P. Alberto, misionero de Alcalá de Henares: diecisiete años en México

Padre Alberto misionero México

El pasado domingo 19 de octubre de 2025 la Iglesia celebraba el DOMUND, Domingo Mundial de las Misiones. Uno de los misioneros que han salido de la diócesis complutense es el P. Alberto Izquierdo, quien lleva diecisiete años evangelizando en México.  Tuvo una primera intuición vocacional cuando servía como monaguillo en la parroquia de Nuestra Señora de Loreto en Alcalá de Henares. «El P. Alberto recuerda, todavía con emoción, la primera vez que el Señor le invitó a ser sacerdote. Era un niño de solo nueve o diez años: «Hace 41 años, mientras era monaguillo y llevaba las vinajeras al altar, me vino a la mente un pensamiento que poco después cambiaría mi vida: “Tú puedes ser sacerdote como don Javier”», cuenta la hermana Beatriz Liaño, secretaria de la delegación diocesana de Misiones en el blog de OMP. En aquél momento la llamada no se concretó, pero el Señor insistió y Alberto fue ordenado sacerdote el 24 de diciembre de 2005. Poco después de su ordenación surge la vocación misionera y a día de hoy, el P. Alberto lleva diecisiete años en México, de donde destaca el estado de Quintana Roo, perteneciente a la prelatura de Cancún-Chetumal. Él mismo lo cuenta en el blog de Misiones: «Uno de los regalos más grandes que Dios me ha concedido es haber vivido cinco meses en la población de Felipe Carrillo Puerto y, desde allí, colaborar en la atención pastoral de las comunidades mayas que están alrededor. Son cerca de cuarenta comunidades». Quintana Roo sigue en el corazón del P. Alberto y todos los veranos vuelve, acompañado por universitarios. Gracias a ellos y a las aportaciones, como los rosarios misioneros, que llegan de la Delegación de Misiones, la diócesis complutense se hace presente en estas comunidades. «Agradezco de corazón todo el apoyo que recibo de tantas personas, en particular el ánimo, las oraciones y la ayuda que la Delegación de Misiones de Alcalá me regalan. Sigamos muy unidos en el propósito de llevar el Evangelio y la caridad de Jesús a muchos corazones. De verdad que vale la pena y vale la vida. Sin dudarlo, que volvería a seguir el camino de la vocación si volviera ahora a nacer. Es un regalo y soy feliz como sacerdote. Recen por mí y yo rezaré por ustedes», concluye el P. Alberto.