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Carta del obispo a todos los diocesanos: «Pueblo de Dios que sale al encuentro»

carta pentecostes 2026

PUEBLO DE DIOS QUE SALE AL ENCUENTRO Carta del Obispo a todos los diocesanos de Alcalá de Henares 19 de mayo de 2026 Queridos diocesanos de Alcalá de Henares: El próximo domingo, Solemnidad de Pentecostés, celebramos el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, una jornada para rezar por los cristianos laicos, que tienen la difícil misión de transformar el mundo, guiados por el Espíritu Santo y a la luz de los criterios del Evangelio. Jesús nos dijo: “vosotros sois la sal de la tierra; vosotros sois la luz del mundo” (cfr. Mt 5,14-16). Si la sal se vuelve sosa, no sirve más que para echarla fuera y que la pise la gente. De igual manera, una lámpara no se enciende para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de la casa. La participación de los cristianos laicos en la vida social no es optativa, sino que es una dimensión esencial de su vocación bautismal. No es una tarea delegada de los pastores de la Iglesia, sino una vocación propia, que los seglares deben ejercer dejándose iluminar por la Doctrina Social de la Iglesia. No es una tarea fácil, ya que, en el mundo de la política, la cultura, la educación o en la economía, predominan las ideologías contrarias al Evangelio, sin embargo, a pesar de estas dificultades, los seglares, movidos por la caridad política, no pueden dimitir de su misión de anunciar a Cristo en estos ambientes, con su palabra y con el ejemplo de su propia vida. Su presencia en la vida pública es un termómetro que mide la salud de su propia fe, y revela hasta qué punto el Evangelio ha logrado transformar sus corazones. Con San Pablo, hoy queremos decirles a todos los cristianos laicos: “No os canséis de hacer el bien, que, si no desmayáis, a su tiempo cosecharéis” (cfr. Ga 6,9). Es esencial que sigamos defendiendo la dignidad de la persona y la vida humana, desde su concepción hasta su término natural; el valor de la familia, como célula fundamental de la sociedad; y los demás grandes principios de la Doctrina Social de la Iglesia, como el bien común, el destino universal de los bienes, la solidaridad, la subsidiariedad o la participación. Este año, la Jornada de la Acción Católica y del Apostolado Seglar tiene como lema: “Pueblo de Dios que sale al encuentro”. Como respuesta al clima de polarización que nos envuelve, los cristianos estamos llamados a promover la “cultura del encuentro”, de la que tanto hablaba el Papa Francisco y continúa hablando el Papa León XIV. La vida social no es posible sin el diálogo, que comienza con una actitud de escucha activa y vulnerable. El proceso sinodal que estamos viviendo en la Iglesia, nos está ayudando mucho a incorporar en nuestras vidas esta “cultura del encuentro”, que quisiéramos ofrecer a todos los hombres de buena voluntad. Debemos salir al encuentro, sobre todo, de los más pobres y necesitados de nuestra sociedad, con los que Cristo ha querido identificarse. Como nos decía el Papa Francisco, debemos aprender a “tocar la carne de Cristo en los pobres”, en todos los pobres: los que tienen hambre de pan y los que tienen hambre de Dios. Pidamos al Espíritu Santo que venga sobre nosotros, como en un nuevo Pentecostés, y que nos renueve como verdaderos discípulos misioneros del Evangelio. Os invito a todos a participar en la Clausura de curso pastoral, que tendrá lugar en el Palacio Arzobispal a las 17:30 horas. Tendremos la oportunidad de escuchar testimonios de cristianos laicos que viven su fe en diferentes movimientos y asociaciones, y a continuación celebraremos juntos la Santa Misa en nuestra Catedral Magistral. Además de dar gracias a Dios por el curso que termina, queremos que este encuentro sea un momento de preparación para la visita pastoral del Papa León XIV a España, en los primero días de junio. En la espera orante del Espíritu Santo, alcemos la mirada y dispongámonos para la venida del Santo Padre, que viene a confirmar nuestra fe, fortalecer nuestra comunión y renovar nuestro envío misionero. Recibid mi saludo y mi bendición. + Antonio Prieto Lucena, obispo complutense

Carta del obispo a todos los diocesanos de Alcalá de Henares: «Celebrar la jornada por la vida con Santa Gianna Beretta»

Jornada por la Vida Carta episcopal

CELEBRAR LA JORNADA POR LA VIDA CON SANTA GIANNA BERETTA Carta del Obispo a todos los diocesanos de Alcalá de Henares 25 de marzo de 2026 Queridos diocesanos de Alcalá de Henares: El día de la Anunciación del Señor celebramos cada año la Jornada por la Vida, que este año lleva por lema: “La vida, un don inviolable”. Toda vida humana tiene una dignidad inviolable, desde su concepción hasta su término natural. La vida humana que comienza es siempre una “buena noticia”, aunque esté enferma y aunque el embarazo no sea deseado. Todo hijo es concebido en el corazón de Dios, antes de ser engendrado por sus padres. Tiene, por lo tanto, una dignidad infinita. Es creado a imagen y semejanza de Dios, con vocación a participar de la filiación divina de Cristo y en un destino eterno en el cielo. Como decía Mons. Luis Argüello en su discurso a la Asamblea Plenaria de noviembre de 2025, la dignidad y la inviolabilidad del no nacido no es solo una cuestión de fe, sino de razón y de honestidad intelectual. La embriología enseña que, desde la fecundación, el embrión es un organismo humano vivo, con un patrimonio genético propio, distinto del de sus padres. El cigoto no es una célula más del cuerpo de la madre, es un nuevo individuo de la especie humana, que sigue un desarrollo embrionario autónomo, coordinado, continuo y gradual. Es una nueva persona, que merece todo respeto ético y la mayor protección jurídica. Se entiende, por lo tanto, que el aborto es inmoral, ya que supone poner fin a la vida de un individuo de nuestra especie. Un individuo del todo inocente, que no puede defenderse, ni quejarse, porque está totalmente confiado al mundo de los adultos. El aborto no puede ser un derecho, y menos un derecho constitucional. No existe el derecho a eliminar una vida humana. Solo plantear la posibilidad de que el aborto sea un derecho constitucional manifiesta un debilitamiento de nuestra democracia, que se muestra incapaz de proteger la vida del no nacido, que es el más vulnerable de los vulnerables, y el más pobre de los pobres. El aborto no es una conquista social, sino un fracaso. Como indicaba D. Luis Argüello en su discurso, se da la paradoja de que, en un mismo hospital y simultáneamente, un grupo de sanitarios luchan por salvar la vida de un bebé prematuro de cinco meses y medio, y, en la sala contigua, otro grupo de sanitarios deliberadamente acaban con la vida de otro bebé con la misma edad, y es completamente legal. Del mismo modo, la legislación puede castigar con una multa de 15.000 euros y hasta dos años de cárcel si se destruye un huevo de águila, pero da todo el derecho a matar a un hijo con síndrome de Down hasta el final del embarazo. La dura realidad del aborto se va escondiendo debajo de la alfombra de nuestra conciencia social. Van dejando de impresionarnos los 73 millones de abortos que se cometen cada año en el mundo, y los más de 100.000 abortos que se cometen en España. Es necesario despertar de esta anestesia de nuestra conciencia. En este sentido, puede ayudarnos el testimonio de Santa Gianna Beretta, una médico italiana casada con Pietro Molla y profundamente católica. Cuando estaba embarazada de dos meses de su cuarta hija, se le diagnosticó un tumor en el útero. Le recomendaron el aborto provocado, pero ella lo rechazó rotundamente. Eligió una cirugía que preservara a su hija, aun con el riesgo mortal para ella misma. El cirujano consiguió extirpar la masa del fibroma uterino sin dañar la cavidad uterina, por lo que el embarazo pudo seguir adelante. Gianna volvió a casa, pero era consciente del peligro que corría su vida: conforme el bebé siguiera creciendo, cada vez era más posible que la sutura cediera y se rompiera el útero. Finalmente, nació la pequeña Gianna Emmanuela, y su madre pudo tenerla entre sus brazos, pero el útero se rompió y provocó una peritonitis muy dolorosa. La agonía de Gianna duró varios días, que vivió profundamente unida a Dios, y dando gracias por tantos bienes cómo había recibido en su vida. Falleció el 28 de abril de 1962. Había dado la vida por su hija. Conmovido por este testimonio, el Papa San Juan Pablo II la beatificó en 1994, y fue canonizada en 2004. En esta Jornada por la vida, pidamos por todas las madres que tienen dificultades para acoger un embarazo, para que encuentren la ayuda necesaria. Ninguna mujer debería verse forzada a recurrir al aborto por desinformación, por miedo, por sentirse sola o por no tener recursos. Cada vez que esto ocurre, fracasamos todos como sociedad. La vida es un don inviolable, defendámosla con todas nuestras fuerzas. Recibid mi saludo y mi bendición. + Antonio Prieto Lucena, Obispo complutense

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