Clara, una diocesana de Alcalá viviendo en la Roma del cónclave que elegirá al sucesor del Papa Francisco

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Hoy 7 de mayo de 2025 da comienzo el cónclave que elegirá al sucesor del Papa Francisco. Hasta que desde la chimenea instalada en el tejado de la Capilla Sixtina surja un humo blanco -la famosa fumata blanca-, el foco mediático y la mirada de los más de 1.400 millones de católicos que hay en todo el planeta estarán puestos en la Ciudad Eterna y en el Vaticano.

Clara Vargas estuvo en Roma de Erasmus hace 20 años y luego volvió en 2010 para quedarse. Desde entonces trabaja y vive en Roma con su familia. Vivió gran parte de su infancia y juventud en Alcalá de Henares. Creció en la Parroquia Santiago Apóstol, donde participó en la celebración de los sacramentos, colaboró como catequista e hizo grandes amigos en convivencias y campamentos.

Después de dos décadas dejándose querer y atrapar por la capital romana, esta alcalaína de corazón explica que «por su condición de centro de la cristiandad y gran belleza patrimonial, Roma es una ciudad acostumbrada a recibir muchas visitas. Cuando llega la primavera, los turistas aumentan y el tráfico también. El año pasado, con vistas al Jubileo, la ciudad estaba llena de obras y era realmente difícil atravesar algunas partes del centro. Este año, los precios de los vuelos han subido, así como los alquileres y los alojamientos turísticos. Digamos que la situación urbana se ha complicado, pero al mismo tiempo esto te hace pensar en lo privilegiada que es Roma. Ya he vivido aquí dos cambios de papa -cuando llegué hace 20 años, falleció Juan Pablo II– y no deja de ser emocionante».

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La muerte del Papa Francisco el pasado 21 de abril tocó el corazón de muchos romanos. Prueba de ello es que es habitual que los taxistas, camareros en restaurantes o periodistas acreditados de forma permanente ante la Sala Stampa (sala de prensa) de la Santa Sede, tengan algunos buenos recuerdos protagonizados por el Santo Padre en estos últimos doce años de pontificado.

El fallecimiento del papa «nos pilló de sorpresa porque parecía que se estaba recuperando, ya que salió el Domingo de Pascua a saludar a la plaza. Después de la noticia, en torno a la Plaza de San Pedro se percibía un ambiente de oración y gran expectación por conocer al sucesor. El funeral lo vimos por televisión, porque nos parecía una locura acercarse a San Pedro con la multitud que había, además el tráfico estaba cortado. Unos amigos nuestros que viven al lado, fueron a las seis y media de la mañana para entrar por la columnata pero, al estar cerrado ese acceso, les mandaron al inicio de Via della Conciliazione. A las ocho y media consiguieron entrar en el recinto de la plaza. De diez a once de la mañana, más o menos, fue la celebración, pero no consiguieron volver a casa hasta las dos de la tarde porque tuvieron que esperar a que todos los líderes políticos se fueran», destaca Clara.

Me gustaría que el nuevo papa fuese «carismático, con capacidad para dirigir a la Iglesia, pero con la humildad de dejarse guiar por el Espíritu Santo»

Ese ambiente de oración y expectación por saber quién será el nuevo Vicario de Cristo en la tierra se ha ido acrecentando conforme se acercaba el 7 de mayo. Nuestra ‘complutense romana’ afirma que «en alguna conversación con amigos sale de vez en cuando el tema. Tratando de imaginarse el proceso, preguntan ¿habéis visto la película ‘Cónclave’? Es curioso que estos días salen expertos en cónclaves hasta de debajo de las piedras… jajaja«.

Durante los últimos días y semanas han surgido decenas de nombres de cardenales papables que podría convertirse en el nuevo sumo pontífice de la Iglesia universal. Cada persona tiene algún favorito según la afinidad, el país, los libros que ha escrito, las entrevistas que ha concedido o los discursos que ha pronunciado. 133 cardenales entrarán en la Capilla Sixtina y solamente uno de ellos saldrá vestido de blanco.

Al preguntar a Clara Vargas cómo le gustaría que fuese el papa que va a suceder a Francisco, explica que «me gustaría que fuese sabio y buen comunicador para saber transmitir con pasión la alegría de seguir a Jesús; un gran diplomático que consiguiese llevar la paz a los conflictos de guerra, sin perder el espíritu de autenticidad, sencillez y cercanía a la gente corriente. Preferiría que fuera ‘joven’ para acercarse con frescura a los problemas de la sociedad actual. Y carismático, con capacidad para dirigir a la Iglesia, pero con la humildad de dejarse guiar por el Espíritu Santo«. Todo el mundo ya aguarda el ‘Habemus Papam’.

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