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Profesores universitarios en la festividad de Santo Tomás de Aquino, su patrón: en la Universidad hay sed de Verdad y también resquicios de fe

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Cada 28 de enero se celebra la festividad de Santo Tomás de Aquino, patrón de las universidades. En la Comunidad de Madrid hay seis universidades públicas y en el área territorial de la Diócesis de Alcalá de Henares contamos solamente con la Universidad de Alcalá (UAH). Hemos conversado con dos profesores universitarios que nos han hablado de la presencia de la fe católica, de la inquietud espiritual o de la necesidad de la búsqueda de la Verdad en el ámbito universitario.

En la universidad pública no siempre es sencillo compartir la fe católica en aulas, conversaciones, departamentos y pasillos. «En una universidad pública el silencio sobre Dios pesa mucho en las aulas, también entre los compañeros que son creyentes, por miedo al que dirán y eso duele, a mí me duele. Hablar de la fe es casi como intentar registrar un activo intangible sin valoración fiable, muchos no saben dónde colocarlo. El espacio para la fe se puede abrir a través de la humanidad, tratando a cada alumno como un ser único, como un misterio que llega cada día a clase con una historia y una herida de la que no sé nada, igual que ellos se enfrentan a una profesora con su historia y su herida de la que tampoco saben nada», afirma Sara Elena Otal Franco,  profesora de la Universidad de Alcalá que da clases de contabilidad en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, y en el Politécnico.

Otal vive su día a día académico entre números y finanzas, pero tiene clara su función para con los demás. Defiende que «la contabilidad es en esencia dar testimonio de la verdad de una empresa. Mi fe se manifiesta en cómo explico que detrás de una cuenta de resultados hay familias, empleos y responsabilidades sociales, no es sólo que el debe y el haber cuadren matemáticamente sino que la realidad que reflejan no esté maquillada para servir a ciertos intereses. La fe me da luz de fondo para ver las realidades humanas detrás de las cuentas anuales y tratar de transmitirlo a los alumnos».

Si con el alumnado, a veces, se puede mantener una relación más estrecha porque docentes y estudiantes coinciden muchas horas en las aulas durante el curso y se da pie a que pueda mostrarse algún aspecto de la fe católica, la relación con otros profesores, explica Otal, quizá sea «algo más difícil. La fe puede expresarse mediante la gratuidad de diversas formas, como cuando un compañero necesita que le escuches, le eches una mano o le ayudes con una determinada tarea o cuestión científica, o que seas comprensiva con algún error. En definitiva, se trata de mirar a la persona más allá de sus actos o de su currículum».

«El Señor le indicaba que la resolución de los problemas está en los ojos de los sensibles, de los humildes»

En relación al trato con los compañeros de trabajo también se manifiesta el profesor universitario Miguel Díaz Hernández, quien indica que «sí que he tenido oportunidades para hablar de temas relacionados con la fe. Sin embargo, y para mi sorpresa inicial, la mayoría de mis compañeros se han declarado agnósticos o no creyentes. Creo, después de meditar sobre esta cuestión, que esta declaración inicial puede deberse a la propia profesión investigadora, ya que nuestra dinámica de trabajo nos lleva a cuestionar constantemente todo lo establecido, para poder avanzar así en la frontera del conocimiento. De hecho varios compañeros con los que he hablado son personas que solo se creen lo que pueden ver, comprobar, contabilizar, o bien aquello que no pueden refutar. Algo parecido al apóstol Tomás cuando dijo que solo creería que el Señor había resucitado cuando metiera la mano en su costado o en los agujeros de sus manos».

Díaz Hernández es catedrático en el departamento de Bioquímica y Biología molecular de la Universidad Complutense de Madrid, en la sección de veterinaria. Destaca que muchos de sus compañeros de facultad o departamento, «no sé si por educación católica o bien por la acción constante que realiza el Espíritu Santo, creo que muchos de ellos dejan una puerta abierta, un resquicio de fe. Siempre me acordaré que mi directora de tesis, que ella misma se definía como agnóstica, cada vez que mandábamos un artículo a publicar me decía que rezase para que los revisores que evalúan nuestros trabajos nos dejaran publicar el trabajo en la revista científica de turno».

«Esto que podría ser una anécdota -continúa Díaz- pero deja de serlo cuando poco antes de fallecer de cáncer mi querida directora era capaz de ver en la naturaleza, concretamente en la estructura de una flor, la resolución de un complejo problema matemático, tal y como nos relató su marido, catedrático de matemáticas, en el panegírico que le dedicó en el funeral. Para mí, esa reflexión que hacía su marido me indicaba que después de toda una vida dedicada a la búsqueda de respuestas, a la infatigable labor de resolver problema tras problema, de pelear para obtener los escasos recursos de los que disponemos para investigar, el Señor le indicaba que la resolución de los problemas está en los ojos de los sensibles, de los humildes, en la simple estructura de una flor. Quiero creer que esta reflexión acercó más a mi querida directora al Señor, con el que espero esté compartiendo la gloria de la resurrección».

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Durante los más de 20 años que lleva desempeñando labores docentes, este catedrático que vive su fe en la Parroquia de San Vicente Mártir, en Paracuellos de Jarama, ha dado clase en diferentes asignaturas y en diferentes grados, y másteres, siendo el grado de veterinaria en donde más docencia ha impartido. Ha participado en las asignaturas de química y bioquímica en este grado de veterinaria, también en las asignaturas de neuroquímica y bioquímica farmacológica en el grado de bioquímica, asignaturas como en el máster de neurociencias. Además de su labor docente, dirige un grupo de investigación que trata de buscar nuevas dianas farmacológicas para el tratamiento de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer, y el Huntington así como en la epilepsia.

Anécdotas sobre la fe católica en la universidad y la auditoria del alma

Es habitual que puedan darse anécdotas vinculadas a la fe cristiana en un aula o un pasillo de la universidad. La profesora del departamento de Economía y Dirección de Empresas de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la UAH recuerda que «una vez un alumno me preguntó que por qué perdía tiempo en tutorías ayudándolo si claramente iba a suspender porque las notas que tenía y que arrastraba de la evaluación continua eran muy malas. Le respondí que su valor no dependía de su nota y que mi esperanza en él no dependía de su currículum y se quedó muy sorprendido. Sin citar el Evangelio le estaba diciendo cómo Cristo nos ve a cada uno de nosotros«.

Y no solamente con alumnos, también «con unos compañeros, cuando nos desesperamos por los cambios que hay frecuentes en las normas de contabilidad pues les dije ‘menos mal que las leyes eternas no cambian por decreto ley porque si no, no habría quien auditará el alma‘. Nos reímos y no sé si alguno pensó pues que hay algo más sólido en la vida, que hay verdades sólidas en las que apoyarse. Pero esto no tiene más valor que el ser una pura anécdota, no siempre las cuestiones son tan amables, otras veces me exaspero, no tengo paciencia… todos cometemos errores y no siempre podemos estar a un nivel de dar testimonio en todas partes», recuerda Otal.

Por su parte, Díaz Hernández no cree «que en la universidad haya una carencia o ausencia de Dios. Lo que sí veo es que en la universidad, un espacio que está pensado para debatir y compartir ideas, sí que se utiliza muy poco para hablar y debatir de temas de fe. No sé si este hecho se debe a que cada vez está más limitado la interacción que se da entre profesor y alumno, que actualmente se ciñe a la transmisión de conocimientos técnicos y teóricos específicos del grado o máster en cuestión, olvidando en todo momento la labor de mentoría que el docente debería de realizar, la cual, a mi entender daría más opciones para poder abordar este y otros temas en los que el docente podría aportar sus conocimientos al alumno».

Un silencio incómodo ante las grandes preguntas

Dar testimonio de fe católica no siempre es sencillo. Aun siendo una institución -la Universidad- creada por la Iglesia, hoy en día es habitual que en la universidad pública se palpe una ausencia o indiferencia en cuanto a Dios. «Es cierto que a veces la universidad parece un desierto donde Dios ha sido exiliado al ámbito de lo privado como si fuera un hobby raro. Pero la razón que excluye a Dios se vuelve una razón limitada, como decía el Papa Benedicto XVI. Lo que veo es un silencio incómodo ante las grandes preguntas, el sufrimiento, la belleza, el propósito de la vida, Dios no está ausente pero está esperando a que alguien se atreva a pronunciar su nombre con inteligencia. Más que una ausencia, lo que yo veo en términos contables es que está fuera de balance, es una operación fuera de balance. Dios se ha sacado del estado de situación financiera de la Universidad. Se vive como si fuera un gasto innecesario que hay que recortar para que la razón sea eficiente. Mi esperanza es que, al ver que el éxito material y los números no llenan el vacío de los alumnos, pues Dios aparece por la vía de urgencia. Dios no está ausente. Está esperando a que, en nuestra libertad, una vez que vemos que la vida tiene que ser algo más que una cuenta de resultados, nos volvamos hacia Él, entendiendo que el valor del ser humano no está en sus actos, sino en su ser», indica Otal, que vive su fe en la Parroquia de Santa María la Mayor, en Alcalá de Henares.

Y añade que «todo el mundo lleva en su alma esa semilla que lo impulsa hacia una búsqueda de la Verdad, aunque se disfrace de mil cosas. Los alumnos de hoy están hambrientos, tienen sed de esa Verdad, aunque se alimentan de comida basura intelectual. Los jóvenes están rodeados de estímulos muy fuertes para apartarse y desviarse de su centro. Buscan sentido constantemente, pero con frecuencia ponen su fe en verdades tan volátiles como el mercado bursátil. Aunque son jóvenes y han experimentado muchas heridas y mucha búsqueda. El problema está en que la sociedad les ofrece soluciones a corto plazo para problemas de largo alcance. Las redes sociales les dicen qué deben querer sin que se den cuenta de que están siendo manipulados y que no hacen una elección libre pese a lo que ellos creen. Y que están siendo anestesiados de lo que realmente es su deseo más profundo. Tienen pánico a tomar decisiones permanentes y comprometerse porque equivocadamente creen que eso les limita».

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«El amor es lo único que aumenta cuando más se gasta»

Ambos profesores universitarios coinciden en que, a pesar de las coyunturas de la vida personal y laboral, hay Alguien que les sostiene siempre. «Si esperanza no es un optimismo ingenuo de que todo va a ir bien, sino la certeza de que incluso cuando, si se me permite la expresión contable, mis cuentas no cuadran y el desánimo me vence, hay algo siempre más firme y superior a mí en lo que puedo asirme. Ser profesora de contabilidad y católica, pues quizás hay recordar que al final de nuestra vida se nos pedirá un estado de rendición de cuentas, pero que el auditor o el gran auditor es misericordioso y que conoce que nuestro mayor activo es el amor, que curiosamente es lo único que aumenta cuando más se gasta», explica Sara Otal.

Miguel Díaz comenta que «a mí mismo me vendría muy bien poder tener el apoyo de mis compañeros o alumnos para poder crecer en mi fe. Han sido, son y seguramente serán muchos los momentos que he vivido, vivo y viviré que me hacen cuestionar mi fe. Desde fracasos laborales, hasta pérdida de personas queridas, compañeros y familiares. Es en los momentos más complicados cuando más flaqueamos y cuando necesitamos de más apoyo y cariño, cuando necesitamos sentirnos más queridos, más amados, cuando necesitamos que nos recuerden que ya somos queridos y amados, que no hay pérdidas, sino un hasta luego, que no hay fracasos sino constatación de que ese no era el camino. Pero en esos momentos es muy complicado, muy difícil verlo o sentirlo, y es precisamente allí cuando necesitamos recordar, que nos recuerden la Verdad«.

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