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Mons. Prieto, en la Eucaristía por la fiesta de Ntra. Sra del Pilar: «Tenemos la certeza de que la Virgen del Pilar vela por España»

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El 12 de octubre de 2025, Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares, celebró en la iglesia del Monasterio de San Bernardo, en la ciudad complutense, una Eucaristía con motivo de la festividad de Nuestra Señora del Pilar, patrona de la Hispanidad y de la Guardia Civil. Terminada la Santa Misa tuvo lugar una parada militar en el Patio de Armas del Palacio Arzobispal. A continuación se puede leer su homilía.

Homilía del obispo de Alcalá en el día de Nuestra Señora del Pilar

Queridos sacerdotes, autoridades y miembros de la Comandancia de la Guardia Civil con sede en Alcalá, autoridades civiles y militares, queridos hermanos todos:

La historia de la devoción a la Virgen del Pilar es de sobra conocida. Cuando Jesús dijo a los Apóstoles: “id al mundo entero y predicad el evangelio”, los Apóstoles lo tomaron muy en serio. El Apóstol Santiago, desde Jerusalén, llegó hasta el límite del mundo conocido en esa época, hasta “Finis terre”, hasta el “fin de la tierra”, que se pensaba que estaba en Galicia. Santiago predicó en nuestra patria, pero, según cuenta la tradición, con muy poco fruto. Nuestros antepasados no le hicieron mucho caso. De tal manera, que, en un determinado momento, junto al río Ebro, en la ciudad de “Caesar Augusta”, la actual Zaragoza, se sintió desanimado y con ganas de abandonar.

Fue entonces cuando se le apareció la Virgen María, sobre un pilar, para darle consuelo y esperanza. Después de aquella visita de la Virgen, el Apóstol se sintió con tal fuerza que su predicación tuvo excelentes resultados. Al venir a Zaragoza, la Virgen María no sólo derramó sus bendiciones sobre el Apóstol Santiago, sino también sobre nuestra nación. Así lo ha confirmado nuestra historia. Siempre que las autoridades y el pueblo han acudido al Pilar de Zaragoza, han encontrado luz en las dudas, consuelo en las penas, fortaleza en las batallas y alegría en todo momento. La Virgen del Pilar nos ha defendido de herejías y nos ha liberado de opresores.

Por eso, la Virgen del Pilar no es solo aragonesa, es popular en todas las regiones de España. En cualquier iglesia perdida del rincón más recóndito de la península, puede encontrarse una imagen de la “Pilarica”. En la Basílica del Pilar de Zaragoza, la Virgen se encuentra en la llamada “capilla angélica”, de forma elíptica, como esta iglesia del Monasterio de San Bernardo. Allí se encuentra como una joya en su estuche. La capilla se llama “angélica”, porque, según la tradición, el pilar donde se apareció la Virgen fue tallado y trasladado por ángeles.

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Cuando hablamos de arquitectura, el pilar, la columna, es un elemento fundamental, que garantiza la solidez de un edificio. Quitar un pilar de un edificio significa atentar contra el edificio entero. Para la Iglesia, ese pilar es la fe, y María representa la fortaleza en la fe. En el Evangelio, hemos escuchado un hermoso piropo dirigido a la Virgen María. Una mujer de entre el gentío dijo a Jesús: “bienaventurado el vientre que te llevó y los pechos que te criaron”. Sin embargo, Jesús corrige a esta mujer, diciendo: “mejor, bienaventurados los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen”. Es decir, bienaventurados los que tienen fe y viven de la fe.

Y María es la creyente por excelencia, ella es el prototipo de la Iglesia, es la mujer que de tal modo acogió la Palabra de Dios, que la Palabra se hizo carne en su seno. En la Sagrada Escritura, el pilar, la columna, aparece también con esta connotación de cercanía de Dios y fortaleza en la fe. El Antiguo Testamento nos narra la peregrinación del pueblo de Israel por el desierto, hacia la tierra prometida. Fue un camino largo, costoso y no exento de dificultades, pero Dios se hacía presente en forma de columna, para animar al pueblo. Una columna que, durante el día, era de nube, y durante la noche era de fuego.

En nuestros días, también nosotros realizamos una peregrinación por este mundo, para llegar al cielo, que es nuestra tierra prometida. En ese camino, no estamos solos. La Virgen María, como pilar de fe y de amor, nos acompaña y nos da fuerza y esperanza. Por desgracia, nuestra nación está perdiendo esta fe en Dios. Según las estadísticas, el 60% de los españoles se confiesan católicos, pero solo un 20% se consideran practicantes. Es verdad que los católicos de hoy en día son quizá más auténticos que los de antes, porque ya no son católicos por tradición, sino por convicción, pero los números están ahí, y deberían hacernos reflexionar.

La fe, con sus valores espirituales, ayuda poderosamente a la convivencia pacífica, y a la construcción de una sociedad más justa y fraterna. Detrás de nuestras crisis sociales, de nuestras crisis de moralidad y de honestidad, e incluso detrás de nuestras crisis económicas, yo me atrevería a decir que hay una crisis religiosa, una crisis de fe.

No hace muchos años, la bandera roja y gualda y la Virgen del Pilar tenían la fuerza de aglutinar los corazones de todos los españoles. Creo que nuestra estabilidad y cohesión social era mayor que la de ahora. Por eso, no es de extrañar que se nombrara a la Virgen del Pilar patrona de la Guardia Civil, fundada por el Duque de Ahumada en 1844. Eran tiempos convulsos, caracterizados por el bandolerismo, que se difundió después de la ocupación napoleónica y las guerras carlistas. Se necesitaba una fuerza policial que fuera al mismo tiempo militar, profesional y eficiente. Así nació la Guardia Civil, para estar cerca del ciudadano, para ayudarlo, protegerlo y para hacer cumplir la ley.

En esta Eucaristía, pedimos por nuestros guardias civiles y por sus familias. A ellos queremos expresarles nuestra estima, nuestra admiración y nuestro agradecimiento. Recordamos especialmente a los guardias civiles caídos en acto de servicio. La Virgen del Pilar tiene en sus brazos al Niño Jesús, que, con una mano sujeta el manto de la Virgen, y en la otra tiene un “pajarito”. Se han hecho muchas especulaciones sobre el significado de este pajarito, pero predomina la idea de que este pajarito representa el alma humana.

La imagen del Pilar es tan pequeñita, que casi no se aprecia, pero nos está diciendo que nuestra vida está en manos de Jesús y bajo el manto de la Virgen. No se puede estar en mejor sitio. No hay mejor lugar que en las manos de Jesús y bajo el manto de la Virgen. Por eso, encomendémonos a la Virgen del Pilar, y pongamos bajo su manto a nuestra patria y a todos los pueblos hermanos de Iberoamérica. El Papa Juan Pablo II nombró a la Virgen del Pilar “patrona de la hispanidad”. Tenemos la certeza de que la Virgen del Pilar vela por España, ojalá también España siga siempre velando por la Virgen del Pilar. Que así sea.

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