El Plan de Verano 2026 reunió a los jóvenes de la Diócesis de Alcalá de Henares en torno a la fe, la convivencia y el descanso

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Del 31 de julio al 5 de agosto de 2026, un grupo de jóvenes de la Diócesis de Alcalá de Henares ha participado en el Plan de Verano 2026, una propuesta que ha combinado descanso, convivencia, formación y vida de fe durante seis días de viaje. Bajo el lema «Para mí la vida es Cristo», los participantes tuvieron como lugar de alojamiento la Casa de Espiritualidad de Javier, vinculando la experiencia a la figura de san Francisco Javier y a su testimonio de entrega a Cristo. Javier: hogar, silencio y oración La Casa de Espiritualidad de Javier se convirtió durante estos días en el hogar del grupo y en uno de los principales escenarios de la experiencia. La figura de san Francisco Javier, uno de los grandes misioneros de la Iglesia, acompañó el encuentro y ayudó a los jóvenes a profundizar en el significado del lema. Uno de los momentos de mayor recogimiento tuvo lugar precisamente en Javier, donde los participantes pudieron disfrutar de un pequeño retiro y un tiempo de oración personal. En medio de las diferentes actividades del viaje, este espacio permitió hacer silencio, poner la mirada en Cristo y revisar cómo vivir la fe en la vida cotidiana. Lourdes junto a Mons. Prieto Lucena y Santa Bernardita Uno de los momentos más especiales del Plan de Verano fue la visita de nuestro obispo, don Antonio, que quiso acompañar a los jóvenes durante parte del viaje. Su presencia permitió compartir con él diferentes momentos de convivencia y oración, además de vivir juntos una de las jornadas más significativas de estos días: la visita a Lourdes. Lourdes junto a santa Bernardita Durante la jornada, los jóvenes pudieron conocer algunos de los lugares más importantes relacionados con la vida de santa Bernardita Soubirous, siguiendo una ruta que permitió acercarse a su historia y a su experiencia de fe. La visita estuvo marcada también por la celebración de la Santa Misa y la participación en la procesión eucarística, que ofrecieron al grupo un tiempo privilegiado de oración y encuentro con el Señor. Durante la jornada, los jóvenes pudieron conocer algunos de los lugares más importantes relacionados con la vida de santa Bernardita Soubirous, siguiendo una ruta que permitió acercarse a su historia y a su experiencia de fe. La visita estuvo marcada también por la celebración de la Santa Misa y la participación en la procesión eucarística, que ofrecieron al grupo un tiempo privilegiado de oración y encuentro con el Señor. Desde la organización del Plan de Verano expresan un agradecimiento especial a don Antonio por haber querido acompañar a los jóvenes, por su cercanía y por compartir con ellos estos momentos del viaje. Loyola y Zaragoza: lugares de gracia, descanso y amistad El itinerario llevó también al grupo hasta Loyola, lugar estrechamente vinculado a la vida de san Ignacio de Loyola. Allí los jóvenes pudieron conocer mejor la historia del santo y celebrar la Santa Misa en el lugar en el que Ignacio de Loyola vivió su proceso de conversión y decidió entregarse a Cristo. El Plan de Verano quiso ser también una oportunidad para descansar y disfrutar del verano. Entre las diferentes actividades hubo tiempo para el deporte y para compartir momentos más distendidos. Uno de los días estuvo dedicado a conocer San Sebastián, donde los jóvenes pudieron disfrutar de la ciudad y de un rato de descanso y baño en la playa. El viaje incluyó además una visita a Zaragoza, completando un recorrido que permitió acercarse a diferentes lugares de interés cultural y religioso. Los desplazamientos, las comidas, los juegos, el deporte y el tiempo libre permitieron que los jóvenes se conocieran mejor, fortalecieran amistades y crearan nuevos vínculos. Junto a las excursiones y actividades de ocio, el programa incluyó diferentes momentos de formación, charlas y oración. La intención era no limitar el viaje a una experiencia de vacaciones, sino que ayudara también a los jóvenes a crecer personalmente y en su relación con Dios. «Un plan muy necesario» Al finalizar el viaje, los propios jóvenes han destacado especialmente la oportunidad de parar y descansar después de un curso intenso, pero sin dejar de lado aquello que consideran fundamental: su relación con Cristo. Entre las valoraciones compartidas aparece con fuerza la idea de que ha sido «un plan muy necesario», tanto para recuperar fuerzas como para compartir la fe con otros jóvenes. El Plan de Verano 2026 ha querido recordar que Cristo también está presente en el descanso, en la amistad y en cada momento de nuestra vida. El lema «Para mí la vida es Cristo» ha acompañado a los jóvenes durante todo el viaje y ha encontrado un significado especial en los lugares visitados y en los testimonios de los santos que han conocido: san Francisco Javier, santa Bernardita y san Ignacio de Loyola. Con el regreso a casa, termina esta edición del Plan de Verano, pero comienza el reto de llevar al día a día todo lo vivido durante estos seis días. Desde la Diócesis queremos agradecer a todos los jóvenes su participación y su disposición para vivir esta experiencia, así como a todas las personas que han colaborado para hacer posible el viaje. Y, de manera especial, damos gracias a don Antonio por su visita, cercanía y acompañamiento.        

Adolescentes de la Diócesis de Alcalá de Henares peregrinan a Javier en un fin de semana marcado por la fe y la convivencia

Peregrinación Javier 2026

Un grupo de adolescentes de la Diócesis de Alcalá de Henares ha participado el fin de semana del 20 al 22 de marzo de 2026 en una peregrinación a Javier, en una experiencia que ha combinado oración, formación y convivencia. La expedición partió el viernes 20 de marzo desde la parroquia Virgen de Belén, en Alcalá de Henares, tras recibir la bendición del obispo. Durante el viaje en autobús, los participantes comenzaron a conocerse mejor en un ambiente distendido, con dinámicas y juegos grupales. Además, aprovecharon el trayecto para profundizar en la vida misionera de San Francisco Javier y en la figura de San Ignacio de Loyola, recordando una de sus frases más conocidas: “¿De qué te sirve ganar el mundo si pierdes tu alma?». La jornada concluyó con la llegada al Centro Diocesano de Javier y un momento de oración antes del descanso. El sábado 21 de marzo, los adolescentes iniciaron la jornada con una oración y se pusieron en marcha hacia el monasterio de Leyre en una peregrinación a pie. A pesar de la exigencia del recorrido, especialmente en los tramos de subida, el ambiente de grupo, los cantos y las conversaciones hicieron más llevadero el camino. Antes de llegar al monasterio, los peregrinos realizaron una parada en el mirador de Leyre, donde recibieron una catequesis centrada en la misma reflexión planteada el día anterior. Posteriormente, compartieron sus impresiones en pequeños grupos. “Es impresionante cómo, en medio del esfuerzo, puedes parar, reflexionar y darte cuenta de lo importante”, señala Valeria, joven de la diócesis que participó como monitora. A su llegada al monasterio, el grupo celebró la Eucaristía y tuvo la oportunidad de recibir el sacramento de la reconciliación. Tras la comida, los jóvenes disfrutaron de momentos de ocio y juegos al aire libre, fortaleciendo así los lazos de comunidad. Por la tarde, de regreso al Centro Diocesano, hubo tiempo para el estudio y el cumplimiento de responsabilidades académicas, seguido de una velada nocturna en la que los participantes disfrutaron de un juego tipo “Cluedo” en vivo. La jornada finalizó con una oración conjunta. El domingo 22 de marzo, último día de la peregrinación, los jóvenes se dirigieron al Castillo de Javier, donde visitaron sus instalaciones y celebraron la Misa en la capilla, rezando ante el Cristo de Javier. Posteriormente, reflexionaron sobre la importancia de compartir la fe en su entorno cotidiano. La peregrinación continuó con una parada en Medinaceli, donde los participantes realizaron una yincana por el pueblo para conocer mejor su historia y profundizar en la figura de San Francisco Javier. La actividad concluyó con el rezo del Rosario en un convento de la localidad. Finalmente, el grupo emprendió el regreso a Alcalá de Henares, poniendo fin a un fin de semana que, según los participantes, ha dejado huella. “Ha sido una experiencia muy completa, en la que hemos podido crecer en la fe, hacer comunidad y también disfrutar muchísimo”, afirma Cristina, otra de las jóvenes participantes.