Por sexto año consecutivo el Patio de Armas del Palacio Arzobispal, volvió a ser escenario del Belén Viviente organizado por la Escuela diocesana de Evangelización. Debido a la buena acogida que va adquiriendo año tras año, se realizó en dos jornadas, el 13 y el 14 de diciembre de 2025.
Entre los primeros grupos de asistentes de la tarde del sábado se contó con la presencia de nuestro obispo, Mons. D. Antonio Prieto, junto con el tercer teniente alcalde del Ayuntamiento de Alcalá de Henares, Gustavo Severien.
Este año, el Belén Viviente de la EdE ha tenido importantes novedades con respecto a los años anteriores. Los visitantes eran acogidos por las Siervas del Hogar de la Madre con villancicos, mientras esperaban para acceder al Patio de Armas. Una vez accedían, el recorrido comenzaba en el salón de actos del Palacio Arzobispal, donde se proyectaba el cortometraje «Virgen y Madre» que sumergía a los espectadores en la fascinante historia del nacimiento de Jesús, que iban a vivir a través de las nuevas y diferentes escenas representadas como un viaje en el tiempo… desde el empadronamiento en Belén para el censo decretado por el César, pasando por la vida de una familia judía, la Anunciación del nacimiento del Hijo de Dios por el ángel, el trabajo en una carpintería de Belén, la sinagoga, la posada, la hilanderas… Con esta última escena, los visitantes recibían una vela para ofrecer como presente en el último y principal escenario: el portal, donde estaban la Virgen María, San José y, para sorpresa de todos, en lugar del Niño en el pesebre se encontraba expuesto Jesús vivo en la Eucaristía.
Aquí depositaban la vela y muchos eran los que se arrodillaban ante Él, escuchaban y meditaban la grandeza de este gran misterio que invitaba a la gente a la oración y la contemplación.
El número de visitantes fue en aumento a lo largo de las dos jornadas, superando el horario establecido. Se estima que más de 4.000 personas han sido conscientes, en estas dos jornadas, del auténtico misterio de la Navidad: el nacimiento de Dios, recibiendo así un nuevo mensaje de salvación y esperanza.
A la salida del Belén Viviente los asistentes podían realizar peticiones por escrito, que se entregarán en los conventos de clausura para que las religiosas oren por sus intenciones. Finalmente, se les ofrecían unos ricos buñuelos recién hechos que todos agradecían.
Se contó en todo momento con la presencia de dos sacerdotes, y muchos se acercaron y recibieron las gracias del Sacramento de la Confesión.

















