Teodomiro, sacerdote guineano en Torrejón, ante la visita del Papa a su país: «En la cultura de Guinea Ecuatorial no somos nada sin Dios, porque de Él nos llega todo»

Entre los días 21 y 23 de abril de 2026, el Papa León XIV realizará un viaje apostólico a Guinea Ecuatorial. En jornadas anteriores dentro de esta visita pontificia a África, el Santo Padre ha visitado Argelia, Camerún y Angola donde ha podido encontrarse con los católicos de estas naciones. El sacerdote Teodomiro Megogo, vicario parroquial en la iglesia de San Juan Evangelista, en Torrejón de Ardoz, nació en Guinea Ecuatorial y lleva casi 30 años en España. Con él hemos conversado sobre cómo es la Iglesia católica en Guinea Ecuatorial o sobre sus labores como profesor de religión en dos institutos de educación secundaria. Además, nos ha explicado cómo su abuela, los misioneros y las salesianas le transmitieron la fe cuando era niño y ha recordado cómo vivió las anteriores visitas de los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI a España. ¿Quién es el Padre Teo? El Padre Teo es un muchacho que nació en Guinea Ecuatorial ya hace 44 años y que gracias a Dios, con la vocación a la que el Señor me ha llamado, hace casi diez años soy sacerdote. Estuve primero en el seminario de Getafe y luego aquí en el seminario de Alcalá. Fui ordenado diácono en 2014 y en 2016 de sacerdote. He pasado por Villarejo, donde estuve de diácono, y en Santo Tomás de Villanueva el último tramo de diaconado y el comienzo del ministerio. De Santo Tomás me enviaron a San Bartolomé, donde estuve ocho años y ahora estoy en San Juan Evangelista, en Torrejón, felizmente, desde hace un año y medio, más o menos. Y en San Juan está de vicario parroquial. Siempre, lo mejor en esta vida es ser vicario parroquial. Además del ministerio sacerdotal tengo la encomienda también de ser profesor de religión en dos institutos de Alcalá de Henares, en el Atenea y el Alkal’a Nahar. El mundo de la educación de los muchachos es un regalo que el Señor me ha dado y yo disfruto mucho estando entre ellos y con ellos. Es un regalo, pero también es un reto, ¿no? Es un reto absolutamente. Poder estar con los muchachos, ayudarles en su formación, siempre lo tendré metido en la cabeza como un regalo, y en el corazón sobre todo, un regalo que el Señor me ha regalado. Escuchar a los muchachos decirte «profe, el de matemáticas me ha enseñado a sumar y a restar, en cambio tú me has enseñado a afrontar la vida a la luz de lo que nos dices, y a la luz del Evangelio también». El Evangelio nunca ha sido fácil de transmitir y ahora no va a ser distinto. Cuando te encuentras a estos muchachos pasados los años, ellos mismos te dicen el bien que has producido en su vida, sin que tú lo supieras tampoco. Entonces es un regalo, por eso es un regalo. Uno hace bien a la vida de los muchachos, pero no hay que olvidar esa otra dimensión, los alumnos hacen mucho bien a la vida de un profesor. Yo soy sacerdote y el estar con los muchachos me facilita la comunicación a la hora de predicar, a la hora de tratar a los muchachos de la parroquia, a los jóvenes, a los niños, y eso lo he aprendido gracias a estar con mis alumnos. Es un regalo enorme. ¿Usted piensa que todos los sacerdotes deberían, al menos una temporada de su vida, impartir clase en un instituto o en un colegio? No, yo no creo que ahora todos los sacerdotes deban ser profesores. Lo que sí creo es que todos los sacerdotes deberían vivir una experiencia pastoral real, estar con la gente. La vocación es para estar con el Señor y para llevar al Señor a los demás, eso es una experiencia pastoral que implica. Y luego también hay que tener en cuenta los dones que el Señor da a cada uno de los sacerdotes, los carismas que le ha regalado a cada uno, y con esos carismas hay que ir a darlo todo a los demás. Yo disfruto mucho, he tenido la suerte de tener a Manu Aroztegi como profesor en la universidad y ha sido una maravilla. Su manera de transmitir el carisma que el Señor le ha dado, en la universidad, a otros nos lo ha dado en el instituto, a otros les ha dado en otros campos distintos, desde la caridad, desde bastantes ámbitos. No creo que todos tengamos que ir, sino que todos sí tenemos que estar con la gente, ahí donde el Señor nos ha mandado. Antimo, por ejemplo, está en los hospitales, hay otros que están en las cárceles, a todos los lugares tiene que llegar el amor de Dios. Los sacerdotes debemos no encerrarnos en ninguna oficina o en el obispado. Mi ministerio no es para mí, es para los demás, he de salir. Es cierto que tiene que haber gente que en el obispado atienda pero mi carisma es estar con los muchachos. ¿Hace cuántos años salió por primera vez de Guinea Ecuatorial a España? El 12 de enero del año que viene, 30 años, o sea que ya llevo 29 años largos fuera de Guinea. He vivido más tiempo en España que en Guinea, porque de Guinea salí con 15 añitos. Las canas ya empiezan a salir… pero con alegría. ¿Y cómo recuerda aquella vida en Guinea Ecuatorial hace 30 años? Pues una vida bonita, tenía sus dificultades, no teníamos todos los recursos… Mi padre estaba estudiando en España, él mandaba todo lo que podía, nosotros vivíamos con mi abuela. De esa vida, lo más bonito es aprender, aprender viendo cómo alguien da la vida por ti. Ver a mi abuela gastarse y desgastarse por mí y por mis dos hermanos que vivíamos juntos, y dar la vida. En la casa de mi abuela había lugar también para los pobres y por eso yo creo que fue una infancia preciosa, una infancia feliz. No voy a decir que no echara de menos a