Cada 22 de noviembre celebramos la festividad de Santa Cecilia, mártir romana del siglo III y patrona de la música. Con tal motivo, en el programa de radio ‘El Espejo de la Diócesis de Alcalá’, que se emite cada viernes, entrevistamos al padre Jaime Salido, sacerdote, párroco en Santiago Apóstol en Torrejón de Ardoz y cantante.
Su nombre artístico es Jaime Salmoreno y nos habló de la música y de su experiencia con ella. Ha sacado un par de discos en español, otro en inglés y también algún single. Su música se puede escuchar en plataformas como Spotify o Youtube.
¿Por qué es importante la música en la vida de la Iglesia?
La música es un lenguaje universal que a todos toca y donde terminan las palabras, la música es capaz de llegar a esos lugares y de expresar aquellas realidades profundas de un calado humano, pues a veces imposible de expresar con palabras y musicalmente quizá uno puede compartir esa experiencia religiosa para la cual a veces es necesario utilizar artes como la poesía, utilizando también metáforas concretas. Pero la música, además de abrazar toda la poesía, incluye ese lenguaje nuevo que no solo a los seres humanos llega, sino a toda la creación.
¿Cómo ha sido exactamente tu relación con la música?
Mi relación con la música es desde que nací. Me imagino que mi madre me cantaba, me cantaba mi abuela. Recuerdo músicas concretas que nos ponía mi padre cuando íbamos de camino a un sitio u otro en el coche. La música forma parte de la vida porque toda experiencia siempre está unida, en toda experiencia hay una perspectiva gráfica, una perspectiva musical, hay unas palabras concretas que tienen peso… Entonces, digamos que la memoria se aferra a todo ese conglomerado de experiencias y, entre ellas, la música tiene esa fuerza de permanecer. Unas palabras que están musicalizadas permanecen con mucha más facilidad.

De ahí a convertirte en Jaime Salmoreno, a producir música, a componer, a sacar discos… ¿cómo das ese paso?
A los 14 años, cuando fui a mi primer campamento con la parroquia de Santiago Apóstol, de Alcalá, veía que la gente tocaba la guitarra y enseguida me familiaricé con ese instrumento. A los 15 años, mi madre me regaló una guitarra y aprendí con práctica, de oído y ya componía antes a capela o con la flauta. Fue sobre todo a partir de los 15 años cuando empecé a a expresarme a través de composiciones propias y en esas composiciones se manifiesta mis relaciones humanas y por supuesto mi relación con Dios. Por eso cuando hubo que hacer un disco respecto de mi propia experiencia vital y conversión a Dios, pues tiré de temas que empecé a componer desde los 15 años. Y vas viendo como el Señor estaba detrás de cada composición, incluso aunque no la refirieses a Él explícitamente.
¿El sacar discos no te dio vértigo?
No. En la parroquia estaba acostumbrado a tocar en el coro, a cantar también para mis amigos o para mí mismo en cierto modo. Es verdad que cuando cantas en público, sobre todo al principio, pues siempre el corazón te late con más fuerza y te pones un poco nervioso. Pero cuando asumes que te puede salir mejor o peor, que lo que estás haciendo es compartir una experiencia musical y lo importante de ese momento no es tanto lucirse como compartir ese momento… yo creo que está un poco asociado también a la vida. Hay veces que nos atoramos sencillamente porque estamos tratando de buscar en los demás reacciones concretas, pero cuando sencillamente compartes lo que eres y lo que vives, disfrutas todo mucho más y no pasa nada si te equivocas o si te sale un gallo, pues te ríes y ya está.
¿Cómo es el proceso de composición de tus obras?
Los temas que más canto salieron en muy poco tiempo, en una hora o en media hora y porque a lo mejor estaba rezando un salmo y y dije ‘a esto hay que ponerle música’ y surgió directamente. Uno tiene diferentes formas de componer. O bien hay una propuesta previa, es decir, pues me gustaría hablar sobre un tema que compuse no hace mucho sobre la voz de Dios y entonces pues estudias cómo es la voz de Dios en el Antiguo el Testamento y en el Nuevo Testamento.
En otra ocasión es un pasaje concreto, con lo cual ya tienes el pasaje y lo único que haces es adaptar musicalmente esa letra que te llega. En mi caso, también intento ser en la medida de lo posible lo más respetuoso con el texto en la traducción litúrgica. Algo que me parece muy importante en esta forma de componer es que la música respete, por ejemplo, las sílabas tónicas y átonas de las palabras, respete que una melodía tiene que dar intensidad a aquellas palabras que son más importantes a mi juicio. Que si hay algún adorno, un arreglo musical o algún adorno con la voz, ese adorno sea en palabras concretas. Creo que es importante entender qué palabra es la palabra fuerza de la frase o las palabras fuerza para darles importancia a la hora de hacer una melodía.

¿Tienes algún proyecto musical entre manos que puedas contar?
Ahora estoy musicalmente en un momento de mucha incertidumbre porque no sé muy bien cómo Dios quiere hacer derivar algo que ha sucedido de forma pues muy fortuita y que sin embargo pues parece que puede conllevar una repercusión mediática mayor de lo que yo hubiese esperado o deseado. Pero el Señor sabe más y y siempre hay que poner al servicio de Dios los dones que Él te da y en la medida en la que Él lo hace.
Una de las reglas que yo siempre he tenido con la música es no hacer autopromoción. Si Dios quiere que salga algo, saldrá, o si Dios quiere que se escuche algo, se escuchará y ya está. Entonces, yo voy a hacer lo que me toca, que es rezar, componer y, por supuesto, mi ministerio sacerdotal. Las prioridades en ese sentido son fundamentales.
Entonces, ¿cómo surgió este proyecto con el que ahora estamos trabajando? Digo ‘estamos’ porque hay un equipo grande detrás. Surgió de la siguiente manera. Compartí un vídeo con mi madre de una peregrinación a Fátima con la parroquia. Fuimos a la playa de Nazaré y allí había un chico cantando, tocando la guitarra muy bien en un mirador hacia el mar y le dije ‘Oye, ¿cantamos una canción?’. Y cantamos un par de canciones. Le mandé a mi madre un vídeo diciendo ‘Mira, mira qué bonito, qué bien lo estamos pasando y tal’. Mi madre, ni corta ni perezosa, compartió el vídeo y se fue difundiendo. Me llamó un productor de televisión y me dijo que mi vídeo lo habían escuchado muchísimos cantantes internacionales y famosos, y todos llegaban a la conclusión de que les gustaría hacer un dueto conmigo.
Me dijo ‘¿le puedo dar tu teléfono a un amigo mío productor?’. Entonces me llamaron, quedamos el año pasado y estuvieron haciendo una propuesta de hacer mis propias canciones pero con una profesionalización, con un equipo detrás y poder hacer duetos también con personalidades del mundo de la música. Y bueno, pues firmé contrato. El contrato, por supuesto, lo quise supeditado a la decisión del obispo diocesano de Alcalá siempre, no solo porque ahora D. Antonio estuviese de acuerdo sino que en un futuro siempre el obispo diocesano sea aquel que pueda decidir sobre mi ministerio, puesto que la música está supeditada a mi ministerio. Ante todo soy sacerdote y me expreso, vivo, canto y me relaciono como tal. Por eso creo que mi obispo no solo tiene una palabra para ello, sino tiene un discernimiento.
La productora es 33 producciones y hay un amplio equipo de personas detrás y me propusieron como productor musical para hacer los arreglos de mis canciones y para ir llevando mi música hacia un nivel que ellos consideraban adecuado, a Pablo Cebrián, que es el productor musical que ahora mismo está también con Hakuna. Lo googleé porque tampoco sabía yo mucho de esto y la verdad es que es un hombre con una trayectoria muy interesante. Al estar con él, al hablar, al escuchar música, mis composiciones o por donde queríamos llevar las canciones, también es precioso ver cómo Dios va haciendo camino con todos y, en particular, con Pablo ha ido haciendo un camino muy bonito, de modo que él mismo me decía que ‘es un regalazo enorme poder hacer música contigo’.
Y ves cómo algo que parecía como muy surrealista al principio, porque ni yo lo pedí ni lo esperaba y además yo pensaba que mi director espiritual me iba a decir que me ‘que me peinara’, que mi obispo me iba a decir ‘que me peinara dos veces’ y de repente todo se pone de esta manera. Luego las cosas de Dios se disciernen en el camino y uno viendo que eso que parecía que no tenía sentido, pues Dios había ido haciendo un camino y preparando a otras personas por otro lado para hacernos confluir en un punto en el que Él tiene una palabra que decir. Es bonito disfrutar de ver cómo Dios también va haciendo su camino en otras personas y cómo te las pone delante.




