Magistral el sábado 11 de octubre de 2025.

¿Cómo nació tu vocación sacerdotal?

Mi vocación surge en el seno de una comunidad del Camino Neocatecumenal. Es una historia bastante amplia. Los hitos de esta historia son cuando en un momento de crisis, donde la Iglesia no me decía nada, fui con un sacerdote y habló conmigo de una manera tan cercana que me rompió varios esquemas.

En medio de la conversación me dijo si me quería confesar y accedí a confesarme, le dije: «Tardaremos un poco» y me dijo: «Yo no tengo nada que hacer, estoy aquí para ti, ¿te quieres confesar?» Entonces me me quise confesar absolutamente de todo, de hecho, tenía la mala intención de escandalizar un poco al sacerdote, pero este, en lugar de escandalizarse y hablarme con un tono justiciero o moralista, se comenzó a reír. Y eso rompió mis esquemas y después de eso yo salí de esa confesión, pues marcado.

Fue mi primera gustación de lo que es la misericordia de Dios. Después de eso, haciendo el trípode en el Camino Neocatecumenal nos invitaron a una convivencia donde el catequista dijo: «¿Alguna vez le has preguntado a Dios qué es lo que quiere de ti?» Y yo me hice la pregunta seriamente. Cuando comenzó esta insistencia del corazón, realmente yo me escandalicé. Traté de buscar una novia para casarme formalmente. Pero bueno, no cuajó hasta que en un momento dado le pregunté seriamente de nuevo a Dios: «¿Qué es lo que quieres de mí? Pero háblame de una manera que yo te entienda». Y el Señor me habló.

Recuerdo que abrí la Biblia al azar y fue Génesis 24, la manera en cómo Abraham envía a buscar mujer para Isaac y la manera en que habló el eunuco a Dios me dio una pista y yo comencé a pedirle al Señor que se manifestara de una manera que entendiera, que es lo mismo que dijo el eunuco y éste le propuso una serie de cosas, yo hice lo mismo y pues resulta de que yo siempre le ponía como tranquillas al Señor para entrar al seminario pero el Señor siempre me dio la facilidad, me daba las facilidades para estar en el seminario, para hacer primeramente el vocacional, luego para entrar al seminario me fue allanando todos los caminos. Luego en el seminario, a pesar de los momentos de tristeza, de no saber si realmente es lo que Dios quiere de mí, pues el alma se inquieta.

También estaba tremendamente feliz, contento. Independientemente de la tristeza, siempre estuve contento, feliz. Luego fui enviado a misión, estuve un año en Francia, donde el Señor también me puso a prueba de manera fuerte. Y llegó un momento donde me planteé seriamente dejarlo porque las circunstancias no me agradaban.

Pero aún así el Señor se manifestó con grandeza conmigo, con mucho amor, mucho cariño. Hablé con el formador que me dio una Palabra tremenda. Y también me puso de frente la cruz. Porque si bien todos tendemos a lo fácil, Él me dijo: «Aquí se te está hablando claro, esto te lleva a la cruz. Pero si te quedas en la muerte en la cruz, no haces nada. Tienes que ver la resurrección». Y con estas palabras yo cobré fuerzas de nuevo, también hablé con mis catequistas que me dieron otra Palabra tremenda, y eso me ayudó.

Entonces quise mantenerme en la misión, luego por diversas circunstancias me cambiaron de misión y fui a África, a Costa de Marfil, y en Costa de Marfil la verdad es que todo el mundo le cierto repelús porque en África se dan bastantes enfermedades tropicales, pero yo dije: «Si es lo que el Señor quiere de mí, yo voy contentísimo». Y a pesar de las precariedades que se pasan, también estuve muy contento y siempre la cruz me relativizaba todo. Y así cuando volví para hacer la pastoral ya en una parroquia aquí en la diócesis, me dijeron que si estaba dispuesto a acceder a las ordenaciones, yo dije que sí.

Y ahora como diácono ejerciendo en la parroquia, ¿qué te puedo contar? Bautizar es tremendo, bendecir, a mí es que me conmociona, me puede, porque no bendigo yo, es la bendición de Dios dada a través de mí y eso es que es algo tan grande que me gustaría explicarlo, pero me quedaría corto, me quedaría realmente corto. Y sobre todo el poder participar de manera cercana a la Eucaristía, poder levantar el cáliz, todo está cumplido. A mí es que eso me llena de una emoción, de una alegría, que no te lo puedo explicar. Sí que antes de la ordenación pensaba, ¿realmente serviré yo, seré útil?, y dije, si el Señor me ha llamado, Él pondrá los medios, Él me ha allanado los caminos durante todo el tiempo de preparación, y allanará los caminos en el tiempo de hacer el servicio. Así que, vamos, yo estoy contentísimo por todos lados.

Ya eres diácono. ¿Qué va a suceder a partir del día 11 de octubre?

Es el día más esperado… el poder consagrar… Vamos a celebrar la primera Misa en la parroquia Nuestra Señora de la Soledad. No solamente es el poder celebrar directamente la Misa, sino también poder dar lo que yo he recibido. El que otros se puedan encontrar con la misma misericordia con la que yo me he encontrado es lo que me mueve. Y por otro lado, las confirmaciones que va haciendo el Señor en cada etapa. Solamente espero poder hacerlo bien y, si el Señor me lo permite, poder mostrar su misericordia de manera plena.

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¿Qué le pides al Señor en vistas a tu ordenación sacerdotal?

Le pido al Señor los dones del Espíritu Santo. Que me regale el poder dar consejo cuando se me pida, poder mostrarme fuerte cuando sea necesario y mantenerme en el temor de Él. El temor no se reduce a mantenerse temeroso, sino al poder amarle, pero como Él quiere, no como a mí se me ocurra.

Y poder dar el servicio hasta el día en que Él decida que ya se ha acabado. Y sobre todo quiero ir al cielo, poderle ver a Él directamente y decirle, «He hecho lo que he podido». Y que se puedan encontrar con su misericordia, a pesar de mis debilidad, de mi poquedad y de mi pequeñez.

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