Jesús Javier Mora (Curry) estuvo en 2003 en Cuatro Vientos: «La gente no miraba los fuegos artificiales, miraba la imagen de Juan Pablo II»

sacerdote jesus javier mora visita papa madrid

El Papa León XIV realizará un viaje apostólico a España entre los días 6 y 12 de junio de 2026. Jesús Javier Mora -conocido como ‘Curry‘- es párroco de la parroquia de la Natividad de Nuestra Señora, en Mejorada del Campo, y ha podido vivir varios encuentros con el Santo Padre. Uno de ellos fue en 2003. Curry recuerda que aquel año, cuando el Papa Juan Pablo II vino a Madrid, «yo estaba recién entrado en el seminario. Fue un encuentro muy bonito. Me acuerdo sobre todo del poder de atracción que tenía Juan Pablo II. Me acuerdo de un momento que hubo fuegos artificiales y la gente no miraba los fuegos, estaba mirando en las pantallas la imagen de Juan Pablo II». Y añade que Juan Pablo II era «un hombre que estaba ya muy enfermo, muy mayorcito, pero desprendía a Jesucristo y la gente lo veía en su rostro. Fue un poquito esto del ‘efecto fan’ que ahora se ve a la gente con los papas, que vamos ahí detrás del papa-móvil como locos. Pues fue la primera vez que lo viví a tope por las calles de Cuatro Vientos. Íbamos todos ahí con ansia de verle. Era verle y transmitirte la paz del Señor, la alegría de Jesucristo«. El Santo Padre León XIV, entre otros actos, tendrá un gran encuentro con jóvenes en una vigilia el sábado 6 de junio en Madrid y celebrará una Eucaristía en la plaza de Cibeles al día siguiente, el domingo 7 de junio. «Al ir a ver al Papa, a encontrarnos con él, Dios se derramará seguro. Cuando uno va a encontrarse con el Papa con este corazón, uno se asegura que Jesucristo va a pasar por tu vida, va a pasar. Entonces, ir con el corazón muy abierto a recibir todos las dones y gracias que podemos recibir», destaca el sacerdote.

Fallece el sacerdote D. José Pedro Cuevas Escarpa

sacerdote jose pedro cuevas escarpa

El sacerdote D. José Pedro Cuevas Escarpa ha fallecido. Nació en Romancos (Guadalajara) el 26 de noviembre de 1940 y fue ordenado presbítero el 7 de agosto de 1966. Se incorporó a la Diócesis de Alcalá de Henares en 1991 y se incardinó en ella en 2005. Su actividad pastoral transcurrió inicialmente como coadjutor en Colmenar de Oreja y ecónomo en Fuentidueña de Tajo. Entre 1989 y 2002 fue párroco en San Martín Obispo, en Valdilecha, y entre 2002 y 2019 fue párroco en San Marcos, en Alcalá de Henares. Además, fue miembro del Consejo Presbiteral Diocesano (1996-2000 y 2013-2018), miembro electo del Consejo Presbiteral (2003-2006), miembro de la Permanente del Consejo Presbiteral (2004-2006). Desde la Diócesis de Alcalá de Henares damos gracias a Dios por su vida y pedimos la intercesión de los Santos Niños Justo y Pastor para que el Señor lo acoja en su seno.

Testimonio de César Gil Cantero, sacerdote diocesano que desarrolla su tarea pastoral en Bolivia

P. Arturo, hna. Zdenka M y P. Cesar

El domingo 3 de marzo de 2024 se celebró la Jornada de Hispanoamérica, día en el que se celebra la especial vinculación misionera que une a las Iglesias de América y España. Con el lema «Arriesgan su vida por el Evangelio» esta jornada recordó a todos los misioneros allí, especialmente a los sacerdotes diocesanos de la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana (OCSHA). Esta plataforma nació hace 75 años para enviar sacerdotes diocesanos españoles a colaborar con las diócesis hispanoamericanas. Actualmente son unos 150 los sacerdotes diocesanos españoles que se mantienen como misioneros en América a través de esta plataforma y de su ONG hermana Misión América. La diócesis de Alcalá de Henares cuenta con un sacerdote de su presbiterio que desde hace años sirve como misionero a la diócesis de El Alto, en Bolivia. A través de esta entrevista, vamos a conocer al P. César Gil Cantero, que con sencillez explica: «Lo que más cuesta y lo que más gusta es lo mismo: sentir que está uno por Jesús haciendo lo que hace, independientemente de los resultados». P. César, ¿cómo nació su vocación sacerdotal? Mirando y mirando atrás en el tiempo, que ya han pasado muchos años, creo que lo más fundamental ha sido la fe de la familia. Mis padres no fallaban en asistir a la Misa dominical y hasta nuestra adolescencia allá nos llevaban. Creo que ese fue un terreno bueno, donde fueron cayendo palabras y testimonios que acabaron cuajando con una inquietud al final de mis estudios universitarios. Ya en el bachillerato, las charlas que nos daban en fechas cercanas la Semana Santa, la invitación de un compañero que ahora también es sacerdote, a asistir a unos ejercicios espirituales… todo eso fue empujando a mantener una fe que me llevó a responder que sí al llamado del sacerdocio. ¿En qué parroquias ha estado desde su ordenación hasta que se fue a Bolivia? En el tiempo del seminario estaba en alguna parroquia de Madrid. Recuerdo muy especialmente la que más tiempo estuve: Nuestra Señora de la Montaña, en Moratalaz, donde tenía la comunidad del seminario. Pero ya luego en el tiempo de pastoral hacia el diaconado y el sacerdocio, estuve en la parroquia de San Diego en Alcalá de Henares, con Ángel Domínguez, muy benemérito sacerdote con marcado carisma de la Pastoral Obrera y especializada de Acción Católica. En esa pequeña y muy querida parroquia, de tantos años de barrio, celebré mi primera Misa. Recién ordenado, ayudé en Algete y alguna otra parroquia de aquel arciprestazgo. Y, casi de casualidad, Mons. Manuel Ureña -que nos ordenó a los primeros de la diócesis (Juan Carlos Merino, ahora vicario del clero en Madrid; y Pablo Seco, misionero del IEME en Japón)- me mandó a San Cipriano, en Cobeña. Recuerdo que estaba ya mi destino a Estremera firmado, pero la edad de don Bernardo hizo que, en la fiesta de Cobeña, don Manuel Ureña decidiera allí mismo que me quedara en Cobeña. De allí, creo que Jesús Roquero, que en paz descanse, hizo que pasase a la parroquia de la Santa Cruz, en Coslada. Dios le tenga en la gloria, siempre activo y misionero Jesús Roquero. De esa parroquia de Coslada salí, con el visto bueno de don Manuel Ureña, hacia Bolivia. Su sucesor, Mons. Jesús Catalá, mantuvo el visto bueno. Al volver tres años después a España, por razones familiares, estuve ayudando en la parroquia de San Pedro y San Pablo, en Coslada, con don Arturo López Nuche, de feliz de recuerdo, y al que Dios también tenga en su gloria. Y de ahí pedí en comisión de servicios pasar a alguna parroquia de la archidiócesis de Madrid y así atender a mi madre, entonces ya viuda. Desde esa parroquia, y con la bendición de Mons. Juan Antonio Reig Pla, volví a Bolivia. Usted es sacerdote de la Diócesis de Alcalá, ¿cómo termina en la diócesis de El Alto, en Bolivia? Esa es una historia también entre curiosa y divertida. En resumen, con un buen amigo, Paco Bugedo, y un mapa delante, estábamos viendo de entre las muchas peticiones que llegaban a Misiones de la Conferencia Episcopal Española, y elegimos Bolivia: realmente fue casi casi poner un dedo en el mapa… Primero intentamos la diócesis de Corocoro, pero las dificultades de comunicación y las diferencias de hora no lo facilitaron para poder hablar. Hasta que en una primera conversación con la secretaria del obispo de allí (ahora cardenal Toribio Ticona) me aconsejaron ponerme en contacto con un obispo español nacido en Murcia, Mons. Jesús Juárez Párraga, entonces en la diócesis de El Alto. Así fue que acabé aquí. ¿Cómo es la misión que se le ha encomendado en Bolivia? Tanto el obispo primero con el que estuve, Mons. Jesús Juárez, como después Mons. Eugenio Scarpellini (que en paz descanse, falleció de COVID), y actualmente Mons. Giovani Arana, cuidan a los sacerdotes extranjeros. Y si venimos solos, no nos envían tan pronto ni tan fácilmente, al altiplano. Por eso he estado siempre en alguna parroquia de la ciudad de El Alto. ¿Qué actividad desarrolla allí? La de cualquier parroquia, creo yo, de cualquier lugar del mundo, solo con las particularidades de cada sitio por las que el cuidado pastoral, el primer anuncio, la evangelización a los bautizados, o la nueva evangelización… se mezclan en distintas proporciones. ¿Qué es lo que más le gusta de su vida misiones? ¿Qué es lo que más le cuesta? Esa pregunta le respondo quizás hoy de una manera, y ayer hubiera sido de otra, y mañana de otra. Quiero decir que a veces influye cualquier circunstancia en la respuesta, pero intentando ser objetivo creo que lo que más cuesta y lo que más gusta es lo mismo: sentir que está uno por Jesús haciendo lo que hace, independientemente de los resultados. Si quieren concretar más, lo que más cuesta es aceptar el ritmo y las particularidades de donde uno está, la forma de ser y de actuar de las personas, sus limitaciones y particularidades.