María y Cristina, las jóvenes de la Diócesis de Alcalá que pudieron saludar a León XIV en la vigilia de oración en Madrid: «Te daba la mano, pero te ‘abrazaba’ también»

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La visita del Papa León XIV a España del 6 al 12 de junio de 2026 ha movido multitudes. Las personas que habían acudido a ver al Santo Padre, agolpadas en las calles y en los distintos recintos, querían tener la oportunidad de recibir su saludo y su bendición.

Algunos consiguieron ese saludo de manera inesperada, como sucedió con María y Cristina, dos jóvenes de la Diócesis de Alcalá de Henares, que participaron en la vigilia de oración de jóvenes y en la Misa celebrada en Cibeles el día del Corpus Christi. Durante el encuentro que mantuvo el Papa con los jóvenes en la Plaza de Lima, estuvieron en primera fila y pudieron darle la mano a León XIV.

María Yebra no tenía pensado ir a ningún evento organizado con ocasión de esta visita apostólica. “No iba a ir al encuentro, me ponía excusas con el tema de la movilidad», explica esta joven de 24 años procedente de Torres de la Alameda, que por una discapacidad tiene que desplazarse en silla de ruedas. Pero su amiga Cristina Dios, de la parroquia de San Juan de Ávila, le insistió para que se inscribiera de manera que no quedara sin ir si al final se animaba.

Atravesadas por una mirada

Esta joven de 22 años se ofreció a acompañar a María, a empujar su silla en el recinto hasta la zona reservada para personas con movilidad reducida. Allí, sin quererlo, terminaron estando en primera fila. León XIV bajó del papamóvil y comenzó a saludar, una por una, a cada persona que se encontraba en esa zona.

Llegado el momento María y Cristina pudieron darle la mano. “Fue increíble, la verdad. Fue un momento de mirarle a los ojos… yo, de hecho, iba con gafas de sol; me las quité para mirarle… Fue muy emocionante porque yo saqué, en contexto, que nos miraba con una mirada de “te comprendo, te acompaño en el dolor que puedas sufrir en tu día a día como persona que tiene una discapacidad”. Me sentí muy bien: te daba la mano pero te «abrazaba» también. Fue muy emocionante“, cuenta María.

Fue solo un instante, algo muy rápido, pero a Cristina tampoco se le olvida la mirada del Santo Padre. “Ahí están los ojos de Jesús, ¿no? Me lo llevo grabado para siempre. Tantas personas que hay en este mundo y Dios está pendiente de mí…”, explica emocionada.

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Momento en el que el Papa León XIV saluda a María (la joven con las gafas de sol en la cabeza) y a Cristina

 

La Providencia y la visita del Papa

Además del inesperado saludo y la mirada que han marcado a Cristina y a María, las jóvenes cuentan también cómo la Providencia ha estado presente a lo largo del fin de semana de la visita del Santo Padre. “He visto mucho al Espíritu Santo. He visto mucho a la Providencia. El domingo íbamos sin entradas para la zona de movilidad reducida y acabamos estando allí porque nos encontramos con las personas adecuadas en el momento adecuado. El Señor cuida tanto de mí que me ha colado en la zona de movilidad reducida”, indica la joven de Torres de la Alameda

“Me llevaré para siempre esa mirada pero, además, ha sido un fin de semana de aprender a confiar muchísimo más. No teníamos entradas el domingo y estábamos en Colón, y acabamos llegando a Cibeles… nos iban abriendo vallas, nos iban acompañando…”, continúa su amiga Cristina.

María afirma que esta visita del Papa ha servido para darse cuenta de que no está sola. Todo el mundo estaba dispuesto a coger la silla de ruedas, a ayudar a estas dos jóvenes. “Cristina se encargaba dentro del recinto de empujar de mi silla. Pero no solo ha sido Cristina la que ha empujado de mi silla. Ver cómo todo el mundo se acercaba y me decía “quiero llevarte” para mi ha sido muy bonito… a ti te está costando físicamente el llevarme pero lo estás haciendo para que a mi no me cueste estar a vuestra altura. Lo que me llevo es eso: darme cuenta de que realmente no estoy sola y que me tengo que dejar de excusas y dejarme cuidar y acompañar”, afirma María.

Cristina, por su parte, indica que en ningún momento sintió como una carga el servicio de empujar la silla de su amiga. «Es un regalazo poder ir con la diócesis como hemos ido y tantos jóvenes dispuestos a servir. De carga nada, ha sido un regalazo poder servir así y vivir esto con María”, concluye esta joven de San Juan de Ávila.

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