El obispo de Alcalá de Henares presidió la profesión perpetua de los Siervos y las Siervas del Hogar de la Madre

El pasado lunes, 8 de septiembre, Natividad de la Bienaventurada Virgen María, Mons. D. Antonio Prieto, obispo complutense, presidió la ceremonia de profesión perpetua de ocho Siervas del Hogar de la Madre y tres Siervos del Hogar de la Madre. Cada año celebran los votos perpetuos en esa fecha como signo del regalo que quieren hacer a Nuestra Madre en el día de su natividad entregando sus vidas para siempre. La celebración tuvo lugar en la iglesia de San Bernardo, a las 18:00h. Entre las hermanas que profesaron, dos de ellas han estado destinadas en la comunidad que las Siervas tienen en Alcalá de Henares: la Hna. Celine, de Singapur, y la Hna. Fernanda, ecuatoriana. Las hermanas restantes fueron las Hermanas Diana, Katherine, Mª del Mar, Mercedes y Patricia. De los tres Siervos, uno es oriundo de nuestra diócesis, el Hno. Pablo. El Hno. Joaquín ha estado varios años destinado en la comunidad que los Siervos tienen en Villalbilla, y también hizo los votos el Hno. Stephen. En la homilía, D. Antonio explicó en qué consistía la profesión que iban a realizar. «Lo que hoy ocurre es que ellos y ellas se ofrecen a Dios en totalidad, se postran ofreciéndole a Dios todo lo que son y todo lo que tienen y esperan que Dios acepte esta ofrenda y les consagre, sean consagrados en su nombre. Hoy, esa consagración bautismal que todos hemos recibido por el sacramento del bautismo se profundiza más con una dimensión esponsal; esa consagración se hace más íntima, más profunda en el corazón. Seguimos a Cristo a través de los consejos evangélicos, a Jesucristo pobre, Jesucristo humilde, obediente, casto, Jesucristo, que no tenía donde reclinar la cabeza, que nació en Belén, que vivió en pobreza y con esa pobreza redimió al mundo; Jesucristo obediente, movido en todo momento por el Espíritu Santo, que aprendió sufriendo a obedecer, y Jesucristo que tiene un corazón virginal, que dedicado completamente al padre se entrega por amor a todos nosotros. Por ese camino, poniendo nuestros pies en las huellas de Cristo, estos hermanos, estas hermanas quieren seguir al Señor, quieren responder con amor a tanto amor recibido, porque la vocación es eso, es como sentirse envuelto por el amor del Señor, es experimentar que Dios se fija en uno mismo de manera inmerecida, nos envuelve con su amor y nosotros tomamos conciencia de que tenemos que responder con generosidad». Don Antonio también expuso las vidas de los dos santos jóvenes recién canonizados, Carlo Acutis y Pier Giorgio Frassati, poniéndolos como modelos a seguir para realizar la tercera misión de los Siervos y Siervas del Hogar de la Madre: la conquista de los jóvenes para Jesucristo. Asistieron a la ceremonia varios sacerdotes y un buen número de fieles, llegándose a llenar la iglesia. Según explican desde el Hogar de la Madre «fue una tarde para dar gracias a Dios por su misericordia y por todo el bien que concede al Hogar de la Madre, especialmente con la vocación de estas Siervos y Siervas. Seguimos pidiendo por su fidelidad y para que siempre sus vidas sean agradables al Señor y a Nuestra Madre».