Entre los días 10 y 18 de julio de 2026, la parroquia Sagrada Familia, de Torrejón de Ardoz, realizó una peregrinación a Medjugorje, en Bosnia Herzegovina. En total, un grupo de nueve personas, acompañado por el párroco Slawomir Andrzej Wiktorowicz, visitó los principales lugares del municipio como el santuario o los montes Podbrdo y Krizevac.
Para Lola, una de las feligresas, «peregrinar a Medjugorje, pueblo de gente sencilla y alegre, donde nuestra madre la Virgen María se aparece, es una experiencia que te sobrecoge y maravilla, tanto al rezar el Rosario con devoción, como al realizar los Via Crucis subiendo montañas rocosas y agrestes, junto a tantas personas unidas por la fe en nuestro Señor Jesucristo. Que nuestro Padre Dios les ayude y proteja a todos ellos, que han mantenido la fe en los momentos de dificultad».
Por su parte, Cenith, otra de las peregrinas, indica que «‘Mi Amor es intenso, por eso sólo puedo dártelo a gotas’; ‘Mi Misericordia es tan grande como Mi Amor’; ‘Recuerda que te pedí que se amen unos a otros como yo los he amado’ fueron algunos de los claros mensajes que me regaló Nuestro Señor en la peregrinación que hicimos en comunidad, porque así vivimos en este mundo, y de la mano segura y cariñosa de Nuestra Madre, la Gospa… Y es que no es fácil la misión que tenemos como miembros de la Iglesia peregrina. Es más fácil ceder a la tentación de vivir con mis propios asuntos y cerrar los ojos a los de los demás. Y eso que tenemos miles de ejemplos que hacen parte de la Iglesia triunfante, incluso recientes como Carlo Acutis… y ahora pienso en los jóvenes: eran tantos los que estaban allí y con tan contagiosa alegría… La alegría era otro factor común. Tan distintos y tan iguales… todos buscando lo mismo: aprender a llegar a Él».

«Mirar mi vida con los ojos de María»
María Dolores también peregrinó con la parroquia Sagrada Familia y afirma que «Medjugorje no es un santuario espectacular, es sencillo pero en medio de esa sencillez es capaz de transformar. La dureza del camino del Viacrucis, pura piedra, me ha enseñado que no hay nada imposible en la vida. El camino al monte Krizevak, donde diariamente se reza el rosario, también pura piedra, me ha hecho mirar mi vida con los ojos de María: ‘no tengas miedo y fíate del Señor, que se haga su voluntad’. Y el Cristo resucitado me ha permitido corroborar que el Señor hace milagros continuamente. El fruto de nuestra peregrinación lo llevamos cada uno en nuestro interior. María ayúdanos a descubrirlo y vivirlo».




