La tarde del pasado viernes, 16 de octubre de 2026, el salón de actos del Palacio Arzobispal de la diócesis de Alcalá de Henares acogía un acontecimiento singular: el cumpleaños del Domund. En efecto, la conocida colecta misionera que llama a las puertas de nuestra generosidad cada mes de octubre, cumplía cien años.
Para celebrar este centenario, la Delegación de Misiones organizó un evento que contó con la presencia de Mons. D. Antonio Prieto, obispo de Alcalá de Henares, y de Mons. D. Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito Complutense. Dña. Judith Piquet, alcaldesa de Alcalá de Henares, excusó asistencia en el último momento al ser convocada a un acto de la recién comenzada campaña electoral. En su lugar, representando al Ayuntamiento de Alcalá, se encontraban D. Antonio Saldaña Moreno, concejal de Obras, Mantenimiento Urbano y Edificios Municipales, y Dña. Esther de Andrés Domínguez, concejala de Mayores y Participación Ciudadana.

Presentaba el acto D. Arturo Otero, delegado de Misiones de la Diócesis de Alcalá, que comenzó introduciendo a D. Jaime Salido, sacerdote de la Diócesis de Alcalá, que interpretó uno de sus temas más conocidos «Todo tuyo», acompañado por la guitarra de Chechu Reguart. A continuación, habló Justo Amado, secretario de la Pontificia Unión Misional. Su charla tenía por objeto clarificar qué ha hecho la Iglesia con el dinero del Domund a lo largo de estos cien años de campaña. Como datos concretos, el secretario de la PUM señaló que cada día a lo largo de estos cien años, gracias a la colecta del Domund, ha podido abrir una parroquia, tres escuelas y un hospital. Baste ese dato como punta de un inmenso iceberg de caridad que es la obra misional de la Iglesia. La hermana Beatriz Liaño, secretaria de la Delegación de Misiones, declaró: «Mientras Justo hablaba, escuché la voz de un niño de diez u once años que estaba sentado detrás de mí. Le decía a su madre: “Mamá, yo quiero ser misionero”. Me di la vuelta sorprendida. Su madre me sonrió como diciendo: “No es broma, mi hijo habla en serio”. ¡Bendito sea el Señor!».
Patricia Cros conmovió al público con el relato de cómo llegó a ser voluntaria de la Delegación de Misiones, pudiendo cumplir así, de alguna manera, su infantil sueño de ser misionera. Con simpatía, provocó la generosidad del público con estas palabras: «En este encuentro, hemos escuchado por la boca de Justo Amado lo que la Iglesia ha podido hacer a lo largo de estos cien años de colecta del Domund. De nosotros depende lo que la Iglesia pueda hacer de ahora en adelante. Por eso, yo apelo a su generosidad para regalar a los misioneros una colecta extraordinaria». Para facilitar las donaciones, la Delegación de Misiones ha difundido un número de Bizum: 14979. Aunque, quien lo prefiera, puede hacer una transferencia a través de la cuenta corriente: ES 93 0075 0273 590600732979.

Seguramente, el momento más esperado de la tarde llegó cuando D. Jaime Salido, Chechu Reguart y Estefanía Benedicto subieron al escenario para cantar «Envíame a mí», la canción del Centenario del Domund que han compuesto junto con Pablo Cebrián. El momento fue de tanta fuerza espiritual que D. Arturo Otero hizo una petición que todos llevábamos en corazón. Pidió a D. Jaime, a Chechu y Estefanía que, tras la intervención de Mons. D. Antonio Prieto, volvieran al escenario para cantar «Alza la mirada», el himno de la visita del Papa León XIV a España, también compuesto por ellos. El publicó reaccionó con una ovación. La hermana Beatriz explica: «Con el Santo Padre todavía en el hospital, convaleciente de su operación de cáncer de pulmón, pedir la canción tenía mucho de rezar por el Papa, con todo nuestro cariño de hijos».

Antes, habló el obispo de Alcalá de Henares. «Con esa mezcla de sencillez y profundidad que le caracteriza nos hizo comprender la necesidad de esta jornada y todo lo que podemos aprender de los misioneros. Al terminar su intervención, D. Jaime, Chechu y Estefanía subieron de nuevo al escenario. Seguramente llevaban meses sin ensayar esta canción y, sin embargo, «lo bordaron». Cantaron con todo su corazón y arrancaron del Corazón de Dios gracias muy grandes, gracias de conversión para muchos de los que estábamos allí. Yo estaba en el dintel de la puerta, pendiente de que todo funcionara bien. De pronto, una mujer salió con los ojos arrasados en lágrimas. Se echó en mis brazos mientras me preguntaba conmovida: “¿Qué me está pasando que esta canción está entrando hasta dentro de mi corazón? ¡Si yo no soy creyente, hermana!”. No fue la única persona tocada por la gracia de Dios», afirma la hermana Beatriz.
El acto terminó con la bendición de los denarios misioneros confeccionados por las voluntarias de la Delegación de Misiones y con los que fueron obsequiados todos los asistentes. Y con un vino español para celebrar un cumpleaños tan señalado: el centenario del Domund.

