Ante una gran afluencia de fieles, el domingo 18 de octubre de 2026 a las doce del mediodía, el obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares, Mons. Antonio Prieto Lucena, dedicó el nuevo templo parroquial de Santa Teresa de Jesús, en el barrio complutense de La Garena.



















Homilía del obispo de Alcalá en la dedicación de la parroquia de Santa Teresa de Jesús
Querido D. Juan Antonio, Sr. Vicario general; queridos D. Gabriel y D. Josué, párroco y vicario parroquial de esta parroquia de Santa Teresa. Saludo también a los sacerdotes adscritos: D. Justino y D. Jean Clovis. Queridos sacerdotes y seminaristas. Saludo especialmente a los sacerdotes que han sido párrocos de esta parroquia y al P. Provincial de los Carmelitas Descalzos. Saludo, con todo respeto, a la Sra. Alcaldesa de Alcalá de Henares, a los miembros de la Corporación Municipal y a las demás autoridades aquí presentes, queridos hermanos todos en el Señor:
Hoy es un día de profunda alegría para nuestra diócesis de Alcalá de Henares y, de una manera especial, para esta comunidad parroquial de Santa Teresa de Jesús. Después de tantos años de vida parroquial, de esfuerzos compartidos, de dificultades superadas y de generosidad, ha llegado el momento de dedicar solemnemente este nuevo templo al Señor.
Decía San Juan Pablo II que una parroquia es “la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y sus hijas”. La parroquia que hoy dedicamos al Señor es la misma Iglesia que vive en el barrio de La Garena. Un barrio lleno de vida, de familias, de comercios, de empresas, de personas que salen cada día a trabajar y regresan a sus hogares. En medio de toda esa actividad, se levanta este templo, como un signo visible de la presencia de Dios entre nosotros.
Dios quiere tener su casa en medio de nuestras casas. No porque Dios necesite un edificio donde habitar. Él está presente en todas partes. Sino porque nosotros necesitamos lugares donde encontrarnos con Él, donde escuchar su Palabra, donde celebrar los sacramentos y donde experimentar que formamos parte de una familia mucho más grande: la familia de la Iglesia.
Hoy no estamos simplemente inaugurando un edificio. Estamos dedicando solemnemente esta iglesia a Dios, para que sea, de manera permanente, una “casa de oración”, un lugar de encuentro con Jesucristo, y un hogar para esta comunidad cristiana.
Un pueblo reunido por la Palabra de Dios
La primera lectura, del Libro de Nehemías, nos ha presentado al pueblo de Israel que, después de haber pasado por la experiencia del destierro, se reúne para escuchar la Palabra de Dios. Después de tantos años de sufrimiento, muchos israelitas se conmovieron hasta las lágrimas. Entonces, el sacerdote Esdrás les dijo: “No estéis tristes, pues el gozo del Señor es vuestra fortaleza”.
Esta escena nos recuerda que la comunidad cristiana se renueva cuando se reúne para escuchar la Palabra de Dios. Y eso es precisamente lo que sucederá en esta iglesia. Aquí, domingo tras domingo, se proclamará el Evangelio. Aquí, los niños aprenderán a conocer a Jesucristo; los jóvenes podrán descubrir su vocación. Aquí muchas personas encontrarán luz para orientar su vida, consuelo en sus dificultades y fortaleza para seguir adelante.
San Juan XXIII comparaba la parroquia con la “fuente de una aldea”, a la que todos acuden para encontrar agua. Eso debe ser esta parroquia para “La Garena”: una “fuente de agua viva” en medio del barrio. Un lugar al que podamos acudir cuando estamos cansados, cuando tenemos problemas, cuando necesitamos orientación, o cuando sencillamente queremos dar gracias a Dios.
Pero también un lugar donde descubramos que “no estamos solos”. Porque una parroquia no es solamente un edificio donde se celebran ceremonias religiosas. Es una comunidad de personas que comparten la misma fe, se ayudan mutuamente y procuran vivir como hermanos.
Por eso, hoy quisiera invitaros a todos a sentir este templo como vuestra casa. Que nadie se sienta extraño al entrar aquí. Que las familias encuentren acogida. Que los jóvenes descubran que tienen un lugar en la Iglesia. Que los ancianos y los enfermos se sientan acompañados. Y que quienes atraviesan dificultades encuentren una comunidad dispuesta a escuchar y ayudar.
Vosotros sois templo de Dios
En la segunda lectura, San Pablo nos ha dicho: “¿No sabéis que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?”. Hoy vamos a dedicar un templo construido con materiales cuidadosamente elegidos y colocados. Pero san Pablo nos recuerda que existe otro templo todavía más importante: “la Iglesia”, formada por todos los bautizados, en quienes habita el Espíritu Santo.
San Pablo añade algo fundamental: “Nadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo”. Aquí encontramos la clave de todo. Podemos tener un templo hermoso, bien construido y adecuadamente equipado. Pero si nuestra comunidad no está edificada sobre Jesucristo, nos faltará lo esencial. Porque una parroquia no se sostiene solamente por sus actividades, por sus grupos o por la buena organización de sus iniciativas. Se sostiene por la fe en Jesucristo, por la Eucaristía, por la oración y por el amor fraterno.
La construcción del edificio se puede decir que “ha terminado”, pero la construcción de la comunidad cristiana continúa cada día. Ahora comienza una nueva etapa para esta parroquia. Y vuestra gran tarea será seguir construyendo una comunidad cada vez más unida, más fraterna, más acogedora y más misionera.
Jesucristo, verdadero templo de Dios
En el Evangelio hemos escuchado el diálogo de Jesús con la mujer samaritana. La mujer plantea una cuestión que dividía a judíos y samaritanos: “¿dónde se debe adorar a Dios? ¿En el monte Garizín o en Jerusalén?”.
Y Jesús responde con unas palabras sorprendentes: “Los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y verdad”.
Jesucristo ha inaugurado una nueva manera de adorar al Padre. Por su muerte y resurrección, Él mismo se ha convertido en el “verdadero templo”, en el lugar donde Dios y los hombres se encuentran definitivamente. Y nosotros, unidos a Cristo por el bautismo, participamos de esa nueva vida. Por eso, el templo material tiene sentido porque nos conduce a Jesucristo.
En un templo católico, Jesucristo está realmente presente en el Sagrario, pero también está representado por el altar, donde se celebra la Eucaristía. Dentro de un momento, vamos a consagrar el nuevo altar de esta parroquia. Será un momento central de nuestra celebración. Del mismo modo que Cristo es el Ungido por el Padre, nosotros ungiremos el altar con el santo crisma.
También serán ungidas las paredes de la iglesia, como signo de que todo el edificio queda destinado al culto de Dios. Después, se quemará incienso sobre el altar, como expresión de la oración que asciende hasta el cielo. Y, finalmente, se iluminará el templo, recordándonos que Jesucristo es la luz del mundo.
Santa Teresa de Jesús, maestra de oración
Otro gesto importante es el depósito de una reliquia de Santa Teresa de Jesús bajo el altar. Es un gesto que nos remonta a los primeros siglos de la Iglesia, cuando los primeros cristianos celebraban la Eucaristía junto al sepulcro de los mártires. Es una hermosa tradición que expresa la unión que existe entre el sacrificio de Jesucristo y la vida de los santos, que han participado de su entrega.
Santa Teresa de Jesús es la titular de este templo, y a ella queremos acudir como protectora e intercesora. Ella es “maestra de oración”. Santa Teresa comprendió que la vida cristiana es mucho más que una ideología o un sistema ético. La vida cristiana es esencialmente una “amistad con Jesucristo”. Una amistad se cultiva por medio de la oración.
Pidamos al Señor que esta iglesia sea siempre una “escuela de oración”. Que quien entre aquí encuentre un ambiente que le ayude a ponerse en presencia de Dios. Que los fieles puedan acudir a rezar en silencio ante el Sagrario, para dar gracias a Dios, para recibir luz en sus dificultades, y para encontrar consuelo en sus sufrimientos. Santa Teresa enseña que la oración verdadera transforma la vida, y la hace más comprometida y fraterna. La oración auténtica no nos evade de la realidad, ni nos aparta de nuestros hermanos. Todo lo contrario, nos ayuda a amarlos más. Una comunidad que reza de verdad se convierte necesariamente en una comunidad más fraterna, más acogedora y más misionera.
Una obra de fe y de generosidad
Queridos hermanos: Antes de concluir, quisiera expresar públicamente mi gratitud a todas las personas que han hecho posible la construcción de este templo. En primer lugar, quiero dar las gracias de corazón a vuestro párroco, D. Gabriel García-Alfageme, y a su vicario parroquial, D. Josué Mulet. Sin la entrega de ambos, sin su capacidad para captar recursos y su perseverancia no hubiera sido posible este proyecto. Gracias, queridos Gabriel y Josué, por vuestro trabajo y, sobre todo, por vuestro amor a esta comunidad parroquial.
Quiero dar las gracias al consejo parroquial y a todos los feligreses de Santa Teresa de Jesús. Este templo no habría podido construirse sin vuestro entusiasmo, sin vuestro compromiso y vuestra generosidad. Desde el principio, habéis sentido esta obra como vuestra, y habéis puesto en ella vuestras mejores energías.
Mi agradecimiento se dirige también a D. Alberto Raposo, Vicario General de nuestra diócesis, que ha supervisado de cerca el desarrollo de todo el proceso de construcción, y a los profesionales de la Oficina Técnica del Obispado de Alcalá de Henares, a los que quiero agradecer su dedicación y competencia.
Gracias a la empresa constructora “Unno”, de Alcalá de Henares, y a los Talleres de “Arte Granda”, que han contribuido a hacer realidad y a dar belleza a este espacio destinado a la celebración de los misterios de nuestra fe. Quisiera expresar también un agradecimiento muy especial al director del Colegio “Mingote”, y a toda su comunidad educativa del colegio, por haber cedido tan generosamente sus instalaciones durante el tiempo que han durado las obras.
Agradezco, asimismo, la presencia y colaboración del Director de Instituciones Religiosas del Banco Sabadell, que ha facilitado la financiación del proyecto. Y quiero expresar también mi afecto a los familiares del siervo de Dios Mariano Arrizabalaga, seminarista mártir, que será beatificado el próximo 28 de noviembre. Muchas gracias por haber donado a esta parroquia una reliquia de vuestro familiar. Gracias, finalmente, a D. Juan Antonio Reig, que puso la primera piedra del templo, y a los antiguos párrocos de esta comunidad, que habéis contribuido a su historia y a su crecimiento.
Queridos hermanos: Hoy dedicamos a Dios un templo de piedra, para que Él siga construyendo entre nosotros un templo de piedras vivas. Nos encomendamos a la Stma. Virgen María, Madre de la Iglesia, y a Santa Teresa de Jesús, para que nos enseñen a construir una comunidad parroquial viva y misionera. Que así sea.




