José Manuel Almuzara, gaudinólogo, en el centenario de la muerte del arquitecto camino a los altares: «Gaudí se enfrentó a la adversidad, luchó, disfrutó, con corazón limpio»

josé manuel almuzara puerta sagrada familia

El Papa León XIV comenzaba ayer, 9 de junio de 2026, otra etapa de su viaje apostólico por España. Una etapa que le ha llevado a la ciudad condal de Barcelona, donde presidió una multitudinaria vigilia de oración en el Estadio Olímpico. Esta mañana, el Santo Padre presidía el Rosario en Montserrat y por la tarde bendecirá la Torre de Jesucristo en el mismo día en que se cumplen 100 años de la muerte del arquitecto del Templo Expiatorio de la Sagrada Familia, el Venerable Antonio Gaudí. Con la colocación de esta torre, la construcción de esta basílica llega a su altura definitiva: 172,5 m. José Manuel Almuzara, presidente de la Asociación pro-Beatificación de Antonio Gaudí, dio, a finales de mayo de 2026, un breve curso sobre el famoso arquitecto que ya va camino a los altares a los profesores de religión de la Diócesis de Alcalá de Henares. Además, el pasado día 26 de mayo, Almuzara tuvo la ocasión de impartir una conferencia en el marco del Aula Cultural Civitas Dei en la que también presentó su libro Gaudí, el arquitecto del alma. Por este motivo, invitamos a este experto gaudinólogo a intervenir en el programa diocesano de Mediodía COPE El Espejo de la Diócesis de Alcalá. En una entrevista larga y minuciosa nos ha revelado detalles más íntimos y entrañables de la vida y de la fe del llamado ‘Arquitecto de Dios’.   José Manuel, ¿cómo te interesaste por Antonio Gaudí? Hace 50 años estaba estudiando quinto de carrera en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona, y un profesor en una asignatura de 5º me hizo hacer un trabajo que yo escogí. Y ese trabajo era levantamiento de planos de Masías del Maresme, una comarca en Barcelona, y la persona que dirigía ese trabajo era Lluís Bonet i Garí. Luego me enteré de que era discípulo de Gaudí. Él tendría más o menos 85 años, yo 23, aproximadamente, y como vivía muy cerca de la Sagrada Familia, me dijo de quedar allí otras veces para hablar del tema de las Masías, de los planos… Pero fue maravilloso, porque también conocía a Isidre Puig Boada, otro discípulo de Gaudí. Y a partir de ese momento pues cada vez iba más y estaba más interesado en que me dieran a conocer a aquel arquitecto para mí muy desconocido, porque hasta quinto de carrera no me enteré casi ni de que existía. A partir de ese momento, con las visitas con estas dos personas y otro arquitecto llamado Cardoner, que menciona el Simbolismo, me fui enamorando del arquitecto, del hombre, del cristiano. La figura de Gaudí ha permanecido muy eclipsada por su obra quizá durante muchos años para mucha gente. ¿Cómo nace su vocación como arquitecto?  Antonio Gaudí, con aproximadamente 6 años, no podía ir al colegio por una enfermedad, no podía correr, no podía saltar, y entonces su madre le llevó  encima de un burrito a Riudoms, una población a 5 kilómetros de Reus.  Yo siempre resumo que la formación académica la recibió en Reus, donde fue al parvulario, a la academia y a los escolapios. Y en Riudoms, en esta población, en esa masía, en esa casa de campo -una casa de aperos a la que su madre le llevaba- a partir de los 6 años descubrió la naturaleza, esa otra gran maestra para Gaudí. Hay unas frases muy simpáticas de él: «Los tiestos de flores, el piar de los pájaros, el cimbrear de los insectos, las montañas…etc. Vi las imágenes de la naturaleza. Esa que va a ser siempre mi maestra.” ¿Y a qué nos lleva eso? Pues a una cosa que siempre digo: a la capacidad de asombro, a la capacidad de observación, a no acostumbrarnos a la belleza que tenemos alrededor. Y aquí, en esta ciudad de Alcalá de Henares no puede uno andar un metro por el centro histórico sin ver algo maravilloso de piedra, de forja, de árboles, de paisaje y de historia. Y eso es lo que Gaudí propone: no acostumbrarnos, asombrarnos ante la belleza. Como sus abuelos trabajaban con las manos en un taller a él siempre le gustaron lo que son las tres dimensiones. Por eso hacía maquetas. A veces suspendía, pero él siempre se esforzaba para después ir aprobando, porque hay que recordar que cuando él estudiaba arquitectura en Barcelona, además trabajaba. Siempre fue un hombre batallador, como decía él. En ese ambiente de naturaleza -el paisaje, el Sol, el Mediterráneo- y el taller de su padre -en el cual también intervenía- le vino toda esta afición o esta vocación a la arquitectura. José Manuel Almuzara en la Cripta de la Sagrada Familia (Capilla de Ntra. Señora del Carmen) frente a la tumba del Venerable Antonio Gaudí, enterrado allí el 12 de junio de 1926 ¿Cómo se traducen su vida y su fe en sus obras, en sus diseños? Antonio Gaudí de inicio, con unos padres católicos, era muy devoto de la Misericordia de Reus, que es la patrona en esa ciudad. Sí que hay como cinco años ahí de despiste… desde el 1878 hasta el 1883, que entra a trabajar en la Sagrada Familia, cuando algunos le consideran ‘dandi’. Pero bueno, si uno mira en el diccionario la palabra ‘dandi’,  tampoco significa que sea una cosa negativa. Significa que vistes bien, que comes bien, que fumas puros, que te gusta la ópera….Si eso implica que no tienes en cuenta a los demás, o que eres un egoísta o vanidoso, entonces sí que sería una cosa negativa. El caso es que Gaudí siempre tuvo en sus obras un aspecto de símbolo. No solamente humanamente hablando, sino también divinamente. Yo creo que Gaudí siempre, como decía Benedicto XVI, une lo divino y lo humano. No podemos tener una escisión, como decía el Papa Benedicto XVI, entre lo divino y lo malo. Es decir, hay que ser arquitecto y cristiano a la vez. Por eso yo siempre digo, como cosa anecdótica, que Gaudí en su bolsillo llevaba avellanas, y