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Alma, la niña de la Diócesis de Alcalá de Henares que fue bendecida por León XIV a su llegada al aeropuerto de Madrid-Barajas: «Hemos podido ver el amor de Dios»

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La visita del Papa a España del 6 al 12 de junio de 2026 sigue descubriendo historias conmovedoras. A su llegada al aeropuerto de Madrid-Barajas, León XIV era esperado por un grupo de familias con sus hijos, algunos de ellos con enfermedades o discapacidades intelectuales o físicas.

Al entrar en las instalaciones, el Santo Padre se acercó para bendecirles y saludarles, uno por uno. Entre ellos se encontraba Alma, diagnosticada con un tumor cerebral cuando tenía tan solo un año de vida, junto a su madre Alina.

Esta niña de 12 años recibe cuidados paliativos en el Hospital Niño Jesús, acude junto a su familia a la parroquia de Natividad de Nuestra Señora en Mejorada del Campo, y fue la primera a la que el Santo Padre León XIV bendijo al pisar suelo español.

«Una sonrisa de la Virgen»

Alina cuenta con emoción que la única explicación de su presencia en el Aeropuerto en primera fila es la «Santa Providencia». En el Hospital Niño Jesús les presentaron a una señora de la Hospitalidad de Lourdes «muy entrañable» y un día, poco antes de la visita de León XIV, recibieron una llamada: habían pensado en Alma para que estuviera en Barajas para dar la bienvenida al Papa una vez cumplidos los primeros protocolos.

«Dios ha querido que estuviese ahí ese día», asegura Alina. «Los caminos del Señor, que funcionan así… Con tantos niños que hay con situaciones también muy llamativas no sé cómo hemos acabado nosotras ahí. Seguimos viendo la mano de Dios en todo esto, porque otra explicación no tendría», afirma la madre de Alma.

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Alma (con un pañuelo de colores cubriéndole la cabeza), recibe la primera bendición de León XIV a su llegada al Aeropuerto de Barajas – © YouTube En Tí Confío

Les habían avisado que, por diversas circunstancias, quizás el Santo Padre solo podría saludar de lejos. Pero León XIV se acercó. «Estábamos nosotras ahí colocadas, se acercó, le dio la bendición, la saludó y luego ya siguió niño por niño. Hemos podido ver el amor de Dios. Es lo que hemos sentido. Como una sonrisa de la Virgen«, explica.

Alma también lo vivió emocionada, «con muchísima ilusión». Su madre explica que las dos estaban temblorosas y que no podían articular palabra. «Hablaron los corazones, no hemos dicho ni una palabra, y eso que se trataba de darle la bienvenida… menos mal que los demás han sido más despiertos», bromea Alina.

En el sufrimiento «muy cuidados y muy amados»

Su hija padece un tumor cerebral desde el primer año de vida. «Llevamos toda la vida con cirugías, tratamientos, quimioterapias… y varias recaídas a lo largo de este tiempo. Y ya después de la última recaída empezamos a entrar en ensayos clínicos. Y llevábamos así 3 ó 4 años, empalmando uno con otro. En septiembre del año pasado la intervinieron quirúrgicamente otra vez», explica Alina.

El procedimiento fue muy bien, pero desde ese momento la familia decidió pedir cuidados paliativos, por el soporte y la asistencia que les dan. En medio de todo, la fe de Alma y su familia no se tambalea. La presencia de la Virgen es fundamental. «Ella es nuestra Madre que nos cuida. Nos sentimos muy cuidados y muy amados por ella. Sobre todo esta devoción a la Virgen de Lourdes es la devoción que más tenemos. Solemos ir a Lourdes todos los años a ser posible. Es nuestro rinconcito del Cielo aquí en la Tierra donde nos llenamos de paz», explica Alina.

Aunque pudieron darle la bienvenida a León XIV en Barajas, Alma y su familia siguieron todo la visita por la televisión. Pero Alina no se olvidará nunca de sus impresiones del Papa a su llegada. En comparación con las masas de gente en la calle que quería conseguir una foto o una grabación lo más cerca posible el contraste en el aeropuerto era grande. Las familias con sus niños estaban esperando.

Esta feligresa de la Natividad de Nuestra Señora cuenta cómo le impresionó ver al Papa «pedir permiso» para acercarse a los niños. «Qué humildad, qué ternura, qué amor. Qué emoción. Se acercó con los ojos llenos de lágrimas. Intercambiamos una mirada, que yo me quedo con eso guardado en el corazón para siempre. Nos sentimos súper dichos, afortunados… Yo nada más que decía ‘Señor, no soy digna; Señor, no soy digna…'», concluye Alina.

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