Eucaristía, paseo contemplativo y plantación de un olivo: así transcurrió la jornada de oración por el cuidado de la creación

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El pasado viernes 5 de septiembre de 2025 tuvo lugar en las inmediaciones de la ermita de la Virgen del Val, en Alcalá de Henares, una jornada de oración por el cuidado de la creación. Al acto, organizado por el Secretariado para el Cuidado de la Creación de la Diócesis de Alcalá de Henares, se unieron casi un centenar de personas.

La jornada estuvo presidida por Mons. Antonio Prieto Lucena, obispo de la diócesis complutense, y «transcurrió con el orden previsto, cuidando mucho la puntualidad, entre otras cosas porque a las seis de la tarde se celebraba una boda en el interior de la ermita», indican desde el Secretariado.

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Los objetivos del Secretariado para el Cuidado de la Creación, explican, «podrían resumirse en la regla de las 3 E: Educación, Espiritualidad y Edificios. El acto del pasado viernes cumplía a la perfección las dos primeras líneas: Educación, pues allí se dieron cita religiosos, formadores, estudiantes, personas con una cierta sensibilidad por el cuidado de la creación y hacer de la tierra un lugar más sostenible y que dé más gloria a Dios».

El paseo contemplativo por las inmediaciones del río Henares fue el punto de partida de esta jornada. «Todo en un ambiente sereno y silencioso, pues el silencio es el mejor aliado para la contemplación. Algo de esto, antes de comenzar el paseo comentó Emilio Chuvieco, catedrático universitario y director del Secretariado diocesano para el Cuidado de la Creación. En el recorrido al lado del río Henares no se veían ni pancartas, ni se escuchaban consignas por los megáfonos, todo transcurría en tranquila contemplación, mientras caía la tarde. Únicamente, tres paradas para unas lecturas adecuadas: un salmo, leído por José Luis, arquitecto de la diócesis y un componente del secretariado; un fragmento de El bosque animado, magistralmente leído por Araceli, profesora de religión; y una poesía de San Juan de la Cruz, declamada por Isabel, ingeniera de Montes», destacan desde el secretariado.

Al regreso, los participantes en la jornada realizaron una recogida de basuras y, seguidamente, fueron entrando al interior de la ermita para la celebración de la Eucaristía. Era la primera vez que se celebraba en la diócesis de Alcalá la Misa para el cuidado de la creación, aprobada el pasado 8 de junio por el Papa León XIV. La Misa fue concelebrada por Mons. Antonio Prieto, obispo de Alcalá; Luis Eduardo Morona, vicario de evangelización de la diócesis; David Calahorra, párroco de Santo Tomás de Villanueva, y los sacerdotes jesuitas José Luis Pinilla y Pedro García.

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Plantación de un olivo como símbolo de paz y esperanza

«En la homilía, breve pero sustanciosa, D. Antonio glosó algunas ideas para nuestra mejora personal: dar más gracias a Dios, honestidad, austeridad de vida, serenidad frente a una cierta ansiedad enfermiza y vivir los sacramentos. A la salida, tuvo lugar la plantación del olivo como símbolo de la paz y de la esperanza. Allí estaban D. Antonio y D. Adrián, sacerdote rumano, representante de la comunidad ortodoxa de Alcalá de Henares, que mostró buenas maneras como jardinero. La tarde se nos había echado encima, pero todavía nos dio tiempo a compartir un refrigerio en la terraza al lado de la ermita de la Virgen del Val.», concluyen desde el Secretariado.

Alberto García Chavida, biólogo y miembro del Secretariado para el Cuidado de la creación, afirma que fue «una jornada de acción de gracias a Dios por la creación, y un punto de salida para ser apóstoles de un nuevo estilo de vida. Al plantar un olivo, manifestamos nuestro deseo de convertirnos en semillas de paz y esperanza, para un mundo más humano y más cercano al Creador. El cuidado de la creación y el respeto de la dignidad humana pueden hacerse concretos y armónicos según los principios de la fe, a través de la formación, el trabajo y la colaboración de todos, creyentes y no creyentes, pero unidos con la idea de un mundo sostenible y más humano. El acto del pasado viernes es solo una semilla, que esperemos crezca, con el riego abundante de la gracia de Dios y nuestra conversión a un modo más austero y más contemplativo de vivir».

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